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Decapitaciones y pirómanos: por qué España odia al lobo a muerte

Logotipo de El Confidencial El Confidencial 31/05/2016 Sergio Ferrer

© Proporcionado por El Confidencial Hace más de 15.000 años el ser humano conoció a su mejor amigo: el lobo fue domesticado para dar lugar a los perros modernos, compañeros inseparables. Los lobos corrieron peor suerte y hoy todavía son temidos y odiados. Las asociaciones ecologistas claman contra lo que consideran una extinción programada; los ganaderos, amparados en las pérdidas económicas, defienden su caza controlada. En el centro del cuadrilátero se encuentran aquellos investigadores que buscan un consenso entre ambas partes. Pero actos tan mediáticos como la decapitación ayer de un ejemplar en Asturias alejan el diálogo y aumentan la crispación.

El presidente de la asociación ecologista Lobo Marley, Luis Miguel Domínguez, define esa muerte como "un cadáver político, un chantaje a toda la sociedad favorecido por la impunidad". El secretario general de la Unión de Pequeños Agricultores y Ganaderos (UPA), Aurelio González, critica una imagen "que no gusta a nadie" pero "entiende" que algunas personas se enfaden ante los ataques continuados que causan daños "muy importantes".

En el medio de estas dos posiciones se encuentran personas como Luis Llaneza, investigador de la empresa Asesores en Recursos Naturales (ARENA) que lleva décadas estudiando a estos animales. "El lobo no es un problema biológico, es un problema social. Es básico aceptar al lobo", asegura. Este biólogo asturiano lamenta que, mientras que desde el punto de vista científico cada vez sabemos más de ellos, el aspecto mediático y social no mejora. La clave para facilitar la convivencia pasa por la educación ambiental.

Porque mientras el lince y el oso luchan contra la extinción, el lobo se ha recuperado en nuestro país. "En los 70 estuvo en peligro, pero poco a poco incrementó sus poblaciones y ahora hay un área de distribución más grande que en los 80 y los 90", aclara Llaneza. En la actualidad quedan unos 2.500 ejemplares en España, una situación estable pero tampoco "boyante". Otros países como Alemania, Suiza, Francia y EEUU ahora cuenta con la presencia de este cánido donde hace un par de décadas no existía.

Los números están de parte de este cánido, pero la sociedad parece incapaz de lidiar con el tema. Llaneza dice estar cansado de insistir en que la única solución pasa por negociar y alcanzar puntos en común, para lo que ambas partes deben ceder. La situación parece empeorar: "Todo el mundo protesta y cada vez nos ponemos más intransigentes y crispados". Mientras el bando ecologista se dedica a minimizar los daños, los ganaderos los maxifican. "Ahí es donde debería entrar la ciencia a poner un poco de orden", comenta el investigador.

El consenso es difícil. Domínguez pide la protección del lobo en toda España y asegura que los sindicatos ganaderos "han secuestrado el campo español". González aboga por respetar los planes de caza y defiende la convivencia como posible, pero considera que algunas zonas son "incompatibles" con la presencia de lobos; también critica a los "pseudoespecialistas" que les piden vivir como sus abuelos, "durmiendo con el ganado". Al menos, ambos coinciden sobre la necesidad de verificar los daños y pagar a los afectados con rapidez.

Todos los entrevistados para este artículo coinciden en que la administración debe hacer los deberes para lograr la paz entre seres humanos y la supervivencia de los lobos. "Hay diecisiete Españas para el lobo", asegura Domínguez. En sitios como Andalucía, donde quedan pocos ejemplares, se encuentra protegido. En Cantabria se permite su caza, mientras que en Castilla y León sólo está prohibida al sur del río Duero. "No es fácil encontrar un marco normativo para el lobo. La protección no garantiza por sí sola la conservación, pero quizá se logre con la aceptación social para el medio urbano y rural", comenta Llaneza.

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Que viene el lobo feroz

Lobo ibérico. (Arturo de Frías Marques. Wikipedia) © Externa Lobo ibérico. (Arturo de Frías Marques. Wikipedia) La decapitación de Asturias no es un caso aislado, aunque por su brutalidad la imagen haya corrido como la pólvoda por redes sociales y medios. En abril aparecían pintadas en Cantabria que amenazaban con quemar los montes. A finales del año pasado, un lobezno salvado de un incendio moría a palos semanas después.

El miedo al lobo no es exclusivo de España: en cualquier sitio y época en la que han convivido con los seres humanos y la ganadería han surgido los problemas. Según Llaneza, en Noruega y Suecia "no gustan nada" y "hacen políticas de control muy duras" contra ellos. En Portugal, donde el animal está protegido, existen altos niveles de furtivismo.

Como señala el biólogo, el lobo no es ni un ángel ni un demonio: es un animal. "Hay mucho ruido alrededor del lobo, es un tema que magnificamos entre todos". Los estudios sobre la percepción de este cánido citados por Llaneza son claros: el perfil de 'amante' del lobo es una mujer de entre 25 y 35 años con estudios superiores que vive en una ciudad lejos de donde habita este animal. El 'hater' lupino, por otra parte, son personas mayores sin estudios universitarios que viven en lugares como los Picos de Europa. Dos Españas que deben ponerse en el lugar de la otra: "El nivel de protección que tenga el lobo será el que quiera la sociedad", añade el investigador.

Cada lobo muerto amenaza el diálogo, pero también existen motivos para el optimismo. Las poblaciones se han recuperado en las últimas décadas y cada vez más actores implicados comprenden la necesidad de enterrar el hacha de guerra. "Algunos sectores ganaderos ya dicen que hay que convivir con el lobo. Esto es un logro enorme. Siempre habrá conflicto, pero estaríamos mejor con unas aguas menos turbulentas", concluye Llaneza.

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