Al utilizar este servicio y el contenido relacionado, aceptas el uso de cookies para análisis, contenido personalizado y publicidad.
Estás usando una versión más antigua del explorador. Usa una versión compatible para obtener la mejor experiencia en MSN.

Elías Fereres: "Allí donde van los ingenieros españoles dejan el pabellón muy alto"

El Confidencial El Confidencial 30/09/2016 Rocío P. Benavente

A partir del 1 de enero de 2017, un ingeniero español será el presidente de las 26 academias reunidas en el Comité Internacional de Academias de Ingeniería y Tecnología. Ingenieros estadounidenses, ingleses, chinos e indios entre otros estarán representados por Elías Fereres, catedrático de la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Agrónomos de la Universidad de Córdoba e investigador del Instituto de Agricultura Sostenible, dependiente del CSIC.

El cargo que asumirá Fereres como actual presidente de la Real Academia de Ingeniería es una designación rotatoria que cada año ostenta uno de los países miembros. En 2016 es Reino Unido quien la ostenta, y como tal fue ese país quién designó los asuntos en los que se han centrado todos los países durante este año. Los ingleses fijaron el punto de mira en cómo la ingeniería puede contribuir a conseguir los objetivos del milenio señalados por la ONU. En el turno de España, el foco estará en la diversidad y la ética de la ingeniería.

(Foto: Europa Press) © Externa (Foto: Europa Press)

Pregunta: ¿Hay un problema de diversidad en la ingeniería?

Respuesta: Existe un gran desequilibrio en cuanto al sexo, un déficit de mujeres. En España estamos mejor que en otros países de nuestro entorno, pero esto no quiere decir que no se pueda mejorar.

P.: ¿Por qué cree que existe ese desequilibrio?

R.. Seguramente por motivos históricos. Las decisiones sobre qué estudiar se toman muy pronto y las chicas no tienen suficiente información sobre la ingeniería en sus colegios e institutos. No es falta de vocación. Hay que hacer un esfuerzo para atraer a las que tengan interés, pero es que para tener interés, hace falta información. 

P.: Algo habrá evolucionado la situación.

R.: Claro, la evolución en el tiempo es enorme. Igual que con la Medicina, que hace 30 años era mayoritariamente una profesión masculina y ahora es al revés. Se ha hecho divulgación y las mujeres se han sentido atraídas. Nuestra tesis es que si hacemos un esfuerzo con la ingeniería, el efecto será el mismo. Ya son más chicas en las ingenierías 'verdes' (agrónomos, montes...). Las otras tienen que hacer más esfuerzos para atraer talento femenino. 

P.: La presencia de talento femenino afectaría directamente a la otra cuestión, la de la ética...

R.: Cuanto más diverso es algo, mejores son sus resultados. Y en otros países el problema no es solo de sexo, es también étnico, porque hay grupos que están poco representados. Pues habrá que ayudarles. Estudiar una ingeniería requiere un esfuerzo, y las personas que lo hacen deben sentir que tienen una motivación y una recompensa. 

P.: Sobre el tema de la ética, ¿qué tipo de dilemas afronta la ingeniería?

R.: Hay temas éticos en todos los aspectos de la ingeniería. Por ejemplo, en el de la construcción de infraestructuras, cuando hay que decidir la inversión en seguridad, cuál es el nivel de riesgo aceptable. Esa pregunta hay que analizarla desde todos los puntos de vista, especialmente el ético. Lo mismo ocurre si hablamos de biotecnología, transgénicos, seguridad alimentaria. 

Piensa en la cuestión agrícola. Actualmente se pierde o desperdiciamos casi un tercio de los alimentos que producimos. A lo mejor, antes de intentar producir más y poner más tierras a cultivar en un planeta que cada vez está más explotado, lo más ético sería reducir la cantidad de los que perdemos. Hay que buscar sistemas que reduzcan esas pérdidas, y ahí hay mucha ingeniería. 

P.: ¿Podrá la ingeniería alimentar a una población en crecimiento con una cantidad de tierra y de agua que no podrá aumentar mucho más?

R.: Ese es el desafío: hay que producir más con menos tierra, o a lo sumo la que ya hay (la tierra se degrada, y no podemos incorporar más) y con la misma agua, o poco más (no hay más agua dulce y no hay otras fuentes sostenibles, ya que la desalación es cara y requiere demasiada energía). Las únicas soluciones son más ingeniería, más ciencia, más investigación. Necesitamos nuestras técnicas que permitan intensificar la producción manteniendo el consumo de agua y reduciendo las pérdidas. 

P.: Sin embargo, hay gente que rechaza la biotecnología como algo contra la naturaleza.

R.: Con el tema de la agricultura ecológica, hay mucho urbanita que desconoce los sistemas de producción de alimentos y que solo apoya los que no usan agroquímicos (ni pesticidas, ni abonos, ni nada). Bueno, es una opción atractiva si puedes pagarla, pero es que esos sistemas son menos productivos: no hay suficientes fuentes de abonos naturales para alimentar todos los campos de cultivo que hacen falta para alimentarnos a todos. Simplemente, no salen las cuentas.

Además, es que a la planta le da igual de dónde viene el nitrógeno que absorbe, si es de un abono natural o de un agroquímico. Va a hacer con la molécula exactamente lo mismo venga de donde venga.

P.: ¿Es un problema de cultura científica y técnica?

R.: Sí, es el peligro de la época de la 'postverdad'. Mira, yo te hago la cuenta: cultivamos 1.600 millones de hectáreas en todo el mundo, y harían falta 20 toneladas de estiércol para abonar toda esa tierra. Eso suponen 32.000 millones de toneladas de estiércol. ¿De dónde íbamos a sacarlo? Pues hay gente que no se cree la cifra. Es como el cambio climático, que podemos medirlo con total precisión, y aún así hay gente que no se lo cree. ¡Cómo puedes no creértelo! Es como que dos más dos sean cuatro: no hace falta que te lo creas, es así. 

P.: Y eso que, al menos en España, parece que los ingenieros gozáis de una confianza que muchas veces no se da a los científicos.

R.: Qué curioso. Tendrá que ver con que España tiene poca tradición científica, mientras que la ingeniería siempre ha sido muy prestigiosa. 

P: ¿También en el extranjero? ¿Qué imagen tienen fuera de los ingenieros españoles?

R.: Tienen una imagen muy buena. Nuestros ingenieros, hasta ahora (veremos con el último cambio de los planes de estudios) están muy bien preparados y tienen una mentalidad muy abierta para aprender y captar nuevas ideas. Piensa que, en infraestructuras, ingenieros y empresas españolas han salido a trabajar en otros países y han estado muy demandados. Donde van dejan el pabellón muy alto. 

P.: Y a pesar de ello, el número de estudiantes de ingeniería está cayendo. De 2011 a 2015 descendió en 57.000 el número de matrículas en estas carreras. ¿Por qué pasa esto?

R.: Es una tendencia preocupante en muchos países desarrollados. Es lo que hablábamos antes del esfuerzo, que los jóvenes tienen que ver que hay incentivos y recompensas. Cada vez lo ven menos porque las profesiones y los profesionales que más brillan tienen que ver con la economía financiera, así que eligen carreras en ese ámbito, que requiere menos esfuerzo en la universidad y luego da mucho dinero.

P.: Mi hermano tiene 17 años y pronto decidirá qué estudiar, ¿cómo le convenzo para que se haga ingeniero?

R.: Ya digo que es un problema social: los triunfadores, los empresarios, ya no son ingenieros. Pero los jóvenes tienen que pensar que siempre habrá demanda de ingenieros en otros países y en España, y que la ingeniería es esencial para el desarrollo social. Eso habría que reconocerlo y que recompensarlo. Yo además creo que el trabajo técnico ofrece más recompensa intelectual, pero eso ya es cuestión de la vocación de cada uno. 

Gestión anuncios
Gestión anuncios

Más de El Confidencial

image beaconimage beaconimage beacon