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Depardieu y DSK, dos malditos en uno

EL PAÍS EL PAÍS 24/05/2014 Lola Galán

La inmensa mole desnuda de Gérard Depardieu se abalanza sobre la camarera negra que acaba de irrumpir, para limpiarla, en su suite del hotel neoyorquino. La secuencia es breve, pero contundente. Y aunque el actor interpreta a un tal Devereaux, a nadie se le escapa que estamos ante una recreación, obligadamente fantasiosa, de lo que pudo ocurrir el 14 de mayo de 2011, en la suite 2806 del hotel Sofitel de Manhattan, entre Dominique Strauss-Kahn, entonces director general del Fondo Monetario Internacional (FMI) y virtual candidato socialista a la presidencia de Francia, entonces de 62 años, y la limpiadora guineana Nafissatou Diallo, 30 años más joven.

No es la escena más degradante para el expolítico francés de la película Welcome to New York, dirigida por Abel Ferrara (Elrey de Nueva York, 1990) y dedicada enteramente a este episodio, que se estrenó la pasada semana en el Festival de Cannes, fuera de concurso, tras un largo tira y afloja con la organización del certamen. Un filme que comenzó a gestarse nada más conocerse la detención del exdirector del FMI hace tres años, y que propina una patada en toda regla a las élites francesas en el trasero de Strauss-Kahn, un libertino crecido en el seno de un establishment siempre condescendiente con sus excesos. Se comprende que el proceso de elaboración haya sido difícil, como confesó Vincent Maraval, directivo de la productora Wild Bunch, que lo ha hecho posible. Isabel Adjani, la actriz principal, abandonó el proyecto en desacuerdo con el guion. Y las grandes cadenas de televisión de Francia se negaron a invertir un euro en él.

Welcome to New York reabre además un episodio que Francia vivió casi como una humillación colectiva. Que dividió a la opinión pública y descabezó al Partido Socialista Francés en vísperas de la batalla electoral por la presidencia de la República en 2012. Un episodio sobre el que planeó desde el primer momento el fantasma de un complot que no ha llegado a probarse.

El largometraje hurga de nuevo en esas heridas de forma inmisericorde, no solo porque reconstruye el caso Diallo, presentando al expatrón del FMI como un depredador sexual, sin otro interés que sus orgías, sino porque refleja pormenorizadamente la humillación sufrida por DSK a manos de la policía y la justicia neoyorquina, que le obligaron primero a desfilar ante la prensa escoltado por los guardias y esposado (el llamado perpwalk) como un vulgar criminal, y le rechazaron la condicional en primera instancia, ingresándole en prisión.

No deja de ser curioso que sea Gérard Depardieu, otro personaje caído en desgracia, otro maldito para la opinión pública francesa, el que interprete el papel del expolítico. Depardieu, máxima gloria del cine francés que cayó a los infiernos cuando, indignado por los elevados impuestos que la Administración de Françoise Hollande impuso a los superricos, se instaló en Néchin (Bélgica). La polémica que suscitó su decisión de traslado enfadó al actor, que devolvió su pasaporte francés y fijó su residencia en Rusia, donde un entusiasmado Vladímir Putin le concedió la nacionalidad en enero de 2013.

Hay alguna similitud más en la biografía de los dos hombres. Ambos han cumplido los 65 años de edad, tienen varios matrimonios a las espaldas y una biografía de triunfadores que en el caso de Depardieu ha sufrido un ligero revés, mientras que en el de DSK se ha truncado abruptamente dada la gravedad incomparablemente mayor de su caso.

También se aprecian dotes de fabulador en Dominique Strauss-Kahn. Nacido en Neuilly-sur-Seine (París), de padres ilustrados y cosmopolitas de origen judío, comenzó siendo un funcionario y brillante profesor de Economía que saltó a la política con enorme éxito. Diputado socialista en la Asamblea, su tercera boda con la famosísima y millonaria periodista Anne Sinclair, en 1991, le elevó al cielo mediático. Ministro de Economía y Finanzas con Lionel Jospin, sucedió al español Rodrigo Rato en noviembre de 2007 al frente del Fondo Monetario Internacional, una institución prestigiosa y excelente trampolín para el salto definitivo que esperaba dar en su carrera, la candidatura a la presidencia de la República francesa en las elecciones de 2012.

DSK, como se le denomina normalmente, tenía, sin embargo, un punto débil. Una tumultuosa adicción al sexo. En los despachos importantes de Francia todos lo sabían. Desde el año 2006, la cúpula policial, a las órdenes de Nicolas Sarkozy, exministro del Interior y presidente entonces de Francia, guardaba evidencias de los paseos de Strauss-Kahn por las zonas de prostitución callejera. Instalado ya en Washington al frente del FMI, venía recibiendo desde 2009 la visita de amigos que organizaban orgías con chicas de alterne en diversos hoteles de la capital estadounidense, de Nueva York, París o Madrid. La víspera del caso Diallo celebró una de esas fiestas, recogida en la película de Ferrara, cuyos primeros 20 minutos encajarían bien en un filme porno, con un Depardieu-Strauss-Kahn practicando sexo con diferentes prostitutas suministradas por amigos de farra que estaban siendo investigados ya por la policía francesa como integrantes de una red de proxenetas con base en Lille. Un caso en el que terminaría implicado también DSK.

Jean Veil, abogado de Strauss-Kahn, ha anunciado una querella por calumnias contra una película que, dijo, “es pura mierda”. Es la última de la larga serie de recursos judiciales que se ha visto obligado a interponer DSK contra editores, autores y articulistas que se han atrevido a entrar a saco en los detalles de su caída. El expatrón del FMI conserva todavía amigos influyentes y ha conseguido, poco a poco, enderezar su vida. Tiene nueva compañera, y nueva actividad como conferenciante en Ucrania y asesor económico de Serbia.

Una recuperación modesta para el hombre que fue. Todo un personaje. Lo vemos en el filme de Ferrara, desbordante de seguridad en sí mismo, ocupadísimo, toda una estrella del firmamento político internacional. Un hombre que viaja en primera clase, se aloja en hoteles de lujo, (en el Sofitel del escándalo ocupaba una suite de 3.000 dólares la noche por el precio de una habitación común, cortesía de la casa) y es una autoridad en cuestiones de economía mundial.

DSK, sentado en el banquillo por abusar de una empleada de un hotel de Nueva York. A la derecha, imagen de Depardieu en la película. © REUTERS DSK, sentado en el banquillo por abusar de una empleada de un hotel de Nueva York. A la derecha, imagen de Depardieu en la película.

Incluso tras la caída, ya fuera de la cárcel, DSK vive el arresto domiciliario en un lujoso apartamento de 60.000 dólares al mes alquilado por Sinclair. El calvario judicial durará poco. En agosto de 2011, la Fiscalía de Nueva York sobresee el caso. La acusación pública está convencida de que Nafissatou Diallo no podrá mantener su relato ante un gran jurado. Equipos de investigadores y detectives privados han hurgado en la vida de la camarera del Sofitel y han descubierto que mintió para obtener el permiso de residencia en Estados Unidos y para mantener su piso de protección oficial en el Bronx. De repente, su versión de los hechos se agrieta con inexactitudes y hasta se filtra una conversación telefónica con un conocido encarcelado en la que Diallo dice en su idioma peul: “Sé lo que me hago, el tipo es riquísimo”.

Disuelto el caso penal, Diallo recurrió a un tribunal civil para reclamar una indemnización por el daño moral sufrido. Obtuvo una suma millonaria.

Dominique Strauss-Kahn encajó el golpe sin perder compostura, convencido de que detrás de su desgracia estaba la mano de su gran adversario político, Nicolas Sarkozy. Y así se lo confesó al periodista estadounidense Edward Epstein, uno de sus pocos apoyos, en una entrevista realizada en París a finales de 2011 y publicada en The Guardian. DSK admitía que no había mano negra alguna en su encuentro con Diallo, ni en lo que ocurrió después en la suite del Sofitel. Pero estaba convencido de que colaboradores de Sarkozy habían suministrado datos de sus antecedentes a la Fiscalía neoyorquina, lo que se tradujo en la negativa a otorgarle la libertad condicional inmediata. De ahí el ominoso paseíllo ante los medios esposado como un criminal. Una foto que le costó la dirección del FMI (dimitió a los cuatro días del arresto), su matrimonio y su futuro político.

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