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Del Árbol, o la palabra contra el griterío catalán

Logotipo de El Mundo El Mundo 27/09/2017 P. UNAMUNO

Antes y después del Premio Nadal, que ganó en 2016, Víctor del Árbol es un escritor que no rehúye los temas duros. En sus libros se trata de dolor, malos tratos, racismo, violencia o memoria histórica (en lo que tiene de cuenta pendiente emocional, no política), pero también de posibilidades y destinos abiertos; si se quiere, de redenciones como la que supone atreverse a vivir "de una vez y para siempre".

La alternativa es morir "sin remedio en medio de los días", como formula un personaje de Por encima de la lluvia, la última novela del autor catalán, que edita Destino poco después de conocerse su nombramiento como Caballero de la Orden de las Artes y las Letras por parte del Ministerio de Cultura francés, una distinción que en España comparte sólo con Arturo Pérez Reverte.

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Del Árbol construye en Por encima de la lluvia una especie de road movie cuyos protagonistas entablan su lucha particular contra la resignación de ser lo que les impone su pasado. Para ello sólo disponen de grandes dosis de presente, dado que, debido a su edad y a otras razones, carecen de futuro. El novelista indica que su libro "trata de héroes anónimos, como hay tantos en nuestro país, que no saben que lo son".

No se podía escapar el escritor barcelonés, que antes de abrazar las letras fue mosso d'esquadra durante 20 años, sin comentar el problema catalán en su semana decisiva. Como su ídolo Albert Camus, cree que el papel del intelectual consiste en "poner en evidencia todas las demagogias, tender puentes a través de la palabra en vez de cavar trincheras".

Justamente por medio de la desvirtuación de la palabra, y por dársela en exclusiva a políticos sin altura de miras, se ha llegado en Cataluña a "una fractura social que antes no existía y que se ha generado por motivos políticos desde 2004", afirma el autor de Un millón de gotas.

"Todo este griterío va a pasar y después, de manera inevitable, habrá que sentarse a hablar; será el turno de la honestidad y de la palabra, de reconstruir la convivencia -continúa-. ¿Qué hacemos el día 2, una vez hayan callado los pirómanos? Yo me niego a creer que todos los españoles nos hemos vuelto locos". Del Árbol se siente de un barrio llamado Europa y opina que lo de Cataluña "se cura leyendo a Miguel Hernández y a Machado".

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