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El astrofísico español que 'caza' agujeros negros recién nacidos

El Confidencial El Confidencial 31/05/2016 Agustín Rivera. Málaga

El astrofísico malagueño Alberto J. Castro-Tirado (Foto: Agustín Rivera) © Proporcionado por El Confidencial El astrofísico malagueño Alberto J. Castro-Tirado (Foto: Agustín Rivera) Telma (Telescopio Málaga) es de los más rápidos del planeta. Localizado en Bootes-2, una estación experimental situada en La Mayora, en Algarrobo Costa (Málaga), estudia desde 2001 las explosiones de los rayos gamma, que duran un minuto como máximo. En apenas diez segundos, puede estar enfocando a Oeste y girar a Este, tomar la fotografía… y ahí está: es el llanto de un agujero negro recién nacido. Ocurrió cuando el universo tenía poco más de 1.000 millones de años. Habían pasado 12.950 millones de años cuando esa luz llegó a Telma. Fue el 6 de junio de 2013, a las 23.04 hora española.

El padre de la criatura se llama Alberto J. Castro-Tirado, astrofísico malagueño de 48 años, director científico del proyecto Bootes (acrónimo en inglés de Observatorio de estallidos y Sistema de exploración de fuentes esporádicas ópticas). Cuenta con centros en Nueva Zelanda, China y México. El equipo que lidera ha logrado completar una red de telescopios robóticos en todo el hemisferio Norte. España es el único país que lo ha conseguido. Castro-Tirado disecciona a Teknautas cómo funciona Bootes-2, el prototipo de estaciones que sirve como referencia a las instaladas en otras partes del planeta. Y eso que astronómicamente no es de los sitios mejores: está situado apenas a 200 metros del mar y a 50 metros de altura.

¿Por qué eligieron entonces La Mayora? Se trata de un centro hermano del CSIC, que ofrecía condiciones óptimas de seguridad e infraestructura suficiente para instalar el observatorio, con fácil acceso por autovía con Málaga capital (a 40 kilómetros de distancia) y buena conexión a Internet. “Aquí probamos toda la tecnología, tanto en hardware como en software”. La sala donde se ubica el telescopio dispone de tres patentes. La primera es la estructura a dos aguas. La otra es la cámara y la tercera es el espectrógrafo, el instrumento que toma imágenes por un lado y espectros por otro.

El telescopio capta la luz directa de las estrellas, tal y como están dispuestas en el firmamento. Con el espectro se selecciona una de ellas y mediante una rendija y un elemento dispersor se separa la luz de esa estrella en sus distintos colores. Así, se puede ver la composición química de la estrella, como si fuera un arcoíris. Y luego se encuentra el motivo científico principal del experimento: estudiar los rayos gamma que se observan dos o tres días a la semana en el universo. Primero lo ven los ojos electrónicos de los satélites que están en órbita. Se detecta el fogonazo de rayos gamma y rápidamente envían un SMS a los teléfonos móviles del equipo y al ordenador del telescopio con la posición aproximada del cielo donde se ha producido ese destello.

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El proyecto UFFO (Ultra-Fast Flash Observatory)

© Proporcionado por El Confidencial En ocho segundos, diez máximo, el telescopio se orienta para captar la imagen. “Es muy importante que el telescopio esté apuntando a la zona de la explosión mientras todavía se está produciendo porque podemos aprender bastante de la física de las explosiones”, explica Castro-Tirado, investigador del Instituto de Astrofísica de Andalucía (IAA-CSIC) y que no para de participar en proyectos internacionales:

Es uno de los coordinadores del proyecto UFFO (Ultra-Fast Flash Observatory), lanzado el pasado mes de abril como carga de la nave Lomosonov, como contó en su cuenta de Twitter. UFFO/Lomosonov, desde una altura de 490 kilómetros, es un telescopio de seguimiento rápido que detectará la emisión en rayos X, luz visible y ultravioleta asociada a los instantes iniciales de los estadillos cósmicos de rayos gamma.

["Antes nadie creía en la existencia de los agujeros negros, ni siquiera Einstein"]

Este “llanto de un agujero negro recién nacido” es en realidad una estrella masiva situada en una galaxia muy remota, en los confines del universo. ¿Cómo se forma? "La estrella explota con sus capas más externas expulsadas al espacio. Las partes más internas colapsan formando un nuevo agujero negro y una onda de choque se propaga en su galaxia barriendo el medio interestelar y llegando radiación hasta nosotros al cabo de miles de millones de años". En Bootes-2 se detectó, aquel 6 de junio de 2013, “una luz muy enrojecida”, narra este profesor de investigación del CSIC desde 2012 tras haber ingresado en esta institución en 2001 como científico titular.

Miembro de la Academia Malagueña de Ciencias

Ilustración de un agujero negro supermasivo. © Externa Ilustración de un agujero negro supermasivo. El Gran Telescopio de Canarias (GTC), el telescopio de mayor diámetro del planeta, que colabora con Bootes-2, tomó el espectro de una parte de esa débil luz que se pudo fotografiar en Algarrobo Costa. La otra parte estaba ausente. “Eso se interpreta que se encuentra a una distancia enorme, que prácticamente emite cerca del infrarrojo, no lo hacen en zona óptica. Es de la luces más lejanas que hemos visto en el universo. Así hemos demostrado que se puede hacer Ciencia con un telescopio de tamaño mediano, de 60 centímetros de diámetro”, cuenta Castro-Tirado, que el pasado 13 de mayo fue elegido miembro de la Academia Malagueña de Ciencias. Su discurso de toma de posesión se tituló ‘6.000 años observando las estrellas: de Menga y al-Andalus hasta los confines del universo’.

En la estructuralo único que no es fabricación española es el telescopio, valorado en 90.000 euros. Se hizo en Alemania. El investigador insiste en la importancia de la rapidez: se mueve 10 grados por segundo al cuadrado. Puede alcanzar una velocidad punta de 100 grados por segundo, que en velocidad de crucero supondría cuatro grados por segundo, “pero tarda más porque tiene que acelerar de 0 a 100”. El diseño de la cámara, que costó 50.000 euros, lo ejecutó un equipo dirigido por la Universidad de Granada formado por ópticos y físicos. En Bootes-2 también participa el catedrático de Ingeniería de Sistemas y Automática de la Universidad de Málaga, Víctor Muñoz. 

“Nuestro equipo no sólo hace Ciencia puntera, sino transferencia de tecnología. Y en hoy en día eso es importante. El desarrollo de un país no debe basarse sólo en investigación básica, sino en contar con tecnología propia. Hay muchos grupos científicos en España que están intentando ir hacia ese modelo”, explica el investigador, con formación académica en Dinamarca, donde se doctoró en Astrofísica. También fue investigador en el Observatorio Astronómico de Copenhague. Ha publicado más de 250 artículos académicos en revistas como ‘Nature’ o ‘Science’. También le gusta la Ciencia-Ficción. Su favorita es 'Señales del futuro' ('Knowing', en inglés), de 2009, donde Nicolas Cage interepreta a un profesor de astrofísica. 

Castro-Tirado, Premio Descartes en 2002 y de Holanda de Investigación para jóvenes científicos e inventores menores de 21 años (lo logró en 1987), está ahora preocupado en la viabilidad económica del proyecto Gloria (Global Robotic-telescopes Intelligent Array) que permite que con Telma cualquier persona desde el ordenador de su casa o ‘app’ pueda visionar estrellas o la Luna. La financiación de la UE del proyecto acabó hace tres años. “Hacen falta dos personas para dar robustez al software. Nos gustaría integrar China y México”. Necesita 80.000 euros. Admite que la solidez del acceso remoto no es tan buena como antes. “Hay empresas privadas con telescopios más pequeños que intentan ofertar este servicio, pero hay que pagar y nosotros queremos hacerlo gratis. Ojalá encontremos un mecenas”, insiste- 

¿Qué objetivo se plantea el proyecto Bootes, que empezó en 1998, con el centro de El Arenosillo, en Moguer (Huelva)? Sudáfrica para finales de este año y Chile en 2017 son los próximos proyectos. “Estamos pendientes de 150.000 euros de financiación. La de Chile no está asegurada. Si la conseguimos, ganaríamos la carrera a Estados Unidos, que les queda la estación del Tibet. Empezamos la carrera hace 18 años, pero no tiro la toalla. Es posible llegar a ser los primeros”. Lo dice con la confianza de ver otro llanto de un agujero negro sin que tengan que pasar otros 12.950 millones de años…


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