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El calvario de los seis iraníes felices

Logotipo de EL PAÍS EL PAÍS 22/05/2014 Ángeles Espinosa

La puesta en libertad de los tres chicos y tres chicas detenidos en Irán por bailar al ritmo del Happy de Pharrell Williams no es, por ahora, un final feliz. Además de que aún están pendientes de juicio y de que sus familias han tenido que depositar cuantiosas fianzas, los jóvenes fueron maltratados durante su encierro. Según han contado a su círculo más íntimo, las chicas fueron obligadas a hacer sentadillas desnudas delante de varias agentes de policía. El incidente pone de relieve los retos internos que afronta el presidente Hasan Rohaní para mejorar la imagen internacional de su país.

“De no haber sido por la movilización internacional, estos chicos podrían haber pasado meses e incluso años entre rejas”, ha declarado a EL PAÍS Hadi Ghaemi, el director ejecutivo de la Campaña Internacional por los Derechos Humanos en Irán.

El calvario de Neda, Bardia, Rohan, Reihanet, Sepideh y Afshin empezó el pasado domingo, casi un mes después de que hubieran colgado su vídeo en YouTube emulando a muchos otros fans de Pharrell en todo el mundo. Ese día, la policía irrumpió en casa de Reihanet Taravati y los detuvo a ella y a sus cinco amigos, según ha informado Iranwire citando una fuente cercana al grupo. Esta joven artista y fotógrafa de moda, que sale en el clip en el papel de Happy y también como directora artística, anunció su liberación el miércoles en Instagram, pero el director del vídeo, Sassan Soleimani, continúa detenido.

Los jóvenes han revelado que los agentes les llevaron inicialmente a la comisaría de Vozara, en el centro de Teherán, donde no les permitieron utilizar los retretes. Al segundo día, los trasladaron a celdas de aislamiento. Durante todo el tiempo fueron interrogados sobre el vídeo y sus contactos con medios extranjeros. Además, las chicas fueron obligadas a desnudarse y hacer sentadillas delante de mujeres policía. 

Por si ese trato vejatorio no hubiera sido suficiente, aún fueron exhibidos en la televisión estatal el pasado martes. De espaldas a la cámara, aseguran que fueron “engañados” y que no sabían que el vídeo iba a difundirse, una línea que hace temer a Ghaemi que Soleimani sea “torturado para que se autoinculpe y tener un chivo expiatorio”. La confesión televisada, una práctica condenada por las organizaciones de derechos humanos, pretendía servir de escarnio para quienes se sientan tentados de ignorar las estrictas normas morales de la República Islámica. 

Aunque no se han hecho públicos los cargos contra los jóvenes, las tres mujeres aparecen sin el pañuelo de rigor y además bailando con hombres con los que no tienen parentesco, algo que está prohibido en el país. También el acceso a YouTube (y a otras redes sociales) está censurado y sólo puede hacerse a través de VPN (redes virtuales privadas). Sin embargo, una cosa son las normas y otra la realidad de un país con dos tercios de la población menor de 35 años, y 30 millones de internautas entre sus 77 millones de habitantes.

El presidente Rohaní se ha manifestado con frecuencia a favor de mayores libertades personales. Apenas un día antes de la detención de los seis jóvenes volvió a defender el libre acceso a Internet y a las redes sociales. No obstante, hasta el momento ha preferido evitar el enfrentamiento directo con los sectores más conservadores que temen que esa libertad acabe con el régimen. Por otra parte, sin el clima más relajado que se respira en Irán desde su llegada al Gobierno, resulta improbable que se hubiera difundido un vídeo como el de la controversia.

“Mi hermana y sus amigos sólo querían mostrar al mundo que también tenemos momentos de felicidad, a pesar de los numerosos problemas a los que nos enfrentamos en Irán. Sólo estaban mostrando su felicidad y les detuvieron por eso”, ha declarado a Iranwire Siavash Taravati,  quien en los créditos del vídeo figura como responsable de sonido. 

La familia de Taravati ha tenido que depositar una fianza de 400 millones de riales (11.500 euros) para que Reihanet pudiera abandonar la cárcel. En el caso de los otros cinco jóvenes, la cantidad ha sido de 300 millones de riales. Antes de su liberación, la policía advirtió a las familias de que no hablaran con los medios de comunicación. Además, según el hermano de Reihanet, los agentes les confiscaron cámaras, ordenadores y teléfonos móviles. 

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