Al utilizar este servicio y el contenido relacionado, aceptas el uso de cookies para análisis, contenido personalizado y publicidad.
Estás usando una versión más antigua del explorador. Usa una versión compatible para obtener la mejor experiencia en MSN.

El aparato del PSC se encomienda a un histórico para salvar su peor crisis

EL PAÍS EL PAÍS 16/06/2014 Miquel Noguer, Maiol Roger
Pere Navarro y Miquel Iceta, este domingo. © Massimiliano Minocri Pere Navarro y Miquel Iceta, este domingo.

El aparato del Partit dels Socialistes de Catalunya (PSC) se movió ayer con rapidez para acabar con la imagen de silla vacía dejada por Pere Navarro con su dimisión la semana pasada como primer secretario. Miquel Iceta (Barcelona, 1960), histórico dirigente del PSC bien conectado con el PSOE, confirmó que optará al liderazgo de un partido que pasa por sus horas más bajas desde su fundación hace 36 años. A la espera de algún otro candidato con un perfil más renovador, Iceta presentó sus credenciales prometiendo gestionar “con inteligencia” el proceso soberanista que impulsa el presidente de la Generalitat, Artur Mas, y tendiendo la mano a los críticos, que siguen amenazando con dinamitar la formación.

La opción de Iceta como primer secretario planeaba entre la vieja guardia del partido desde el mismo momento en que Navarro anunció su dimisión el pasado miércoles y especialmente desde el domingo, cuando Núria Parlon, alcaldesa de Santa Coloma de Gramenet (Barcelona), se borró de la carrera sucesoria. El aparato ve a Iceta como una garantía de “solvencia y seguridad”, pero tendrá que lidiar con alcaldes y responsables territoriales que le ven como un dirigente del pasado. De hecho, ha formado parte de la dirección desde 1984. Eso hace que no encaje para nada en la imagen de renovación que pedían amplios sectores del partido y que sí representaba Parlon. Ahora estos sectores están divididos entre buscar otra opción o aceptar a Iceta como un mal menor. Más allá de Iceta, solo Josep Rueda, un dirigente local de Palafolls (Barcelona), ha anunciado que quiera presentarse. Los aspirantes necesitarán al menos 2.000 avales.

Entre los alcaldes metropolitanos que dudaban sobre Iceta ha pesado más la solidez discursiva y capacidad negociadora de este que los recelos que genera su figura. “No estamos para más experimentos”, admitía anoche un dirigente socialista. A su aceptación ayudó el hecho de que el aspirante admita que, de momento, solo quiere estar en el cargo hasta el próximo congreso ordinario, previsto para finales de 2015. Después, ya se verá.

más información
  • La salida de Navarro deja al PSC sin rumbo y sin un relevo claro
  • El soberanismo apuntilla al PSC
  • El presidente de la gestora del PSC admite que el partido está en “ebullición”
  • El dilema trágico del PSC

Iceta anunció su candidatura desde una web personal con un título esclarecedor: “Reconstrucción”. En el comunicado se compromete a “abordar con inteligencia y determinación el proceso soberanista”, así como a colaborar en la “renovación” del PSOE y a rehacer la cohesión interna del PSC. Su gran prioridad será preparar las elecciones municipales de 2015, en las que los socialistas catalanes se juegan perder los últimos resortes de poder.

Iceta considera que los puntos fuertes de su candidatura son su “experiencia política” y la posibilidad de dedicarse al partido “en exclusiva”, al no tener cargos públicos de gestión. Cuenta con la ventaja de ser diputado en el Parlamento catalán, lo que le dará una visibilidad pública que no habrían tenido otros contendientes.

En su presentación, Iceta también hace un guiño a los críticos del partido, que amenazan con la ruptura y la creación de otra formación política. El histórico dirigente se define como alguien con un “talante abierto e integrador y con capacidad para sumar y tejer sensibilidades”.

De hecho, lo primero que hizo tras anunciar su candidatura fue reunirse con uno de los miembros del sector crítico, el alcalde de Lleida, Àngel Ros. “He constatado que podemos hacer muchas cosas juntos”, dijo Iceta justo después. Sin embargo, el grueso del sector crítico, encuadrado en la corriente Avancem, y muchos de los regidores consideran que la solución Iceta no es una buena noticia.

El reto del nuevo primer secretario socialista será recuperar a un partido en crisis, dividido y vapuleado por las urnas desde que arrancó el proceso soberanista. En las últimas elecciones europeas, el PSC perdió la mitad de los votos cosechados en 2009 (una caída de 350.000 sufragios), 22 puntos porcentuales menos, que le lanzó del primer lugar al tercero en Cataluña. La pérdida del PSC llega por todos los flancos: sus votantes se han fugado tanto a ERC e Iniciativa, formaciones que apoyan la consulta, como a Ciutadans, que está radicalmente en contra de la votación.

La misión de Iceta será recuperar internamente el partido para aguantar en las municipales, cuando los cuadros territoriales se juegan su futuro en los Ayuntamientos. De ser elegido primer secretario —el 13 de julio los militantes escogerán—, hará valer su condición de hombre fajado en mil batallas para lograr la cohesión interna sin dar volantazos en la estrategia del PSC, que pasa por rechazar la consulta soberanista y apostar por una reforma federal.

Iceta lleva 30 años en la ejecutiva, a la sombra de líderes que han participado de la gloria y del hundimiento del socialismo. Aspira a primer secretario tras haber desempeñado todas las funciones en la formación. Fue viceprimer secretario cuando el PSC estaba dirigido por José Montilla. Iceta fue el principal muñidor del Estatuto de 2006 por parte del PSC. Ahora es miembro de la ejecutiva del PSOE y sus buenas relaciones con este se remontan a hace 20 años, cuando fue director del Departamento de Análisis del Gabinete de la Presidencia del Gobierno con Narcís Serra.

Navarro le relegó del primer plano cuando asumió el mando del PSC en 2011, pero le mantuvo en la ejecutiva como presidente de la fundación del partido y lo recuperó con el proceso soberanista en marcha.

Iceta ha sido el encargado de vigilar que el PSOE asumiera la propuesta federal plasmada en la Declaración de Granada y, tras cumplir su última misión en la sombra, se dispone a dar un paso adelante para intentar salvar al PSC de la peor crisis de su historia.

Gestión anuncios
Gestión anuncios

Más de EL PAÍS

image beaconimage beaconimage beacon