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Diez años después del estallido (V)... Portugal crece, pero a merced del consumo exterior y el turismo

Logotipo de El Mundo El Mundo 04/10/2017 AITOR HERNÁNDEZ-MORALES

Los últimos 10 años no han sido fáciles para Portugal. El colapso económico del país y la austeridad han marcado a los ciudadanos del país vecino de manera significativa.

Aunque empieza a levantar cabeza, João Duque, profesor catedrático de Economía y presidente del Instituto Superior de Economía y Gestión (ISEG) de Lisboa, afirma: "Estamos mejor que hace 10 años, pero no estamos tan bien como deberíamos estar". El economista señala que el PIB actual de Portugal es de 185.180 millones de euros, superior al de 2007, que se situaba en los 166.248 millones, pero muy por debajo de los 210.000 millones que debería haber alcanzado con un crecimiento anual del 2%.

"El patinazo que nos dimos es evidente. La consecuencia es que el portugués medio vive mejor que hace cinco años, cuando estábamos en lo peor de la crisis, pero no vive tan bien como hace una década. Hemos recuperado alguna parte de nuestros sueldos y hay más poder adquisitivo, pero de una manera que sólo resulta aceptable dentro del contexto de un país que se ha acostumbrado a vivir con menos".

Según Duque, cuando comenzó la crisis, Portugal era un país con un modelo económico débil, en el que las personas y empresas estaban endeudadas. La situación empeoró cuando el gobierno del socialista José Sócrates (2005-2011) intentó reactivar la economía con obras y financiación pública.

"Es verdad que en Bruselas se sugirió que la economía se podría salvaguardar de esta manera, pero al Gobierno se le olvidó que las autoridades europeas sólo recomendaban esa estrategia para los países que se lo podían permitir; el nuestro claramente no. Fue como intentar apagar un incendio con gasolina: el déficit brutal que nos llevó al colapso y a una crisis mucho mayor".

Recortes

Cuando el país se quedó sin financiación en 2011, el Ejecutivo pidió la intervención de la Troika. A cambio del rescate, se aplicaron duras medidas: se recortaron los sueldos de los funcionarios públicos y las pensiones y las empresas públicas privatizadas y los presupuestos públicos cayeron en picado. Los ciudadanos lusos tuvieron que sobrevivir con menos dinero y más impuestos. Esto, unido a la falta de oportunidades laborales, llevó a la inmigración de cientos de miles de jóvenes.

Pese a la dureza de las condiciones, durante el rescate, la Troika consiguió que la economía lusa pasase a ser más abierta y más de mercado, en línea con el modelo europeo. Simultáneamente, el gobierno del conservador Pedro Passos Coelho (2011-2015) puso total énfasis en la reducción del déficit, algo que contribuyó a la reducción de la prima de riesgo y generó confianza entre los inversores extranjeros.

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"Lo pasamos muy mal, pero el sufrimiento de esos años tuvo su resultado", señala Duque. "La economía creció tímidamente, apoyada sobre dos bases fundamentales: la recuperación de la economía europea y la salida de empresas portuguesas del país, especialmente a Angola".

Bajo el mandato del primer ministro socialista António Costa, que asumió el cargo a finales de 2015, la política económica lusa no se ha modificado de manera dramática. El Gobierno Costa ha mantenido el énfasis en la reducción del déficit, algo que ha logrado de manera ejemplar al renunciar a la inversión pública. Entretanto, la economía ha seguido creciendo, y va camino a cerrar 2017 con un crecimiento en torno al 2,5% gracias a las exportaciones y el inesperado boom del turismo.

Aunque los economistas celebran el bienestar relativo, muchos -entre ellos Duque- señalan que el llamado milagro portugués no existe. "Cualquiera que vaya a un hospital ve que el servicio público no es lo que era y todos seguimos pagando impuestos que no existían antes de la crisis".

Según Duque, Portugal sigue sin tener un modelo económico claro, que permita producción y consumo interno sostenible. Al depender de las exportaciones -de las cuales el 70% tienen Europa como destino final-, el país vecino depende del bienestar económico de terceros. "Cualquier inestabilidad fuera de nuestras fronteras nos arruinará. Lo mismo es aplicable al turismo. Es un error basar tu economía en este sector. Hay menos paro, pero el trabajo es de mala calidad y mal renumerado. E, igual que las exportaciones, el turismo depende del bienestar del resto de países".

Ante ello, Duque aboga por una política económica que contribuya al establecimiento de compañías extranjeras. "Tenemos que aprovechar este momento de estabilidad relativa para hacer los cambios estructurales que faciliten el dinamismo empresarial. Tenemos la suerte de vivir en un país precioso, de moda y que se adapta fácilmente a los grandes cambios. Es el momento de crear las condiciones para que la gente joven y altamente cualificada no sólo venga aquí de vacaciones, sino que también tenga el incentivo profesional para quedarse y dar estabilidad a nuestra economía a largo plazo".

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