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El Capitán Trueno

Notodo Notodo 08/11/2016 Irene Galicia

Es sin lugar a dudas el héroe español más legendario, un hombre de acción y paradigma del altruismo, defensor de pueblos oprimidos y castigador de tiranos. Caballero valeroso y solidario, que lucha por grandes ideales como la justicia, la libertad y la paz, recorre el mundo en compañía de unos secundarios de lujo: su eterna novia Sígrid y sus inseparables Goliat y Crispín.

El capitán político
El capitán Trueno fue EL héroe, con mayúsculas, para varias generaciones de chavales que ahora pintan muchas, pero que muchas canas. En los cincuenta no había televisión y los únicos medios de difusión de masas eran la radio y la prensa, así que no es de extrañar que este fuera el cómic más vendido de nuestra historia. Trueno, además, consiguió traspasar fronteras y se atrevió a luchar contra caudillos y dictadores en la España de Franco.

La censura quería ver derrotados a los ateos bajo los valores católicos, y en las historietas los árabes, vikingos e incluso los cristianos podían ser tanto héroes como villanos. Para colmo, Trueno era además un agitador que alzaba al pueblo contra los tiranos, un héroe con claros ideales. No obstante, se salvaba a menudo de la censura porque era un muy cristiano caballero cruzado, una pose muy acertada.

En sus páginas no solo se desprendía un fondo político sino también feminista. Víctor Mora, aparte de comunista, fue defensor de los derechos de la mujer que empezaban a despuntar en la España franquista, y convirtió a Sigrid en una heroína muy alejada del prototipo de compañera del héroe. Viviendo en pecado con Trueno, llegó incluso llegó a ser Reina de Thule sin la ayuda de éste. Mujer de carácter y diestra con la espada, en más de una ocasión salvaba el culo a los demás, algo que era inconcebible en la época.


El capitán expuesto
La muestra que acoge el Círculo de Bellas Artes aborda a nuestro héroe desde tres puntos de vista: literatura, arquitectura y tecnología. Las influencias literarias que van desde la Ilíada, la Odisea, Dumas y las sagas nórdicas a Julio Verne, pasando por Las mil y una noches, Kipling, Poe, Platón y hasta el Beowulf.

La arquitectura es el segundo bloque de la exposición, ya que para todos los lectores de la época estas viñetas fueron la primera ventana al mundo exterior desde la que asomarse a la Gran Muralla, las Pirámides de Egipto, las aldeas medievales europeas, los poblados africanos, etc.

Por último, se analizan los inventos y la tecnología que aparecen en las historietas a menudo de forma incongruente, como el globo aerostático, obsequio del gran mago Morgano, que se anticipa dos siglos para poder plantarle cara a Gengis Khan.


El capitán cómico
Otra de las razones de su éxito fue el tono cómico de las aventuras de Trueno, alejado de la seriedad de personajes precursores como El guerrero del Antifaz o Roberto Alcázar y Pedrín. Crispín y Goliath ponían el tono cómico en tiempos trágicos. No en vano Vázquez Montalbán aseguraba que el Capitán Trueno ofreció al país un discurso progresista en medio de la ortodoxia franquista.

Después de Trueno, surgieron un spin-off de Crispín, una serie de dibujos, una horrible película dirigida por Antonio Hernández y hasta una asociación de amigos del Capitán. Aunque esta muestra no pretende ser nostálgica, todo esto apunta a que en la dura posmodernidad seguimos suspirando por héroes medievales como él, convencidos de que si el Capitán Trueno pudiera venir, nuestras cadenas saltarían en mil y que necesitamos que venga él para que gane el bueno.




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