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El Camp Nou, la gran pantalla del independentismo

Logotipo de El Mundo El Mundo 01/10/2017 elmundo.es
Pancartas a favor del Referéndum en las gradas del Camp Nou / EFE © EFE Pancartas a favor del Referéndum en las gradas del Camp Nou / EFE

Vive el presidente Josep Maria Bartomeu una profunda contradicción como presidente del Fútbol Club Barcelona. A ojos de los sectores independentistas, el mandatario ha desaprovechado una oportunidad única para que el club se convirtiera en el gran ariete soberanista que Joan Laporta siempre habría soñado. Como muestra, que en el club nunca se planteara la posibilidad de que el Camp Nou acogiera la votación del referéndum suspendido por el Tribunal Constitucional. O la guerra subterránea mantenida con TV3. Sin embargo, y en un claro ejercicio de equilibrismo, el actual gobierno azulgrana ha permitido que el independentismo haya evolucionado en sus gradas. Tanto que no hay mejor pantalla mediática para la propaganda que el estadio barcelonista. «Pero el club nunca se ha definido como independentista. Defendemos el derecho a decidir, no qué votar», señala una fuente cualificada de la entidad azulgrana, que aglutina el posicionamiento del Barcelona en «la defensa de la libertad de expresión».

Este domingo, en el marco del partido que enfrentará al primer equipo azulgrana contra Las Palmas en pleno 1-O, las enseñas de organismos como Òmnium, la Plataforma Pro Seleccions Catalanes o Crida per la Democràcia volverán a colgar en los laterales del Camp Nou. «Nosotros no autorizamos expresamente las pancartas. Pero sí es cierto que, si no son ofensivas, se permiten. Del mismo modo que dejamos las que critican al presidente», argumenta un portavoz del Barcelona.

No hay más que echar un vistazo a la tradición histórica del club para comprender que siempre procuró implicarse en la escaramuza política. Manuel Tomás y Frederic Porta, en su obra Barça inèdit, ya indicaban que el 27 de junio de 1920 se leyó en la asamblea de socios una memoria que así finalizaba: «Somos del Fútbol Club Barcelona porque somos de Cataluña. Hacemos deporte porque hacemos patria». En 1922, y según recogen los mismos autores, en el boletín oficial de la entidad se publicó un boceto de la tribuna del futuro campo de Les Corts «donde se veía una senyera estelada presidiendo un conjunto de banderas de países extranjeros, sin que apareciera la española».

En el Barcelona acostumbran a señalarse varios episodios pretéritos para defender sus posiciones. Como la pitada a la Marcha Real del 14 de junio de 1925 en el campo de Les Corts durante la dictadura de Primo de Rivera, por la que el club fue suspendido durante medio año. O el apoyo explícito a los Estatutos de autonomía de los años 1932, 1979 y 2006.

Aunque el Barcelona, tal y como le ocurre ahora a Bartomeu, topara con profundas contradicciones. El ex presidente azulgrana Narcís de Carreras, en 1968, fue quien incorporó en un discurso -lo hizo en castellano en cumplimiento de la ley- la expresión «más que un club». De Carreras fue procurador de Las Cortes franquistas y simpatizante del Movimiento Nacional.

Tras la muerte de Franco, las senyeres comenzaron a generalizarse en las gradas del Camp Nou. En 1981, la Crida a la Solidaritat reunió en el estadio a cerca de 100.000 personas con el lema: «Som una nació» (Somos una nación).

Aunque nada como atender a acontecimientos más cercanos. Joan Laporta, el presidente que más arrimó al Barcelona al independentismo, incorporó a su junta directiva a su entonces cuñado, Alejandro Echevarría. Éste tuvo que presentar la dimisión tras desvelarse que era patrono de la Fundación Francisco Franco. Apenas 48 horas después, el Camp Nou acogía el llamado Correllengua, en el que, bajo una reivindicación de la unidad lingüística, se desplegó un enorme mapa de los «países catalanes». Fue el día en que el actor Joel Joan asomó en el césped para gritar: «Visca els Països Catalans lliures».

Tampoco bajó la guardia Sandro Rosell, hijo de uno de los fundadores de Convergència. Inauguró su mandato con una visita al entonces jefe del Ejecutivo extremeño, Guillermo Fernández Vara, a quien Laporta había insultado meses atrás. Rosell pretendía que con dicho acto, los aficionados que no fueran de Cataluña «se sintieran queridos por el Barça». El mismo presidente, el 29 de junio de 2013, abriría las puertas del Camp Nou para que Òmnium, bajo el amparo del gobierno de la Generalitat, organizara el Concert per la Llibertat. Aquello acabó con más de 90.000 personas reclamando la independencia en el estadio azulgrana y un mosaico humano que dibujaba el lema Freedom Catalonia 2014. Por las entrañas del estadio también pasó la cadena humana de la Vía Catalana hacia la Independencia.

«Respetamos la pluralidad de todos nuestros socios y aficionados, sin dar ninguna indicación respecto a qué posicionamiento tomar. Nosotros no hacemos política de partidos», se reafirma el gobierno de Bartomeu a EL MUNDO. Mientras, el Camp Nou ya se prepara.

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