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El árbol electoral se mueve

EL PAÍS EL PAÍS 02/06/2014 Jokin Bildarratz Sorron

Día a día vemos que la política está viviendo unos años que, sin temor a equivocarnos, podemos calificar de azarosos. La preocupación de la ciudadanía con todo lo relacionado con la política es grande y creo que esa inquietud ciudadana ha convulsionado la docilidad política a la que estábamos habituados. Todos los partidos políticos se han visto sorprendidos por los resultados electorales; algunos por la pírrica alegría a la hora de conocer el dato de que la abstención no ha aumentado todo lo que se hubiera esperado después de que el gobierno europeo y los gobiernos de los Estados miembros hayan adoptado una serie de medidas difíciles de digerir para la ciudadanía. Otras formaciones se han visto sorprendidas por el evidente descalabro recibido. El disgusto de otros partidos está más relacionado con la representación parlamentaria que algunos grupos en teoría minoritarios han obtenido en la Cámara europea. 

Desde una perspectiva de análisis europeo, mi opinión ante lo acontecido es positiva. Hago mías parte de las reflexiones de Winston Churchill, que venía a decir que en la derrota es importante la resistencia y en la victoria es imprescindible la magnanimidad. Es cierto que, por una parte, es preocupante el aumento de la representación de partidos políticos euroescépticos o/y de carácter neofascista. Pero ese dato lo valoro con optimismo porque entiendo que servirá de revulsivo para todos aquellos que creemos en la UE. Creo que la gran mayoría de partidos políticos que creen en el futuro de la Unión tiene una buena oportunidad para hacer una apuesta clara por la democratización de las instituciones europeas, por la socialización de las diversas políticas en el ámbito de la Unión y por desarrollar una idea de ciudadanía europea desde el respeto a cada una de las identidades existentes en las diversas naciones que se encuentran dentro de los Estados miembro. Las políticas de dureza y restricción hasta ahora desarrolladas han desembocado en la situación que ahora vivimos: hay que cambiar el rumbo. Pero esto exige fortaleza por parte de los gobernantes. Es decir, exige generosidad y valentía para poder compartir diversos ámbitos hasta ahora enmarcados dentro del concepto de soberanía interna del Estado.

El bipartidismo ha perdido espacio, mientras que los demócratas europeos (ALDE) han conseguido mantener su cuota"

Aunque haya gente que vea en los resultados del domingo un debate entre izquierdas y derechas, entiendo que el debate no está ahí. La teórica izquierda francesa ha sufrido mucho en los últimos embates electorales, y en el Estado español la derecha también ha sufrido. Prácticamente en toda Europa los partidos que estaban en el gobierno han sufrido un descalabro importante. En ese sentido, Euskadi es una honrosa excepción. El Gobierno del lehendakari Iñigo Urkullu ha demostrado que en tiempos de austeridad es posible compaginar un gobierno social con un gobierno componedor de acuerdos y hacedor de futuro.

También lo es el Gobierno del primer ministro italiano Matteo Renzi. Es cierto que Renzi todavía no lleva el tiempo suficiente como para que se puedan evaluar sus resultados, pero se intuye que trae un mensaje nuevo, fresco, que a la gente le resulta sugerente cuando menos. La ciudadanía aprecia los mensajes alejados del acartonamiento. La gente se ha posicionado de una manera clara. Ha decidido, ha apostado. La ciudadanía hace suyo el mensaje de Max Weber: "Toda experiencia histórica confirma la verdad de que el hombre no hubiera obtenido lo posible si no hubiera pugnado una y otra vez por alcanzar lo imposible". Las nuevas maneras de hacer política, las nuevas tecnologías, los medios de comunicación han ayudado a propiciar un debate cuyo resultado conocimos el domingo.

El bipartidismo ha perdido espacio, mientras que los demócratas europeos (ALDE) han conseguido mantener su cuota de espacio y ser la tercera fuerza en el espacio europeo. Los jóvenes vienen pisando fuerte. La gran mayoría de los partidos políticos necesita flexibilizar sus maneras de trabajar para poder llegar de una manera más directa a la ciudadanía. La historia se repite. No hay democracia que funcione lejos de la ciudadanía. Es hora de que rompamos la brecha que día a día se va acrecentando. El árbol de la política se mueve. Lo importante es que nos movamos con él para que no se rompa.

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