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El arte de celebrar

El Mundo El Mundo 14/06/2014 JAVIER SÁNCHEZ

Correr unos metros, levantar un brazo, quizá los dos y, antes de abrazarse con los compañeros, si aún se guarda aliento, gritar '¡Gol!'. Como las botas negras, quedó atrás tan clásica liturgia. Menudos anacronismos. Hoy el fútbol, espectáculo que requiere de centenares de cámaras, exige celebraciones para el recuerdo, que puedan repetirse una y otra vez, y para ello, los futbolistas deben ponerse creativos. Algunos lo hacen con gracia, a otros no se les ve la intención. La selección de Colombia festejó ayer su primer tanto ante Grecia en grupo con una danza por todo lo alto, aunque antes, los Mundiales ya habían visto de todo.

Una sencilla voltereta

La moda no existía pero al sueco Roland Sandberg la emoción le salía por las orejas y necesitaba más que lo de siempre. En Alemania Occidental 1974, al marcar el segundo gol del 3-0 ante Uruguay que metía a los suyos en la siguiente fase de grupos, arrancó un sprint, dio varios saltitos de alegría y, de repente, 'chas', una voltereta de libro, de clase de gimnasia. Por suerte encontró después un compañero con el que compartir tanta emoción. (4:15 del vídeo)

Unos pasos de chachachá

La evolución de los países africanos en los Mundiales ayudó muchísimo en la transformación de las celebraciones. En Italia 1990, octavos, ante Colombia, un camerunés, Roger Milla, arrancó un baile que recorrió el mundo entero. Afinó un slalom, batió a Higuita y luego fue hasta el banderín de córner para allí, un, dos, un dos, tres, ofrecer unos pasitos que le acabarían dando tremenda fama. Luego lo repitió con el 2-1.

El perro meando

Aunque la explosión de estos 'shows' llegó, sin duda, en Estados Unidos 1994. De aquel Mundial se recuerdan numerosas celebraciones pero algunas, aún hoy, son difíciles de explicar. Como la de Finidi George. El delantero nigeriano, que años después, jugando en el Betis, celebraría siempre sus tantos con un sombrero andaluz, se dedicó tras marcar a Grecia en el último partido de la fase de grupos a imitar a un perro orinando. La razón, desconocida.

A solas con la red

Pocos días antes, un compañero suyo había protagonizado un episodio bastante parecido. Rashidi Yekini, que acabaría jugando en el Sporting de Gijón sin excesiva fortuna, marcó el primero de un 3-0 final en el debut de su selección ante Bulgaria y enloqueció. Tras empujar el balón a la red se quedó abrazado a ella gritando no sé sabe qué, llorando, tapándose la cara, cerrando los puños y así segundos y segundos...

Locura frente a la cámara

Aunque para loco, un Diego Armando Maradona crepuscular que dejó un buen recuerdo en aquel campeonato antes ser suspendido por dopaje. En el debut de Argentina ante Grecia culminó una bella jugada colectiva con un disparo que antojaba un final de Mundial mucho mejor al que finalmente vivió y después se fue corriendo hacia la cámara con el rostro desencajado y perseguido por jóvenes como Simeone o Batistuta.

Acunando al bebé

Esos días, entre goles, nacía Mattheus, hijo de Bebeto, y cuando el brasileño, ya en cuartos, marcó ante Holanda (acabarían ganando 3-2) no lo dudó: se fue ante los flashes e hizo como si acunara a un bebé. Su sorpresa llegó cuando se unieron a su celebración Romario, hoy padre de seis hijos de cuatro mujeres distintas, y Mazinho que entonces ya cuidaba de Thiago y Rafinha. La imagen de los tres se tornó icono.

Una pose reposada

"Mi hijo vio a Bebeto en Estados Unidos y me dijo: 'Papa ¿Por qué no haces tú algo diferente? Siempre celebras tus goles igual'". Explica Brian Laudrup así su celebración en Francia 1998, fue por Nicolai. En cuartos de final, nada menos que ante Brasil, el jugador danés marcó y tras apretar los puños de la más clásica forma se acordó de su primogénito y, de ahí, la frivolidad. Se lanzó al suelo y simuló posar. Era el 2-2, acabaron perdiendo 3-2.

Siete mortales

No lo intenten en sus casas. Ya en Corea y Japón 2002, el nigeriano Julius Aghahowa marcó ante Suecia y opositó a medalla en suelo en los Juegos Olímpicos siguientes: siete mortales que nadie en el fútbol ha podido superar, por supuesto no Klose que lo intentó cuatro años más tarde y apenas pudo completar una vuelta. Lo curioso es que aquel fue el único gol de la selección africana en el Mundial.

Ritual junto a la camiseta

En aquel mismo campeonato, en el partido inaugural ante Francia, el senegalés Papa Boupa Diop marcó en un contraataque y empezó el ritual. Junto al banderín de córner colocó su camiseta y puso a todos sus compañeros a danzar a su alrededor acabando la ceremonia con unos pasos entre el reggae y el ska. Aquella liturgia pudo servir de maleficio para la selección gala que desde entonces no levantó cabeza

Un patinador veloz

Aunque faltaban por llegar, eso sí, las imitaciones. Una de las primeras la 'creó' el surcoreano Ahn Jung-Hwan. Al marcar a Estados Unidos en el segundo partido de la fase de grupos (luego tocarían los polémicos octavos ante Italia y en cuartos, Al-Ghandour) no se le ocurrió otra cosa que irse a la esquina y simular ser un patinador de velocidad. Aquel mismo año, en Salt Lake City, ningún compatriota suyo había logrado medalla en tal modalidad.

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