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El capitalismo se pone a pensar

Logotipo de EL PAÍS EL PAÍS 01/10/2017 Thiago Ferrer Morini
El presidente del grupo Prisa y EL PAÍS, Juan Luis Cebrián, habla en la ponencia acerca de los efectos de la digitalización en la economía. © Álvaro García El presidente del grupo Prisa y EL PAÍS, Juan Luis Cebrián, habla en la ponencia acerca de los efectos de la digitalización en la economía.

Cuando, en 1977, un grupo de empresarios encabezado por Santiago Foncillas se organizó en el Círculo de Empresarios, el objetivo de estos directivos era mover a una España aún bajo las estructuras franquistas hacia una sociedad liberal y democrática con una economía de mercado, como en el resto de Europa occidental. En estos 40 años, puede decirse que España ha logrado su objetivo: parecerse a sus socios europeos.

Y tanto se parece que ahora el país vive el mismo problema que el resto de sociedades capitalistas y desarrolladas: el descrédito de todo el sistema por parte de un segmento cada vez más amplio de la población, que a su vez ha desatado el auge de movimientos políticos nuevos y el resurgir de ideas que se daban desde hace tiempo por desacreditadas. Los efectos son ya lo suficientemente obvios como obligar a repensar el capitalismo para garantizar su supervivencia en el futuro. Y ese ha sido precisamente el tema de la 29ª cumbre internacional de centros de estudios especializados en negocios, organizada en Madrid este martes como parte de las conmemoraciones del aniversario del Círculo.

El descontento se produce a pesar de que, con las cifras en la mano, la humanidad en su conjunto nunca ha estado en una mejor situación. "Mark Twain dijo sobre Wagner que no es tan mala como suena, y lo mismo se puede decir de la globalización", considera Pankaj Ghemawat, profesor de Estrategia Global del IESE.

Cómo convertirse en Finlandia

Aunque ya no ocupa las posiciones en las clasificaciones PISA que antaño lideró, Finlandia continúa siendo un ejemplo mundial de un sistema educativo de éxito. Para el director de la Agencia Nacional de Educación del país nórdico, Jorma Kauppinen, "el espíritu del sistema educativo finlandés tiene tres pilares: primero, unos estándares elevados para todos; segundo, un espíritu de confianza en las autoridades locales (que son las que gestionan las escuelas) por parte del Estado, y de los directores y profesores por los Ayuntamientos. Y tercero, un sistema inclusivo, no selectivo, con metas y sendas centralizadas e implementación e implantación locales. Todos los profesores tienen un máster y los procesos selectivos son muy fuertes". Pero también hay un factor político: "Como en cada coalición siempre hay un partido de Gobierno que ha estado en el Ejecutivo anterior, no hay muchos cambios en la política educativa".

"Tras la victoria de Trump y el Brexit ha habido un sentimiento de que la globalización tal y como la conocíamos ha muerto", indica Ghemawat. "Pero solo ha cambiado, porque el comercio se ha mantenido estable, igual que los flujos de capital; pero los flujos de personas y, sobre todo, los flujos de información han crecido".

"Vemos una caída de la confianza pública en el capitalismo", considera Joseph Minarik, director de investigación del Comité para el Desarrollo Económico de The Conference Board. "En particular, por el extremismo, el partidismo y el consecuente atasco político". Para el experto estadounidense, los impulsores de estos movimientos son "gente trabajadora que se ha quedado atrás por la crisis financiera y la tecnología".

Michael Huther, director del Instituto de la Economía Alemana (IW, en sus siglas en alemán), coincide con esas ideas. "No estamos llevando a cabo la reintegración de los perdedores de la globalización", afirma. Huther puso como ejemplo a Alternativa por Alemania (AfD, en sus siglas en alemán), que con un mensaje antiinmigración y de nacionalismo económico se han convertido en la tercera fuerza política del país en las elecciones de la semana pasada. "Los que votan a AfD no son pobres ni nunca lo han sido", apunta. "Están en los segmentos más bajos de la clase media y tienen la sensación de que pueden perder lo que tienen".

Por esa razón, según Javier Vega de Seoane, presidente del Círculo de Empresarios, no se puede hablar de recuperación económica si esta no da oportunidades a todo el mundo, "especialmente a los más débiles". "Debemos alejarnos de escenarios demagógicos e impulsar una política social proactiva", considera Francisco José Riberas, consejero delegado de Gestamp.

Esta disociación del crecimiento se debe, sobre todo, a los cambios tecnológicos. En 2014, Bruegel alertó de que más de la mitad de los empleos en Europa estaba en riesgo por la digitalización de la economía. "El tsunami ha afectado a muchos sectores", recuerda Juan Luis Cebrián, presidente del Grupo Prisa y de EL PAÍS. "El primero fue la música; le siguieron los periódicos y ahora es el turno de la televisión abierta".

Pero para Jacques Bughin, director del McKinsey Global Institute, "aunque, efectivamente, la tecnología destruye empleos, también los crea. Y la mayor productividad hará que la tarta a repartir sea más grande". La adaptación es imprescindible, porque esos empleos son necesarios. "Los seres humanos necesitan trabajar", considera Duncan Tait, vicepresidente de Fujitsu para Europa y América. "No solo por el dinero, sino por el sentido de amor propio".

Otras empresas

Las empresas que trabajan en este mundo nuevo también cambian. "Antaño, el tamaño era una ventaja competitiva", señala Ingemar Naeve, presidente del Comité 2030 del Círculo de Empresarios. "Pero en este mundo darwinista, no es el más grande, sino el más hábil". Además, la digitalización de la economía exige un nuevo perfil de trabajador. "Necesitamos mentes abiertas y listas para la transformación", ha apuntado José María Álvarez-Pallete, consejero delegado de Telefónica. "Es una responsabilidad de todos impulsar una nueva educación con nuevos perfiles y habilidades digitales, con énfasis en ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas (STEM, en sus siglas en inglés)".

Desde luego, una cosa está clara, en palabras de Ingemar Naeve, presidente del Comité 2030 del Círculo de Empresarios: "Si fallamos como sociedad, no lo haremos por falta de información".

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