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El Atlético se mete en un buen lío

Logotipo de El Mundo El Mundo 27/09/2017 EDUARDO J. CASTELAO

Cómo sería la cosa que ni sacó de centro el Atlético. Fue marcar Batshuayi y pitar el árbitro el final. Literalmente. Todo empezó en una falta absurda de Koke sobre David Luiz con el tiempo de prolongación a punto de agotarse. El Chelsea, no se sabe muy bien cómo, empezó a hacer circular la pelota por la frontal del área del Atlético, que asistió impávido a los pases. Lo hizo como si diera por hecho que el árbitro pitaría. El balón, ¡sorpresa! apareció en la banda derecha, donde estaba ¡más sorpresa! Marcos Alonso, el lateral izquierdo, y... total, que Batshuayi, inédito hasta ese momento, la empujó y deja al Atlético en un lío de mil demonios.

Tras dos jornadas, tiene al Chelsea a cinco puntos y a la Roma a tres

. En ninguno de estos años se ha visto tan asfixiado el equipo de Simeone, al que le espera una Champions sin red de aquí al final del grupo.

[Narración y estadísticas: 1-2]

© Proporcionado por elmundo.es

Lo pasó realmente mal el Atlético. Muy pocas veces, casi ninguna, se ha visto sufrir así al equipo de Simeone actuando como local. Algún rato contra el Barça, algún otro rato contra el Bayern... Y poco más. Pero ninguna vez tanto rato seguido. Fueron 80 minutos de agobio constante por parte del Chelsea, una mole más que un equipo donde el talento de Hazard y Cesc vive rodeado por delante de Morata, pero sobre todo por detrás de un ejército de forzudos con una relación más o menos intensa con la pelota: Azpilicueta, David Luiz, Bakayoko, Kanté, Marcos Alonso y Victor Moses son futbolistas graníticos con los que ir al choque resulta absurdo y a los que hay que regatear seis veces antes de dejarlos atrás. A eso hay que unirle el orden intrínseco que un entrenador como Antonio Conte exige a los equipos a los que entrena.

De esa mezcla entre un buen orden y una capacidad física asombrosa resultó el avasallamiento al que sometió el Chelsea al Atlético. El Metropolitano, enmudecido, veía como los ingleses impedían siquiera cruzar la línea del centro del campo a los suyos, incapaces de salir ni en corto -morían en el primer choque que hubiera- ni en largo -Correa y Griezmann no llegaban nunca a las disputas con los centrales-. No era solamente una cuestión de impedir el fútbol del contrario. El equipo de Conte movía la pelota con parsimonia hasta que llegaba a los pies de una motocicleta llamada Hazard.

El belga, con un centro de gravedad muy bajo y unas piernas como columnas del Partenón, tiene una conducción de pelota muy difícil de defender y fue así como a los cuatro minutos cruzó el campo rojiblanco con el balón cosido al pie y cruzándose delante de Koke primero y de Thomas después para morir en la frontal. Fue así como después vio a Morata, que la echó fuera, y fue así como estrelló la pelota en el poste con un disparo desde fuera del área. Con el miedo en el cuerpo, el Atlético prefirió guardar la pelota las pocas veces que se encontró con ella y esperar a que llegaran tiempos mejores. Tardaron en llegar, pues la primera opción clara de los locales apareció en el minuto 35. Fue una pared entre Juanfran y Correa. El centro del lateral, que cuajó un muy buen partido, terminó en un barullo.

Poco después llegó el penalti que permitió al Atlético irse al descanso por delante de un modo difícil de explicar. El agarrón de David Luiz sobre Lucas fue grosero. Griezmann no dudó y ya tiene para sí la honra de haber marcado el primer gol del nuevo estadio y el primer gol europeo del nuevo estadio también. Y todavía pudo ser peor para un Chelsea que se rascaba la cabeza preguntándose cómo podía ir perdiendo ese partido. En el último minuto del primer tiempo un contragolpe dejó a Saúl solo tras un despeje de Courtois. La echó fuera por poco. Por muy poco.

A la vuelta mandó el Chelsea de inicio, igual que en toda la primera parte. Se plantó en la mitad del campo rojiblanca y porfió hasta que, en un centro lateral de Hazard, Morata encontró la fortuna que se le había resistido durante todo el primer tiempo. Fue en ese instante cuando el partido se entregó a un periodo de paz que no le venía mal a ninguno.

Los mensajes desde los banquillos fueron opuestos. Simeone dio entrada a Torres para tratar de equiparar el físico y metió a Giménez para jugar con defensa de tres y de paso evitar la segunda amarilla de Thomas, demasiado expuesto. Conte, de una forma inexplicable, le entregó esos últimos minutos de tranquilidad a su rival sacando del campo a Morata, Hazard y Cesc. Sin ellos, el Chelsea se esfumó y el Atlético lo agradeció. Tanto se relajó que permitió esa última jugada. Y está en un lío enorme.

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