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El alto precio del canje del sargento de EE UU por presos talibanes

EL PAÍS EL PAÍS 05/06/2014 Silvia Ayuso
Cartel de celebración en el pueblo natal del sargento Bergdahl. © SCOTT OLSON Cartel de celebración en el pueblo natal del sargento Bergdahl.

Mientras el sargento Bowe Bergdahl continúa recuperándose en un centro médico militar en Alemania de los cinco años que pasó en manos de los talibanes, en su hogar, Estados Unidos, los ánimos de fiesta que estallaron cuando el presidente Barack Obama anunció el pasado sábado su liberación, empiezan a enfriarse. Y lo hacen muy rápido.

Tanto, que hasta la celebración que su pueblo natal de Idaho, Hailey, había planeado con fecha del 28 de junio para festejar su liberación, fue cancelada este miércoles. La razón oficial esgrimida por las autoridades es que no se veían capaces de garantizar la seguridad de la alta cifra de posibles asistentes a un evento celebrado cada año bajo el lema "Bring Bowe Back" (traed de vuelta a Bowe) y que, tras el anuncio de su liberación, fue transformada en una fiesta por el fin de su cautiverio bajo el eslogan "Bowe is Back" (Bowe está de regreso). Pero medios como la cadena NBC  ya habían venido reportando la creciente preocupación de los residentes por el alto número de llamadas indignadas que dicen haber recibido de quienes opinaban que Bergdahl no se merece una recepción de héroe.

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El problema: demasiadas sombras y dudas empañan la historia personal del soldado, a quien algunos de sus compañeros acusan ahora abiertamente de deserción, tras haber mantenido un silencio obligado los pasados años.

A ello se une el precio que Estados Unidos pagó por su liberación, la entrega de cinco peligrosos presos de Guantánamo, que a muchos les parece demasiado alto y arriesgado. Y que ya está siendo usado con intereses políticos, según denuncian algunos.

La negociación para liberar a Bergdahl fue "un error”, ha reiterado el senador republicano John McCain desde que se conoció la noticia el sábado. Y no lo dice a la ligera: él mismo fue prisionero de guerra, en condiciones muy duras, durante la Guerra de Vietnam. Aunque en otros momentos sí que haya apoyado, con condiciones, un canje del soldado.

McCain no es sin embargo el único que expresa dudas profundas sobre el precio que Estados Unidos ha pagado por la libertad de Bergdahl.Y más preocupante aún, apuntan los críticos: el que podría seguir pagando en el futuro con tras este ¿peligroso? precedente.

“El presidente ha elevado a un grupo terrorista a la posición de Ejército de una nación, legitimando, de facto, a los talibanes”, denuncia el compañero de partido y bancada de McCain Marco Rubio en una columna en el USA Today.

Según el senador republicano, entre otros peligrosos precedentes, el caso del canje del sargento por cinco talibanes “demuestra a otros actores no estatales y grupos terroristas que el gobierno estadounidense está dispuesto a reconocer como interlocutor de una negociación incluso a grupos terroristas que no respetan las leyes de un conflicto armado”. Y señala otros peligrosos escenarios en el futuro inmediato de este precedente, más allá de Afganistán: Libia, el Cuerno de África...

Estados Unidos es un país al que le gusta hablar de héroes. Y en lo más alto de su escala de heroicidad se sitúan los militares. Sobre todo a los que vienen de las campañas en Afganistán o, hasta hace poco, Irak. Honrar a los uniformados -más allá del trato que reciban una vez abandonan el servicio- es casi un deber patriótico. Algo que Obama tuvo presente cuando, el sábado, organizó un emotivo encuentro con los padres de Bergdahl en la Casa Blanca para anunciar que el soldado, de 28 años, ya estaba a salvo.

El presidente ha elevado a un grupo terrorista a la posición de Ejército de una nación, legitimando, de facto, a los talibanes”

Marco Rubio, senador republicano

Pero ahora surgen las voces que recuerdan que la intensa búsqueda de Bergdahl tuvo un coste en vidas de otros “héroes”, también militares. Y que no está clara la “heroicidad” del militar capturado, pese a que la asesora de Obama para Seguridad Nacional, Susan Rice, afirmara en televisión que Bergdahl ha servido con “honor y distinción”, unas declaraciones que por cierto ya empiezan a serle reprochadas.

“La verdad es ésta: Bergdahl era un desertor y soldados de su propia unidad murieron tratando de localizarlo”. Quien hace esta dura acusación es Nathan Bradley Bethea, quien sirvió en la misma unidad que Bergdahl y participó en la frenética búsqueda del sargento -entonces soldado raso- tras su desaparición en junio de 2009.

En un artículo en The Daily Beast, Bethea responsabiliza, directa o indirectamente, a Bergdahl de la muerte de hasta ocho soldados. The New York Times relativiza esta cifra, recordando que las muertes de los uniformados se produjeron en un momento especialmente virulento del conflicto afgano.

Pero, al mismo tiempo, el diario destaca el impacto mediático que en Estados Unidos están teniendo estas acusaciones contra Bergdahl. Uno de los ejemplos más evidentes: la petición a la Casa Blanca para que se castigue por “desertor” al sargento. “Él no es un héroe y es directamente responsable de la muerte de varios miembros del Ejército”, sostiene la petición online. En las últimas 24 horas, a medida que surgen nuevos detalles, como los testimonios de afganos que aseguran que Bergdahl parecía estar buscando a los talibanes cuando desapareció, los apoyos a la demanda se han disparado, hasta superar ya las 16.000 firmas. Para ameritar una respuesta del gobierno de Obama, debe reunir 100.000 rúbricas antes del 30 de junio.

Al creciente cuestionamiento público, se unen las dudas políticas y el enfado general de un Congreso que se ha sentido “puenteado” en toda esta historia, sobre todo por no haber sido notificado con tiempo -30 días- del traslado de presos de Guantánamo. Todo ello con las elecciones parlamentarias -en las que los demócratas se juegan la mayoría en el Senado- prácticamente a la vuelta de la esquina.

Pese a que los cuestionamientos han llegado también desde sus propias filas, el líder demócrata en el Senado, Harry Reid, llamó este miércoles a no “politizar” el caso.

“La oposición ha aprovechado la liberación de un prisionero de guerra estadounidense, usando lo que debería constituir un momento de unidad y celebración para nuestra nación, como una oportunidad para hacer juegos políticos”, denunció.

Un argumento que comparten algunos en las filas republicanas. “Creo que habríamos tomado la misma decisión en el gobierno de Bush”, dijo John Bellinger, asesor del presidente George W. Bush.

En el Pentágono, los máximos responsables, el secretario de Defensa Chuck Hagel incluido, han subrayado que la cuestión de si Bergdahl desertó o no es independiente del deber de recuperar a un militar prisionero de guerra, como era su caso, y que si se considera necesario abrirá una investigación sobre las circunstancias que rodearon su desaparición.

Mas en una muestra de que crece el nerviosismo de la administración frente a una narrativa que amenaza con escaparse de su control, el gobierno de Obama ha organizado este mismo miércoles una poco habitual “reunión privada” -a puertas cerradas- con los cien senadores estadounidenses, que podrán escuchar de boca de expertos militares y diplomáticos en la materia las explicaciones oficiales.

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