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Dios salve a Jonny Wilkinson

El Mundo El Mundo 01/06/2014 JOAQUÍN M. MARCHENA

París. Miles de franceses entonan al unísono el God save the queen, el himno británico. Sólo un acontecimiento extraordinario podría desencadenar este sorprendente fenómeno, máxime conociendo las perennes disputas entre unos y otros vecinos del Canal de la Mancha. El motivo de este espontáneo e insólito homenaje galo es un caballero inglés; un jugador de rugby que paladea sus últimos minutos como profesional: Jonathan Peter Wilkinson.

Con 35 años recién cumplidos y convertido en leyenda viva del rugby mundial, el célebre Jonny Wilkinson bregó este fin de semana en su última batalla, la final del Top14 francés, la que es probablemente la mejor liga del mundo. Como no, salió victorioso. Su club, el Toulon, se impuso por 18 a 10 al Castres, firmando el apertura inglés 15 de los 18 puntos de su equipo. Una nueva exhibición que se suma a la del pasado 24 de mayo, cuando conquistó la Copa de Europa ante los Saracens ingleses con un partido inmaculado, sin fallos.

La imagen más recordada de Wilkinson, además de su particular ritual antes de patear, es el drop en la prórroga contra Australia en el Mundial de 2003. Un gesto técnico muy complejo que ejecutó con su pierna mala y que permitiría a Inglaterra proclamarse campeona del mundo por primera vez en su historia. Lo celebró bajando rápidamente a su campo para recuperar el sitio y el orden táctico. Cuestión de valores.

Aquel joven de cabello dorado y rostro de maniquí ascendió al Olimpo del rugby merced a su impresionante hoja de servicios en ese Mundial. No obstante, el Golden Boy aún tendría que pasar la que seguramente fue la peor etapa de su vida personal y profesional. Entre 2003 y 2007, una maldición pareció pesar sobre él. Prácticamente no hubo espacio en su poderosa anatomía que no sufriera lesión o dolencia. Sus hombros, la rodilla, el riñón, las costillas, una hernia y hasta una apendicitis impidieron al entonces mejor jugador del mundo predicar su talento con el oval. 1169 días y 13 lesiones después, Jonny Wilkinson volvía a una convocatoria del Seis Naciones, el torneo más prestigioso del planeta.

La resurrección

Inglaterra no había levantado deportivamente la cabeza tras el Mundial. A pesar de ello, el retorno del hijo pródigo fue recibido con entusiasmo y escepticismo a partes iguales. La siempre sarcástica prensa británica había denominado a Wilkinson como El hombre más roto de Inglaterra, y eran muchas las voces que sostenían que el otrora héroe inglés se había convertido en una sombra de sí mismo tras aquel calvario de casi tres años.

El 3 de febrero de 2007, Jonny Wilkinson vistió de nuevo la zamarra inglesa para anotar 27 puntos, con ensayo incluido, y ser elegido Man of the match, en la victoria del XV de la Rosa sobre la orgullosa Escocia. Los ateos se volvieron creyentes en un santiamén. La fe había vuelto a una deprimida Inglaterra que recuperaba a su mejor profeta para la Copa del Mundo que se celebraría en Francia aquel año.

Empeñado en agigantar su aura de misterio, Wilkinson se perdió por lesión los primeros partidos del Mundial 2007, en la fase de grupos. Sus compañeros ganaron perezosamente a Estados Unidos -una selección de potencial muy inferior al inglés- y perdieron con estrépito y deshonor ante la mastodóntica Sudáfrica por 36-0.

El Golden Boy reapareció al tercer día, lapsus, al tercer partido, para rescatar a sus desanimados camaradas. Con el líder de cabellera dorada al mando, la envejecida Inglaterra cambió sus colmillos romos por unos aguzados y venenosos. Dio una paliza a la dura Samoa y a Tonga, venció a la bicampeona del mundo Australia, doblegó a la anfitriona Francia y sólo cayó en la final, con honor, ante la campeona Sudáfrica. El efecto Wilkinson ya era leyenda.

Como una macabra cadencia, cuanto más alto llegaba el rugbier inglés, más duro golpeaba la realidad. Las lesiones se cebaban sin piedad con el apertura. En esta ocasión, un grave problema en el hombro le obligó a pasar por el quirófano y posteriormente se destrozó la rodilla. Una vez más, después de un mundial, Jonny caía en el olvido.

La aventura francesa

En mayo de 2009, el Rugby Club Toulonnais anunciaba la contratación de Jonny Wilkinson. Éste, con 30 años en aquel momento, abandona su club de toda la vida -los Newcastle Falcons- para embarcarse en un proyecto ambicioso en lo económico y en lo deportivo que pretende resurgir a un club venido a menos.

Jonny, gracias a su talento y a su obsesiva ética de trabajo, se erige en líder del Toulon y, bien acompañado por jugadores de primer nivel mundial, acerca al club a las cotas deportivas más altas de su historia. Wilkinson por fin tiene lo que tanto deseaba: un equipo donde poder ganar y sobre todo regularidad en su juego. Su aventura en Francia no podía ir mejor.

Ello contrastaba con lo acontecido en la selección inglesa, inmersa en una serie de malos resultados y escándalos extra deportivos -como la filtración de que el jugador Mike Tindall, miembro consorte de la Familia Real británica, estuvo implicado en líos de faldas- que desemboca con Wilkinson renunciando a la casaca inglesa tras la eliminación en cuartos de final de aquella Copa del Mundo de 2011.

Pese a lo doloroso de la decisión, esto le permitió centrarse en su club y cuidar su físico. Desde 2009 hasta su reciente retirada, cumplió un ciclo glorioso en su club francés que incluye haber sido dos veces campeón de Europa, una vez campeón de Francia y ostentar varios subcampeonatos europeos y nacionales.

Jonny Wilkinson, nombrado por la Reina Oficial de la Orden del Imperio Británico por sus servicios a la Corona, anunció con respecto a su retirada: "Siento que aún tengo muchas cosas positivas que dar, pero creo que será mejor hacerlo desde fuera que dentro del campo", y añadió que le resultaba "imposible plasmar en palabras sus sentimientos tras tantos años de rugby".

Entre los innumerables ecos que ha suscitado su jubilación, que incluso ha desplazado en protagonismo a la de otro ilustrísimo como el irlandés Brian O'Driscoll, destacan el homenaje de otros dos colosos del rugby mundial como Richie McCaw y Dan Carter de los All Blacks, o las declaraciones de su compañero en el Toulon y estrella del rugby francés Mathieu Bastareaud: "Me siento feliz porque podré contarle a mis nietos que jugué con el gran Jonny Wilkinson".

God save the King.

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