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Diario de un rey jubilado: el paso de don Juan Carlos a un segundo plano

La Vanguardia La Vanguardia 02/06/2016 Mariángel Alcázar
Su relación con doña Sofía se mueve en la corrección pero no hacen planes juntos en lo privado (Mariscal / EFE) © La Vanguardia Su relación con doña Sofía se mueve en la corrección pero no hacen planes juntos en lo privado (Mariscal / EFE)

El rey Juan Carlos no sabe estar sin hacer nada. Hace sólo unos días comentaba a un grupo de amigos que, como las bicicletas, o sigues rodando o te caes. De caídas, el rey emérito (un calificativo que no le gusta nada, por cierto) sabe mucho pero casi sabe más de cómo levantarse. Sus últimos meses en el trono fueron duros y le ha costado casi dos años quitarse de dentro un regusto amargo que le llevaba a evitar las apariciones públicas y más las que comportaban el contacto ciudadano. Don Juan Carlos anunció su renuncia el lunes 2 de junio del 2014 y, además, se propuso dos cosas: que no le echaran de menos, ni le echaran de más. Si en su primer año como abdicado optó por alejarse prudentemente de España (con viajes puntuales a diversas partes del mundo, atendiendo a invitaciones de algunos viejos amigos que no había podido responder en sus años de ejercicio), en los últimos meses su presencia en diferentes escenarios españoles se ha multiplicado, casi siempre en actividades privadas. Le gusta verse de nuevo con la gente, sentir el cariño de los ciudadanos pero no lo fomenta, en el fondo sabe que un día les falló.

Su agenda oficial es mínima; todos son conscientes de que el margen en el que puede moverse es limitado y reservado a los ámbitos de la pura representación y además, como él suele recordar, está jubilado. Cumple con algunos compromisos de colectivos siempre leales a la Corona y sobre todo, representa a su hijo en actos protocolarios en Latinoamérica. El próximo 26 de junio viajará a Panamá para asistir a los actos de ampliación del canal, en representación de don Felipe que debe permanece en España debido a la celebración de las elecciones. En los últimos dos años ha estado en las tomas de posesión de los actuales presidentes de Guatemala, Argentina, Uruguay y Colombia, una misión en la que, curiosamente, ha sustituido a su hijo. Fue idea de don Juan Carlos reescribir las relaciones de España con Latinoamérica: impulsó la creación de las cumbres y encargó a don Felipe la tarea de asistir a todos los relevos presidenciales. Ahora que su hijo es jefe de Estado, don Juan Carlos sigue creyendo que hay que seguir alimentando esa relación.

Y poco más. Don Juan Carlos ha cumplido 78 años y, una vez aceptado el hecho irreversible de que siempre tendrá que ayudarse con un bastón, en ocasiones aún se enrabia por no haber puesto freno a sus problemas de movilidad cuando tuvo los primeros síntomas. Existe un paralelismo entre el deterioro físico que sufrió en los últimos años de su reinado, encadenando una operación con otra, y el deterioro que sufrió la Corona, sobre todo a raíz del caso Nóos, las consecuencias del inoportuno viaje a Botsuana y la aparición en escena de Corina zu Sayn Wittgenstein, autodenominada “amiga entrañable” de don Juan Carlos. El anterior rey habla poco de los meses que antecedieron a su renuncia pero sí deja caer, en ocasiones, que lo peor fue perder su fortaleza física, como si sus entradas y salidas de los hospitales, su torpeza al andar y al hablar e incluso sus caídas fueran la metáfora de lo que pasó.

Después de 37 años en el trono, tras su abdicación don Juan Carlos no tenía papel más allá que el de padre al que el hijo consulta. La experiencia es un grado pero todos han sido conscientes de que el camino que iniciaba el nuevo Rey bajo el lema de “Una monarquía a renovada para un tiempo nuevo”, excluía la presencia del anterior monarca. La vida de don Juan Carlos, incluso antes de ser rey, giraba en torno a sus obligaciones oficiales. Ahora que no las tiene o que, al menos, no le condicionan, busca cada día algo que hacer y le gusta, sobre todo salir de casa.

Su relación con doña Sofía se mueve en la corrección pero no hacen planes juntos en lo privado y a penas han coincidido en tres o cuatro actos oficiales en los últimos dos años, el último, el pasado lunes, una comida en honor de la princesa Beatriz de Holanda; viven en diferentes alas del palacio de la Zarzuela y sólo se reúnen cuando está de visita la infanta Elena con o sin sus hijos, Felipe y Victoria. El mayor, que el próximo mes de julio cumplirá 18 años, está estudiando en Estados Unidos y la reina Sofía lo ha ido a ver varias veces y la pequeña es el ojito derecho de su abuelo.

Doña Sofía se preocupa de la infanta Cristina y de sus cuatro nietos Urdangarin, de los que también se ocupa don Juan Carlos con el pago del colegio de los niños. Los Reyes, con sus hijas Leonor y Sofía, hacen una vida paralela a la de don Juan Carlos y doña Sofía, juntos o por separado. Algunas tardes, si la princesa de Asturias, tras volver del colegio, va a buscar a su padre al despacho, luego van juntos a ver a la reina Sofía y también, si está en casa, a don Juan Carlos. Don Felipe alienta, en privado esa relación entre su padre y su hija pero, hasta la fecha, el anterior rey y la futura reina sólo han aparecido en público el día de la proclamación del Rey y en la primera comunión de la niña.

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