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El cantante omnívoro

Logotipo de EL PAÍS EL PAÍS 03/10/2017 Luis Gago

Hay cantantes de repertorio corto y estrecho y, en el otro extremo, los hay también de repertorio largo y ancho, para quienes parece que no hay nada que, potencialmente al menos, no pueda resultar digerible antes o después. Este último fue el caso, por ejemplo, de Dietrich Fischer-Dieskau, capaz de amoldarse a cualesquiera estilos, idiomas o géneros, y sigue siéndolo de Plácido Domingo, que ha traspasado incluso las barreras de su propia cuerda para adentrarse en la de barítono. Jonas Kaufmann está realizando también un viaje exhaustivo a todos aquellos rincones que puedan acomodarse a su voz de tenor, más lírica al comienzo, más dramática y con mucho más peso en la actualidad. Conviene recordar, por ejemplo, que hace tan solo 15 años estaba cantando en la Ópera de Zúrich Il ritorno d’Ulisse in patria, de Claudio Monteverdi, bajo la dirección de Nikolaus Harnoncourt. Del personaje de Telémaco que cantó entonces al de Otello que ha abordado por primera vez este verano en la Royal Opera House hay una distancia sideral, la misma que separa a aquel joven prometedor y apenas conocido de la celebridad mundial en que se ha convertido el ya plenamente maduro cantante alemán.

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Kaufmann no ha querido encasillarse en ningún repertorio y ha logrado sentar cátedra en todos ellos, ya sean italianos, franceses o alemanes. Su carrera va ascendiendo peldaños incesantemente, aunque siguen quedándole retos que afrontar. El más importante quizá, tras mudarse en Parsifal, Lohengrin o Walther von Stolzing (Los maestros cantores), es acometer el Tristán wagneriano, aunque parece ser que cantará —de momento— el segundo acto de la ópera en concierto con la Sinfónica de Boston el año que viene. Ya ha anunciado que encarnará a Tannhäuser y Sansón, siguiendo también aquí los pasos de Plácido. Tampoco rehúye el Lied alemán y su Winterreise o su más reciente incursión en Strauss han reforzado sus credenciales en este ámbito. El gran interrogante es si su voz se recuperará del todo de las dolencias que lo apartaron de los escenarios el año pasado (canceló en dos ocasiones un recital en el Teatro Real), ya que en su Lohengrin parisiense en enero, e incluso en el Otello de Londres meses después, ha dado claras muestras de no estar aún al nivel previo a aquel largo paréntesis. Kaufmann se exige muchísimo: a él y a su voz. Ojalá esta dieta omnívora y un tanto frenética no acabe fagocitando a uno y a otra.

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