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Demasiadas crisis simultáneas

EL PAÍS EL PAÍS 12/06/2014 Enric Company
Pere Navarro, ayer durante el anuncia de su dimisión. © GIANLUCA BATTISTA Pere Navarro, ayer durante el anuncia de su dimisión.

Lo que en Cataluña arruina electoralmente al partido socialista es, en primer lugar, lo mismo que en el resto de España: la pérdida de credibilidad como alternativa de política económica a las fuerzas conservadoras. Su sometimiento a los dictados de los mercados financieros y las políticas económicas neoliberales. Poco importa que este sometimiento fuera totalmente inevitable cuando en 2010 el presidente José Luis Rodríguez Zapatero tuvo que dar el volantazo y comenzar el austericidio. El socialismo europeo no tenía una política económica realmente alternativa entonces y sigue sin tenerla, más allá de las por otra parte nada despreciables diferencias de sensibilidad social con las derechas a la hora de aplicar las recetas dictadas por la Troika.

Esto es lo que está en la base de la crisis del socialismo. A los perjudicados por la política económica que se aplica desde la etapa de Zapatero les importan poco las consideraciones de realpolitik. Esto es lo que provocó el hundimiento electoral del 25 de mayo en las elecciones europeas en toda España. Sin embargo, este factor no habría provocado por sí solo la crisis de dirección en el PSC. En Cataluña, los socialistas son víctimas además de la frustración de la apuesta de renovación del pacto estatutario lanzada en 2003 por Pasqual Maragall desde el Gobierno de la Generalitat.

El fracaso de aquella apuesta dejó sin credibilidad al PSC como el partido que garantizaba la viabilidad de la doble identidad nacional catalana y española. El partido que la expresaba en sí mismo, por su composición y la de su electorado. El partido de la mezcla, del mestizaje. La unión en la libertad, que decía Maragall. Sucedió que con el debate estatutario, el PSC perdió miles de votos por el flanco de quienes consideraron que se había tornado nacionalista.

El fracaso de aquella apuesta dejó sin credibilidad al PSC como el partido que garantizaba la viabilidad de la doble identidad nacional catalana y española

Cuando, después de la sentencia del Tribunal Constitucional de 2010, CiU y ERC elevaron la apuesta y el debate sobre la autodeterminación y la independencia monopolizó el escenario político, el PSC perdió votos y afiliados por el otro flanco, el de los que le consideraban entregado al PSOE, la cara amable del nacionalismo españolismo encarnado por el bipartidismo constitucional. Tenían razón los dirigentes socialistas que temían lo peor si a sus afiliados y electores se les obligaba a escoger entre Cataluña y España, porque eso significaba la derrota de quienes, como el propio PSC, predicaban la compatibilidad entre ambas pertenencias.

Navarro ha sido víctima de estas tensiones, que todavía no han terminado. De hecho, están a punto de provocar una escisión en el partido. Pero las crisis del PSC no son solo estas. A ellas se suman el vértigo que vive desde las últimas elecciones municipales, cuando perdió de golpe gran parte de su poder local, incluido el Ayuntamiento de Barcelona, que había sido su mascarón de proa en Cataluña. El auge de Esquerra, la irrupción de Podemos y el alza de Iniciativa-EUiA en las elecciones europeas del 25 de mayo colocan a los socialista ante la expectativa de ser tercera o cuarta fuerza política, y el riesgo de caer en la irrelevancia a corto plazo.

El balance es abrumador, apabullante. El PSC es hoy una fuerza que afronta pérdidas de credibilidad a raudales como socialista ante el conjunto de la sociedad, como españolista a los ojos de unos, como catalanista a los ojos de otros, y como la que fue una de sus mejores bazas, eficaz gestor municipalista. Demasiadas crisis simultáneas. De pronto, parece como si el partido que en 1977 apareció como la más joven fuerza política se hubiera hecho irremediablemente viejo.

Han sido demasiados frentes abiertos a la vez para un Pere Navarro cuyo reto inicial era, precisamente, el de detener el declive y evitar la división interna por el debate sobre la cuestión nacional. Los manifiestos lanzados en los últimos meses por los sectores catalanistas están firmados por demasiados dirigentes y cargos electos con excelentes hojas de servicio como para que la dirección, cualquier dirección, pueda ignorarlos. Pero son manifiestos que piden una respuesta catalana a la crisis constitucional del autogobierno. Creen que la propiciada por Navarro es una respuesta fabricada excesivamente a conveniencia del PSOE en sus confrontaciones con el PP en Madrid y Andalucía. Para el PSC, perder estos activos sería arruinar el modelo fundacional, es decir, la idea del socialismo catalán como aglutinador de sensibilidades nacionales distintas en un solo proyecto. La crisis se ha desatado cuando Navarro ha constatado que sus esfuerzos para buscar complicidades federalistas en el PSOE no bastaban para suturar esta fractura.

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