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De Piolín a Piolín ¡orden público!

Logotipo de El Mundo El Mundo 28/09/2017 TEODORO LEÓN GROSS

El 1-O al final se va a resolver en torno a un concepto vulgar, desprovisto de toda épica y por supuesto del menor romanticismo: el orden público. Qué cosas. Ese es el argumento de Trapero y los venerados mossos. Después de toda la retórica inflamada sobre la conquista de libertad, la democracia, el derecho a decidir, el ADN de la identidad nacional, la autodeterminación, la voluntad popular... finalmente el concepto clave del 1-O va a venir dictado por la seguridad policial: ¡el orden público! No cabe nada más ramplón para resolver la aventura secesionista. Al final se va a debatir si es aconsejable abrir o no abrir los colegios electorales no por dignidad sino por seguridad.

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Este juego del ratón y el gato entre la administración central y periférica -para hacer honor a la iconografía de Barcelona estos días, el juego de Tom & Jerry, o de Piolín & Silvestre- es una timba en el tablero de la legalidad para tratar de llegar al 1-O con ventaja. Nada más ridículo. Ahí acaba cualquier atisbo de grandeza del procés. La Fiscalía ha estrechado el cerco al 1-O ordenando que se precinten los colegios para impedir que se establezcan alrededor cordones humanos que sirvan de coartada para abortar la acción policial. Y los mossos se acogen al orden público para cuestionar que eso sea eficaz. Se trata, en fin, de declararse impotentes ante el delito aceptando que los ciudadanos simulen un referéndum por el buen orden. Qué pequeñez.

De hecho esa es la última baza, desvelada por Puigdemont en su entrevista con Jordi Évole al confesar que los mossos acatarían la orden pero desistirían para evitar altercados públicos. Los propios mossos ya han admitido esa estrategia. No sería raro que Puigdemont lo hubiera desvelado por torpeza. En definitiva, en esa entrevista sus torpezas alcanzaron un nivel estratosférico, desde no desautorizar a Forcadell por decir que el PP y Ciutadans no son catalanes a avalar a su portavoz Turull cuando negó la condición de ciudadanos de quienes no voten, deapreciados como súbditos. Es difícil una dialéctica más mezquina. Y ahora el éxito del 1-O depende de los Comités de Defensa del Referéndum -en la CUP sí que están orgullosos de lo que son, para qué simular- promoviendo esos cordones masivos con la disciplina del matonismo.

Se diría que el Gobierno central ha querido ponerse a la altura de las circunstancias enviando a la Policía y la Guardia Civil en una embarcación de dibujos animados con Piolín, el Coyote y el gato Silvestre. Gran desenlace para la broma infinita del procés. Y si al Gobierno le preocupaba que los dibujotes animados desacreditaran a la Policía y la Guardia Civil, a la Warner le preocupaba que la Policía y la Guardia Civil desacreditaran a sus dibujos animados. Todo resulta definitivamente chusco. Pero, en fin, involuntariamente ha tenido un efecto positivo: nadie puede tomar en serio un proceso semirevolucionario de sedición con memes del Coyote y Piolín; nadie va a militarizar un territorio en un barco de Piolín. Esto ya sólo es un duelo de piolines. Urge que pase el 1-O, aunque las urnas sean de ACME, para que empiece la hora adulta del 2-O. Si es que.

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