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Don Juan Carlos: "Ser rey es un oficio"

La Vanguardia La Vanguardia 02/06/2014 Juan Carlos Merino

"Para un político, el oficio de Rey es una vocación, ya que le gusta el poder. Para un hijo de Rey, como yo, es otro asunto distinto. No se trata de saber si me gusta o no me gusta. Nací para ello. Y desde mi infancia, mis maestros me han enseñado a hacer también cosas que no me gustan. En casa de los Borbones, ser rey es un oficio”. Estas palabras del propio don Juan Carlos, reproducidas en la biografía que el británico Paul Preston publicó en el año 2003, El rey de un pueblo, definen a la perfección el papel que ha desempeñado el monarca en estos 39 años.

Un oficio que, tras haberlo aprendido desde la más tierna infancia en el exilio –nació en Roma, el 5 de enero de 1938, y tiene, por tanto, 76 años–, empezó a desempeñar el 22 de noviembre de 1975, al ser proclamado Rey por las Cortes franquistas sólo dos días después del fallecimiento de Francisco Franco. La monarquía quedó así reinstaurada en España más de cuatro décadas después de la abdicación de su abuelo Alfonso XIII, y sin que su padre, don Juan de Borbón, pudiera reinar entre ambos. De hecho, dos años después, en 1977, don Juan le cedió la jefatura de la Casa Real. Arrancó así la primera legislatura de la democracia y, ya en 1978, el Rey sancionó en las Cortes la Constitución aprobada por la ciudadanía en el referéndum popular convocado el 6 de diciembre de aquel año. Una Carta Magna que reconoció a aquel niño, Juanito, ya con 40 años –y que en 1962 había contraído matrimonio con la princesa Sofía de Grecia, precisamente en Atenas–, como rey de España y legítimo heredero de la dinastía Borbón, y le otorgó la jefatura del Estado.

Su reinado, que aún daba sus primeros pasos, al igual que la recién nacida democracia española, afrontaron su gran prueba de fuego inmediatamente después, el 23 de febrero de 1981, con el intento de golpe de Estado protagonizado por el teniente coronel de la Guardia Civil Antonio Tejero en el Congreso.

La hora que pudo ser la más trágica de España, al despertar el fantasma de los cuarenta años de dictadura de Franco, se acabó convirtiendo en el momento estelar del reinado de don Juan Carlos, la hora en que se asentó la monarquía constitucional y la democracia española alcanzó, de la noche a la mañana, su mayoría de edad. El Rey ofreció, ya de madrugada, un discurso televisivo en el que condenó el golpe e instó a las fuerzas armadas a acatar el orden constitucional, lo que desactivó toda la operación. Pese a todas las teorías conspirativas sobre el Elefante Blanco, aquella madrugada don Juan Carlos se ganó a pulso el respeto y el respaldo del pueblo español. La democracia, esta vez sí, ya echó a andar sin el ruido de sables de fondo que había acompañado su nacimiento. La transición política se convirtió en un mito de la convivencia y el consenso. Y España comenzó su proceso de modernización y de convergencia con la soñada Europa de la mano de los gobiernos socialistas de Felipe González.

En 1983, España entró en la OTAN, y en 1985 los Reyes presidieron la firma del tratado de adhesión de España a la Comunidad Económica Europea.

Los Reyes tuvieron dos hijas –la infanta Elena (1963) y la infanta Cristina (1965)–, antes de que naciera el heredero de la Corona, el príncipe Felipe (1968). En 1986, el príncipe de Asturias juró la Constitución ante las Cortes Generales al cumplir los 18 años.

Y llegó el gran año, 1992, en que España pareció dar un salto al mundo, y con el Rey a la cabeza. Fue el año de la celebración de los Juegos Olímpicos de Barcelona, de la Exposición Universal de Sevilla y de la Cumbre Iberoamericana en Madrid, el gran foro creado por el monarca para estrechar los lazos históricos con el otro lado del charco.

Del rey popular al público perdón real
Llegaron también las bodas de los hijos. La primera boda real fue la de la infanta Elena, en 1995, con Jaime de Marichalar en Sevilla. Le siguió dos años después la infanta Cristina, que se casó en Barcelona con el deportista Iñaki Urdangarin. El príncipe Felipe contrajo matrimonio, ya en el año 2004, con la periodista Letizia Ortiz en Madrid. Y un año después nació su primogénita, la infanta Leonor, segunda en la línea de sucesión al trono.

Previamente, España sufrió otra dramática sacudida con los atentados del 11 de marzo del 2004, en el que fallecieron 191 personas por las bombas colocadas por una célula de integristas islámicos en cuatro trenes de cercanías en Madrid. El Rey, de nuevo, estuvo a la cabeza del duelo.

Hasta siete presidentes del Gobierno ha visto desfilar el Rey durante su reinado: Carlos Arias Navarro, Adolfo Suárez, Leopoldo Calvo Sotelo, Felipe González, José María Aznar, José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy, que ayer anunció la abdicación de Don Juan Carlos y la sucesión en la figura de quien reinará con el nombre de Felipe VI.

La historia se empezó a torcer en el 2009, cuando el duque de Palma, Iñaki Urdangarin, resultó imputado en un caso de corrupción. Dos años después, la Casa Real le apartó de las actividades oficiales por su conducta “no ejemplar”. En su discurso televisivo pronunciado el 24 de diciembre del 2011, el Rey afirmó con contundencia: “La justicia es igual para todos”.

Pero los problemas para la imagen del Rey no habían hecho más que comenzar. El 18 de abril del 2012, días después de ser operado de la fractura de cadera provocada por una caída sufrida mientras participaba en una polémica cacería en Botsuana, Don Juan Carlos pidió público perdón a los españoles a la salida del hospital: “Lo siento mucho, me he equivocado y no volverá a ocurrir”.

La salud del Rey empezó además a ser objeto de continua preocupación, con constantes entradas y salidas de hospitales: hubo de someterse a cinco cirugías en apenas dos años, en las que se operó de las dos caderas y se le implantó una prótesis para poder caminar. Pero sin duda el más duro trago para el monarca llegó el pasado 7 de enero, cuando el juez José Castro, que investiga el caso Nóos en el que está imputado Urdangarin, imputó por segunda vez a la infanta Cristina por un supuesto delito fiscal y de blanqueo de capitales.

Un amargo final para estos 39 años de oficio. Una larga trayectoria que deja imágenes para la historia a Don Juan Carlos en brazos de la reina Victoria Eugenia, en su bautizo en Roma en 1938, navegando en el yate de Don Juan en 1949, pilotando un reactor en la Academia de San Javier en 1959, su boda en Atenas con Doña Sofía en 1962, recibido por Kennedy ese mismo año en la Casa Blanca. También, firmando el decreto de sucesión de la jefatura del Estado en 1969, en el funeral de Franco en 1975, dirigiéndose a las Cortes en 1977 tras las primeras elecciones democráticas, sancionando la Constitución en 1978 y, por supuesto, dirigiéndose a los españoles en televisión la noche del 23 de febrero de 1981. Toda una vida dedicado al oficio para el que nació.

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