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Dos testigos de la trama del 3% relatan al juez cómo les 'extorsionaron' Artur Mas y Germá Gordó

Logotipo de El Mundo El Mundo 05/10/2017 ESTEBAN URREIZTIETA
© Proporcionado por elmundo.es

Los dos testigos protegidos del caso 3% que acusaron a

Artur Mas

y a Germá Gordó de dirigir el cobro de comisiones han ratificado y ampliado las declaraciones que prestaron hace un año ante la Fiscalía Anticorrupción.

EL MUNDO ha tenido acceso al contenido de sus nuevas comparecencias ante el juez de El Vendrell que instruye el caso, en las que relatan con todo lujo de detalles su relación con los ex dirigentes de

Convergencia Democrática de Cataluña (CDC)

. A ambos les acusan abiertamente de «extorsión» al exigirles dinero a cambio de la adjudicación de contratos públicos.

En este sentido han llegado a desvelar profusamente un encuentro dialécticamente violento con quien fuera la mano derecha de Mas. «Gordó me apartó mientras estábamos en un restaurante de Tarragona en 2010, me puso contra una columna y me dijo: 'A partir de ahora hablas conmigo y se pactan los importes y lo que sea necesario'», ha relatado ante el instructor del caso 3% uno de estos grandes empresarios catalanes.

Esta conversación tuvo lugar como continuación de una reunión mantenida por este empresario con Mas y el propio Gordó en la sede de CDC en la que le instruyeron sobre cómo debía donar a la formación nacionalista para lograr a cambio adjudicaciones públicas.

Los líderes nacionalistas consideraron que este donante no siguió sus indicaciones y optaron, a través de Gordó, por reprenderle con dureza por su desobediencia.

Ambos testigos protegidos, tal y como ya desveló este periódico, han sido grandes financiadores de las fundaciones instrumentales del partido nacionalista. Pero es que, además, se da la circunstancia de que han sido socios de Jordi Pujol Ferrusola durante los últimos años.

Uno de estos empresarios, que se ha identificado por parte de los investigadores como «testigo B» para preservar su identidad, ha insistido en que Mas y Gordó le emplazaron en una ocasión en la sede de CDC en Barcelona porque estaba «en sintonía» con ellos. La cita, indicó, tuvo lugar en una fecha comprendida «entre 2006 y 2007».

«Me llamó el Sr. Germá Gordó y me dijo que querían verme para hablar de unos temas», explicó al juez. Añadió que aceptó la propuesta y acudió a las oficinas del partido. «Gordó me introdujo en el despacho de Artur Mas. Me senté en medio. Tenía a la derecha a Mas y a la izquierda a Gordó. Me dijeron que cualquier cuestión relacionada con adjudicaciones o demás debería despacharlo con Gordó».

Pero todavía dio más detalles de aquel encuentro. «Entendí que si a mí me adjudicaban algo debería ponerme en contacto con Gordó para liquidar lo que me pudieran indicar. Yo lo interpreté así».

En esa reunión, precisó este empresario, que ya donaba entonces a las fundaciones de CDC, le dijeron los líderes nacionalistas que «la manera» en la que lo estaba haciendo «no es la procedente».

No en vano este empresario realizaba «aportaciones» a CDC a través de sus entidades instrumentales pero lo hacía sin hablar previamente con nadie del partido.

«Lo hacía por un concepto ideológico y por ayudar a unos ideales que uno tiene», agregó. «Las donaciones las hice a la Fundación Catdem y luego hice a Unió Democrática un préstamo que no se devolvió». Así, las aportaciones de fondos a CDC continuaron tras su reunión en la sede pero sin negociar antes con Gordó, lo que provocó la ira de este último.

Por este motivo Gordó le abordó en 2010 en un acto en Tarragona, donde, según este testigo, le «extorsionó». «A partir de ahora tienes que hablar conmigo y se pactan los importes y lo que sea necesario», le espetó. «Señoría, no fue una conversación agradable porque que te venga un señor y te diga que no estás haciendo caso a una serie de indicaciones que te han hecho pues... no es muy agradable».

«Me dijo que no hacía caso y yo le dije: 'Y ahora el que te lo ha dicho es el presidente», aseguró que le replicó en referencia a Mas. «Hablé con mi gerente y le dije: 'Ha sido escandaloso'».

Por su parte, el bautizado como «testigo A» ha explicado que en torno al año 2004 tomó la decisión de «hacer negocios en Lérida». «Yo trabajaba en esa época en Girona y en Tarragona y queríamos hacer cosas en Lérida». Se dirigió para ello al entonces alcalde convergente de la localidad de Alcarrás, Gerard Serra, porque «habíamos visto unos terrenos y queríamos hacer cositas del sector de vertederos».

«Me dijo: 'Uy, esto va a ir muy mal, tenéis que hablar con Grau", en referencia al entonces diputado Josep Grau», ex conseller de Agricultura de la Generalitat, que a su vez le remitió a Gordó.

CITA CON EL 'NÚMERO 2' DE MAS EN LOS SOFÁS DEL PARLAMENT

El bautizado por el juez y la Fiscalía Anticorrupción como el «testigo A» explicó en su declaración que el ex conseller de Agricultura nacionalista le remitió al hombre de confianza de Mas para resolver sus problemas con las adjudicaciones públicas en Lérida. «Me dijo que para hacer negocios me tenía que reunir con otra persona en el Parlament, que se llamaba Germá Gordó». Según este testigo protegido, mantuvo «dos reuniones» con Gordó en el Parlament, quien le ratificó que él era el interlocutor adecuado. «Nos reunimos en el hall de entrada, en el primer piso, que hay como unas salitas, como unos sofás. La verdad es que lo del Parlament te sorprende un poco, pero sí, los dos en el Parlament». «Que te digan que tienes que hablar con Gordó para hacer cosas es un poco raro», señaló. «Me confirmó que, efectivamente, negocios que tuvieran relación con temas públicos, como pueden ser concesiones o concursos, tenía que hablarlo con él, que así las cosas podría ser posible que fueran a más y me dio su teléfono móvil», añadió este empresario catalán. «Me dijeron claramente -en referencia a otros miembros de CDC- que si quería tener vertederos de concesión pública, que era mi negocio, tenía que hablar antes con Gordó... Entendiendo que ellos me dirían las contraprestaciones». «Para poder hacer un vertedero hay una serie de pasos y no es fácil, no se puede hacer a espaldas de un ayuntamiento», indicó en referencia a que dependía de la voluntad política. No obstante precisó el «testigo A» que al final el negocio de residuos no cristalizó y, por lo tanto, no se pudo hablar de lo que querían «a cambio».

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