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El atentado que dejó paralítico a Wolfgang Schäuble

Logotipo de ABC ABC 12/10/2015

El ministro de Finanzas alemán, Wolfgang Schaeuble © Diario ABC El ministro de Finanzas alemán, Wolfgang Schaeuble El ministro alemán de Finanzas, Wolfgang Schäuble, encarna en Alemania la disciplina y el sacrificio desde el atentado sufrido hace ahora 25 años, que le dejó atado a su silla de ruedas, pero no le impidió seguir ejerciendo de hombre fuerte, tanto del entonces canciller Helmut Kohl como ahora de Angela Merkel.

Fueron tres disparos, lanzados minutos antes de las diez de la noche del 12 de octubre de 1990, con un revólver del calibre 38 a medio metro de distancia del político y en un mitin en Oppenau, una pequeña población de la Selva Negra, ante unos 300 asistentes.

Un disparo le atravesó la mejilla derecha, pero no le tocó el cerebro; otro le quedó incrustado en la columna vertebral; el tercero fue a parar al estómago del guardaespaldas, que se interpuso entre él y el agresor.

El lugar de los hechos era el restaurante «Gasthof Brauerei Bruder», en el distrito electoral de Baden-Württemberg (sur) por el que Schäuble tenía desde 1972 -y tiene aún- su escaño de diputado.

«No siento las piernas», fueron sus primeras palabras, desde el suelo del local, abatido por los disparos de un hombre de 36 años, Dieter Kaufmann, un enajenado con antecedentes por drogas, vecino de la región, que actuó movido por manía persecutoria hacia el político.

El «canciller de la reunificación»

Schäuble tenía entonces 48 años, era ministro del Interior de Kohl y, dentro y fuera de la Unión Cristianodemócrata (CDU), se le consideraba el heredero del llamado «canciller de la reunificación».

Hacía nueve días que había entrado en vigor el Tratado de Unidad, tras una negociación vertiginosa con las cuatro potencias que derrotaron al nazismo —EEUU, Francia, Reino Unido y la Unión Soviética—.

Schäuble fue el arquitecto del Tratado por el que se extinguió la República Democrática Alemana (RDA) y fue él quien estampó su firma en el acuerdo, por parte de la República Federal de Alemania (RFA).

En Oppenau no había un dispositivo especial de seguridad, pese a su relevante posición de entonces y a que en abril de ese año el líder socialdemócrata Oskar Lafontaine había sufrido una agresión similar, también en un mitin y también por una perturbada.

Schäuble jugaba en casa y Oppenau era una cita de rutina, lo que aprovechó Kaufmann, sin profesión conocida, en libertad desde 1984 y en tratamiento por esquizofrenia, que acudió al acto en bicicleta y disparó al político con el arma de su padre -alcalde local-.

A la frase del «no siento las piernas» siguió el urgente traslado de Schäuble a un hospital local y de ahí a la clínica universitaria de Friburgo, donde se le extrajo la bala de la columna vertebral.

Tanto él como su guardaespaldas, un policía de 28 años que probablemente le salvó la vida, estaban fuera de peligro, se informó horas después. Al autor del ataque se le había detenido de inmediato.

Schäuble, un apasionado del fútbol y disciplinado jugador de tenis, padre de cuatro hijos, la menor de los cuales estaba ese día en el mitin, quedó paralizado de cintura para abajo.

Se enteró de que nunca más volvería a andar tras despertar del coma inducido al que se le sometió. Su reacción, según ha explicado en entrevistas, fue preguntar por qué no le dejaron morir esa noche. Superó ese sentimiento inicial de derrota y unos meses después reapareció en campaña, aclamado como un héroe.

A partir de ahí agrandó su perfil de sucesor de Kohl, pero éste no le pasó las riendas de la CDU hasta caer derrotado en 1998 frente al socialdemócrata Gerhard Schröder.

Escándalo en el partido

Schäuble asumió la jefatura de la CDU justo antes de estallar el caso de su financiación irregular bajo la «era Kohl». Renunció al cargo, salpicado por el escándalo, mientras Merkel se convertía en su líder con una llamada a emanciparse del patriarca.

De soldado de Kohl -con el que rompió a raíz del escándalo- pasó a serlo de Merkel, primero en la oposición y luego ya en el poder, como ministro del Interior y luego de Finanzas.

El golpe sufrido con el atentado, más los de la política, redondearon su aureola de luchador. Entre sus compatriotas se le apoda «el poder en silla de ruedas», mientras a escala global representa el dogma de la austeridad, también en la esfera privada.

Su agresor fue condenado e ingresó en un psiquiátrico, del que salió hace unos años. Su guardaespaldas murió de cáncer en 2004.

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