Al utilizar este servicio y el contenido relacionado, aceptas el uso de cookies para análisis, contenido personalizado y publicidad.
Estás usando una versión más antigua del explorador. Usa una versión compatible para obtener la mejor experiencia en MSN.

Dos meses de trabajos en secreto

EL PAÍS EL PAÍS 19/06/2014 Mábel Galaz
Sala de plenos del Congreso de los Diputados. © BERNARDO PÉREZ Sala de plenos del Congreso de los Diputados.

El relevo en la jefatura del Estado se decidió en otoño, pero los preparativos comenzaron hace dos meses. Don Juan Carlos comenzó a pensar que había llegado el momento de ceder el trono a don Felipe en otoño, durante las semanas en que tuvo que pasar dos veces por el quirófano para resolver sus problemas de cadera. Pero lo terminó de decidir tras las dificultades que tuvo para leer su discurso en la Pascua Militar. Tras comunicarlo primero a su hijo y heredero y, después, a sus más íntimos colaboradores, se constituyó una reducida comisión de trabajo. Durante ocho semanas, en La Zarzuela se reunieron regularmente y de manera discreta Rafael Spottorno, jefe de la Casa del Rey; Alfonso Sanz, secretario general; Javier Ayuso, director de Comunicación, y Jaime Alfonsín, secretario del Príncipe. A esas citas de trabajo acudió en muchas ocasiones don Felipe, a veces en compañía de doña Letizia.

Este grupo pidió consejo a expertos sobre cómo poner en marcha la abdicación y los trámites legislativos necesarios. Sus miembros fueron los encargados de reunirse con la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, designada por el presidente, Mariano Rajoy, como la persona de enlace entre la Corona y el Ejecutivo. Los miembros del equipo directivo también decidieron, de acuerdo con el Rey y el Príncipe, la fecha en que debía comunicarse la abdicación y la manera en que debía hacerse.

La opinión de don Felipe ha sido decisiva en todo el proceso. El nuevo Rey ha querido que las cosas se hicieran a su estilo, pero teniendo en cuenta también la forma en que a su padre le gusta proceder. Cuando el príncipe de Asturias se ha dejado oír con más fuerza ha sido al abordar los actos que rodearán hoy su entronización como Felipe VI. Pero en lo que más ha trabajado ha sido en su discurso. De nuevo, ha contado con el asesoramiento de su secretario y del jefe de la Casa del Rey. Hasta ayer hizo correcciones, supervisadas también por doña Letizia, que le aconseja en el fondo y también en la manera de expresarse como conocedora que es de la comunicación verbal.

Doña Sofía acudirá como invitada personal de los nuevos reyes

El Príncipe ha querido que el protocolo fuera sencillo aunque solemne, como la ocasión requiere. Tanto él como doña Letizia estuvieron de acuerdo en que había que prescindir de cualquier signo religioso y en que no había que invitar a otros miembros de las casas reales europeas para bajar el tono de los fastos. Son los primeros gestos de unos Reyes del siglo XXI conscientes de que tienen que dar sentido a su trabajo en la Corona y de que van a ser escrutados al milímetro de ahora en adelante.

Fue, en cambio, don Juan Carlos quien decidió que no asistiría al acto del Congreso en el que su hijo se convertirá en Felipe VI. La razón oficial: no quiere eclipsar con su presencia al nuevo Rey. En Holanda y Bélgica sí acudieron los monarcas que se iban.

La Reina, en cambio, no quiere perderse el momento que tanto ha esperado. Doña Sofía une a su título otro para ella muy importante, el de madre del Rey, tarea en la que ha trabajado desde que su hijo vino al mundo, hace 46 años. Junto a ella estará la infanta Elena. Ambas se sentarán en una zona acotada de 25 asientos, en la que estarán los invitados personales de los hasta ayer Príncipes de Asturias. Ni siquiera ese equipo secreto de trabajo que ha tejido los hilos del relevo conocía ayer al detalle quiénes ocuparán esas 25 sillas. Es una decisión que la pareja ha manejado en la intimidad.

Se espera, no obstante, la presencia de los padres de Letizia, Jesús Ortiz y Paloma Rocasolano. Telma Ortiz, la hermana de la Reina, está convocada, pero su presencia estará condicionada por su rechazo a aparecer en actos públicos. Letizia tiene además abuelos, primos... pero ella es quien decide quién acudirá a la ceremonia.

Los nuevos Reyes saludarán en la recepción del Palacio Real a las personas con las que han compartido algún tiempo en estos últimos años. Por eso están invitados todos los galardonados con los premios Príncipe de Asturias, con los premios Príncipe de Girona o las personas integrantes de las fundaciones con las que colaboran. También son esperados representantes del mundo del deporte, la cultura y los medios de comunicación. Además de a los representantes de los poderes del Estado, a los miembros del Gobierno, a los expresidentes y a un reducido número de amigos. Todo ello, don Juan Carlos lo seguirá desde La Zarzuela por televisión.

El grupo de trabajo se disolverá a continuación y comenzarán los relevos en la dirección de la Casa del Rey. Jaime Alfonsín será el nuevo jefe. Llegan nuevos tiempos y nuevas caras.

Gestión anuncios
Gestión anuncios

Más de EL PAÍS

image beaconimage beaconimage beacon