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El cantor de la ciudad

El Mundo El Mundo 04/06/2014 RAÚL RIVERO

JUEVESPoeta del alba y la noche

Efraín Huerta Romo, un señor de Guanajuato que fracasó como estudiante de derecho y como periodista de la crónica roja, tendría un sitio de todas formas entre los personajes que han habitado la Ciudad de México porque amaba el futbol, era un Don Juan taimado, cerraba las cantinas al amanecer, era imperfecto, tenía sentido del humor y, en vez de querer parecerse a un animal hermoso y noble, soñaba que lo confundieran con un gran cocodrilo.

El hecho que lo saca de esa inmortalidad provinciana asequible a cualquier ciudadano y lo hace universal para la lengua española es que, a los 30 años, en 1944, publicó el libro de poemas Los hombres del alba, un terremoto callado y restaurador que cambió para siempre la poesía de América Latina.

Es a ese poeta y al de 'Absoluto amor', 'La rosa primitiva', 'Poemas prohibidos y de amor', 'Estampidas y poemínimos', al que recuerda México y toda aquella región ahora, en este mes de junio, cuando cumple 100 años y su obra no permite que los represente porque lo mantiene vivo, vigente, en la emoción de sus poemas y en los mitos de su anecdotario donde cada día bebe más tequila, fuma más cigarros que nadie y se comporta como un legítimo canalla empadronado en el peligroso barrio capitalino de Tepito.

Los mexicanos celebran también al periodista, un crítico de cine enamorado de las estrellas y amigo de los galanes, autor de reseñas de partidos de fútbol y de historias cotidianas con una prosa directa, vital, con la que contó sus viajes y encaró sus preocupaciones sociales. Huerta trabajó durante medio siglo en algunos de los más importantes diarios de su país.

Compañero de viaje de Octavio Paz -separados por la política y unidos por los versos- y de otros importantes escritores mexicanos, Huerta creía que la poesía es el segundo esqueleto del ser humano y la víscera esencial del hombre. Huerta lo cantó todo con amor o con escalamiento y alevosía, implacable y severo hasta delante de los espejos porque dejó dicho que se sentía enormemente feliz de ser un poeta de segunda categoría del tercer mundo.

Era un hombre, en general, alegre y extrovertido, que también se llevó al final algunos misterios que nadie puede desentrañar, como el de la bella señora vestida de negro que el día del funeral del poeta, en febrero de 1982, se acercó al féretro sin saludar ni mirar a los dolientes y puso sobre el cristal del ataúd una bala del calibre 45. Se volvió y se fue tan. Nunca se ha sabido quién es.

Yo tengo en el recuerdo y para siempre a un David Huerta que no llega todavía a los sesenta años, en el verano de 1967. Y es en aquél hombre alto, luminoso, divertido y cercano en el que pienso, el que me acompaña cuando, desde Madrid, llevo a la fiesta de su cumpleaños estos versos de su declaración de amor a la Ciudad de México: "Ciudad que lloras, mía, / maternal, dolorosa. / bella como camelia / y triste como lágrima / mírame con tus ojos de tezontle y granito. / caminar por tus calles / como sombra o neblina... / Soy la ronca miseria, / la gris melancolía, / el fastidio hecho carne, / Yo soy mi corazón desamparado y negro".

VIERNESCon sangre en las venas

No pudo más. Se le cayó de las manos y si le tira un repaso al libro que lo llevó a la fama y a la gloria piensa que habrá que ingresarlo de urgencia en un hospital. El uruguayo Eduardo Galeano escribió hace unos días que no volvería a leer 'Las venas abiertas de América Latina' por su retórica gastada y por la ausencia de un criterio económico mejor informado. Como la pieza era una especie de biblia de la izquierda de aquella región, Galeano ha pasado a ser un agente del imperialismo para algunos, y un intelectual honrado y lúcido para otros.

En esta segunda lista se ha inscrito esta semana el músico y actor panameño Rubén Blades. En una nota pública asegura que los intelectuales de la izquierda tradicional criolla permanecen encerrados en un dogma indefendible, "colgados todavía de rituales como el culto a Fidel y disertando dentro de los confines de la retórica pura del 60, como si no hubiera transcurrido el tiempo y como si no hubiesen aprendido nada de lo ocurrido desde entonces".

La autocritica de Galeano es un signo de madurez , dice el panameño, y no significa la aceptación de la derecha. "Su autocrítica no equivale a un abrazo con el fascismo, como el que se dio Stalin con Hitler en el 40, para quedarse con la mitad de Polonia, algo que tampoco fue criticado en su momento por la mayoría izquierdista". Blades recuerda que en la actualidad, Venezuela suministra a Estados Unidos el petróleo que le permite «continuar con el ritmo de su acción imperialista» y al mismo tiempo, agrega, en Nicaragua "Ortega se alía con lo que una vez denunció como el corrupto poder político para alterar la constitución y poder lograr la reelección". Según Blades, el socialismo debe trascender a la tesis de la oferta política que permuta oportunidades materiales a quienes necesariamente no las han ganado a cambio de una subordinación absoluta. El músico de Panamá termina su nota con una felicitación al uruguayo por su honradez.

Galeano sentenció 'Las venas abiertas de América Latina' así: "No sería capaz de leer el libro de nuevo, esa prosa de izquierda tradicional es pesadísima. Mi físico no aguantaría".

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