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Disparos de soldados contra una protesta kurda dejan dos muertos

Logotipo de El Mundo El Mundo 08/06/2014 LLUIS MIQUEL HURTADO

Ramazan Baran, de 24 años, y Abdulbaki Akdemir, de 50, sucumbieron el sábado por la noche a heridas de bala después de que militares del ejército de Turquía abriesen fuego en el curso de unos disturbios en Lice, al sureste de Turquía. Allí, cientos de vecinos y un número indeterminado de militantes próximos a la guerrilla kurda PKK (Partido de los Trabajadores del Kurdistán) llevan concentrándose, desde hace dos semanas, para detener la construcción de un nuevo cuartel de la Gendarmería.

Según testigos de la protesta, recogidos por el periódico Radikal, los manifestantes lanzaron piedras, cócteles molotov y fuegos artificiales contra las fuerzas de seguridad apostadas, las cuales respondieron disparando balas reales sobre la multitud. De acuerdo a lo alegado por las Fuerzas Armadas de Turquía, en un comunicado, algunos de los disidentes también habían pulsado el gatillo contra los soldados.

Los enfrentamientos dejaron, además, tres heridos, dos de ellos militares, que siguen en el hospital. Según declaró a última hora de la noche Nursel Aydogan, diputado por Diyarbakir del pro kurdo Partido de los Pueblos Democráticos (HDP), los disparos de los militares mataron a tres personas más. No existen datos que lo confirmen.

En ese mismo lugar, hace casi un año, un soldado abatió al joven Medeni Yildirim mientras se manifestaba contra el emplazamiento de otro puesto de gendarmes. Su asesinato se sumó entonces a los que estaban dejando, en otras partes del país, las protestas antigubernamentales por el parque de Gezi. Toda Turquía lloró, en un giro inédito, a un miembro de la tradicionalmente denostada minoría kurda.

El suceso también recuerda al asesinato de Ugur Kurt, el 22 de mayo pasado, cuando policías abrieron fuego frente a una protesta de cócteles molotov y petardos en el barrio estambulita de Okmeydani. El hecho de que Kurt estuviese asistiendo a un funeral, y no fuese manifestante, alentó la ira de los vecinos.

Tras el doble asesinato de este fin de semana en Lice, los disturbios volvieron a tomar las calles de esta barriada obrera, donde la mayoría profesa la fe aleví, tratada despectivamente por el gobierno del musulmán suní Recep Tayyip Erdogan, y en la que muchos militan en organizaciones de ultra izquierda. Según la prensa local, militantes quemaron un autobús municipal. Los disturbios se extendieron también a Gazi y Bagcilar, barrios kurdos de Estambul, y localidades del sureste como Diyarbakir, Cizre y Sirnak.

Desde que las autoridades anunciaron hace año y medio las negociaciones de paz con Abdullah Öcalan, líder en prisión del PKK, las críticas por el frenesí de construcción de nuevos cuarteles en la región kurda de Turquía han sido constantes. Los kurdos ven en esta estrategia un aprovechamiento de la ausencia de combates para blindar la presencia militar en la región kurda del país.

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Las protestas para evitar su implantación han contado con la participación masiva de ciudadanos de todas las edades y el soporte del HDP y del Movimiento Juvenil de Patriotas Revolucionarios (YDG-H), una organización de acción urbana afín al PKK.

Esta política de defensa ha sido incluida en la lista de motivos del PKK para retomar las armas después del alto al fuego anunciado en marzo de 2013. El sábado por la tarde, de acuerdo a medios locales, milicianos dispararon contra un puesto militar en Ovacik, provincia de Tunceli, sin que se produjesen heridos.

En Lice, casualmente cuna del PKK a finales de los 70, los refuerzos militares han causado también el rechazo masivo de la población. En las últimas dos semanas, como forma de protesta, los ciudadanos habían bloqueado la carretera que enlaza Diyarbakir, principal ciudad del sureste turco, con Bingöl. Eso motivó la intervención de los militares para reabrir la vía, saldada con al menos cinco de ellos heridos en los últimos días, y cuya consecuencia final ha sido el doble crimen del sábado noche.

Todo esto pasa en la misma semana en la que las autoridades han anunciado, sin entrar en detalles, la pronta aprobación de nuevas medidas encaminadas a refrendar el proceso de paz con el PKK. Al mismo tiempo, Erdogan ha echado en cara al HDP no poner de su parte para devolver a casa a cientos de niños "secuestrados" por el PKK en los últimos meses. El líder turco añadió, hace unos días, que disponía de "planes alternativos" para lograr su objetivo.

El HDP desmiente que se trate de un secuestro, y consideran la ida de los chavales "voluntaria" y consecuencia de la frustración ante el estancamiento de las negociaciones de paz y la falta de nuevas reformas favorables. Abdullah Öcalan, durante un encuentro en prisión con miembros del HDP el 1 de junio, se pronunció en contra de que los jóvenes cojan las armas. "Si no quieren estar en las montañas - forma de referirse a los campos de entrenamiento del PKK - deberían tener la oportunidad de volver a casa", concluyó.

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