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Edda Mussolini, amor en tiempos de guerra

El Mundo El Mundo 08/06/2014 BEGOÑA ARANGUREN

Edda Mussolini es una mujer marcada por una infancia triste, vivida junto a una madre resentida por las infidelidades de su marido -para él la lealtad no era un valor y engañaba a su esposa constantemente- y un padre que la quería. Ella le correspondía otorgándole todo su amor y desmedida admiración. La relación de Edda con sus progenitores fue tortuosa: el desapego de una madre fría que dejaría en ella un vacío imposible de llenar y los mimos de un padre arrollador conforman su personalidad insegura y llena de carencias.

Hasta los 20 años, cuando se casa con Ciano, Edda vive inmersa en una contradicción: sus orígenes humildes y su difícil infancia quedan atrás cuando los Mussolini se convierten en la familia más importante de Italia. La niña que era feliz con su padre, humilde y traviesa, no es consciente de su actual posición ni piensa que su inimaginable ascenso en sociedad es lo que atrae a los demás, sobre todo a los hombres que la pretenden. Sus inquietudes por entonces no son muchas, sólo casarse (su madre le insiste continuamente en que lo haga) y llevar una vida tradicional y ordenada.

Y lo consigue cuando da el sí, quiero a Ciano. A partir de ese momento comenzará a plantearse, primero inconscientemente y poco a poco con deliberación, su vida y sus valores. Edda se adapta, se deja llevar, pero no tiene un carácter dócil. Su esposo le es infiel desde el principio y ella lo asume, aunque a su manera, no soportándolo y volviéndose cada más quejumbrosa y arisca (quizá el ejemplo de su madre le haga odiar esa postura), sino asumiéndolo y aplicándose el cuento: si él tenía amantes, ella también.

Bajo esta premisa, su relación con Ciano se convierte en una bonita historia de amor y amistad: ambos viven su vida por separado, pero sin perderse jamás el respeto ni olvidar que el uno siempre será lo más importante para el otro. Y es que están de acuerdo en una cosa, su relación "es abierta, pero no innoble". A pesar de que intentan ser discretos, su forma de vida los convertirá en objeto de murmuraciones, pues no en vano son las dos personas más admiradas y envidiadas de Italia. A Edda le afecta, pero no hasta el punto de cambiar su manera de vivir. La opinión que los demás tengan de ella no le preocupa en exceso. Sus inseguridades, sus complejos, que los tiene, no la afligen tanto como para vencerla.

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Edda es infiel a su esposo, pero leal. Y es que esa es una de las cualidades que más aprecia en una persona: la lealtad. La amistad es para ella lo más importante. No hay acontecimiento al que no esté invitada: se codea con los personajes más relevantes del momento, como Magda y Joseph Goebbels, y Hitler la admira hasta el punto de que Ciano se siente un poco celoso. Hay mil anécdotas de aquellas fiestas en las que abundaban las malas intenciones y la sinceridad brillaba por su ausencia. Edda se ríe de ello, lo pasa por alto, pero no permite que el glamour la fascine hasta el punto de hacerle perder el norte, porque siente la superficialidad como algo en cierto modo indecente, que divierte (y ella sabe ser frívola y divertida como la que más), pero que no llena un espíritu inquieto como el suyo.

Y poco a poco su actitud va cambiando, quizá sin darse cuenta, mientras participa en ese mundo de la alta sociedad en el que se desenvuelve como pez en el agua, aunque cada vez le resulta más ajeno. La pequeña Edda, la humilde niña hija de un maestro de escuela, tiene una gran capacidad de adaptación, aprovecha las ventajas de su posición, pero es consciente de sus inconvenientes. Y se enfrenta a ellos cuando llega la ocasión. Los años que ha pasado de fiesta en fiesta no han sido en vano, sus numerosos amantes y sus brillantes amistades le han enseñado que su valorada lealtad no es importante en su mundo. Y ella ha aprendido la lección. Sólo sus hijos, a los que adora, su marido y su gran amigo, Emilio Pucci, al que considera el hombre de su vida, serán su tabla de salvación y su único ejemplo.

Y cuando todos le vuelven la espalda se reinventa y adapta, y descubre en su interior algo que desconocía que tuviese: valor y determinación. Es dura la caída, pero ella lucha cuando su propio padre se niega a salvar a su marido. Ciano cae en desgracia y Mussolini no mueve ningún hilo para evitarlo. Es el peor momento de su vida: la ruptura con su padre, la muerte de su esposo, la traición de sus amigos... Y Edda se enfrenta a todos, no pierde el tiempo lamentándose y elige bando: el de los condenados.

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