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Destino: la leyenda

EL PAÍS EL PAÍS 10/06/2014 El País

Se dice que el tenis es un deporte mental; mental por el dolor que hay que vencer, por la convicción de que siempre es posible darle la vuelta a un resultado adverso; pero no porque, como en el ajedrez, el cálculo intelectual vaya a procurar por sí solo la victoria. Y Nadal en Roland Garros, París, se calzó el domingo su noveno título, cinco de ellos consecutivos, por esas poderosas razones.

¿Quieren récords? Nueve victorias en el Open de Francia, superando todo lo superable, porque el siguiente en éxitos es el sueco Bjorn Borg, solo con seis; iguala al norteamericano Pete Sampras en el segundo lugar en número de torneos de Grand Slam atesorados, 14, a solo tres de los 17 del suizo Roger Federer; forma parte del selecto club de siete tenistas que han ganado todos los trofeos del Grand Slam (Roland Garros, US Open, Australia y Wimbledon) y de los que, además del mallorquín, solo está en activo el tenista helvético. Y, como guinda, Rafael Nadal está perfectamente habilitado para hacerse con el récord de récords, ir más allá de los 17 torneos de Grand Slam de Roger Federer.

La aritmética es sencilla. El grandioso jugador suizo, con el palmarés más brillante que el deporte de raqueta y red ha conocido, está a menos de dos meses de cumplir 33 años, es cuatro veces padre y por ello capaz de retirarse, como recientemente hizo, de un torneo, porque se avecinaba el último alumbramiento. Mantiene la clase, la elegancia, la economía de medios para lograr un fin, pero es posible que comience a faltarle esa potencia y decisión mentales del todo o nada. No estaría restándole méritos quien sostuviera que ese guarismo, 17, ya no progrese más.

Rafael Nadal, en cambio, tiene 28 años recién cumplidos, y no sería exagerado suponer que puede jugar por lo menos dos años más a pleno rendimiento, incluso alguno más. Y en esos dos años que tiene por delante se jugarán ocho torneos de Grand Slam, más los dos que restan en 2014 (Wimbledon y el US Open); en total, 10 oportunidades que, salvo por lesión, Nadal no querrá perderse. Para empatar a Federer le bastaría con ganar en tres ocasiones; más allá de esa cifra, se encuentra la leyenda.

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