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El chico de Bilbao ya aspira a ser líder

El Mundo El Mundo 11/06/2014 LUIS ÁNGEL SANZ, MARISOL HERNÁNDEZ

El 18 de enero el aprobó que en noviembre celebraría primarias y decidió que se presentaría, tras un dilatado proceso de reflexión, propio de una persona como él, ponderada y un tanto introvertida. El muchacho que llegó a en 2004, procedente de Bilbao, con la firme voluntad de no usar en su carrera política el atentado que había sufrido dos años antes -le puso en su coche una bomba lapa-, se ha pasado la vida detrás de las bambalinas, como observador privilegiado del devenir del PSOE, siempre en una butaca de la segunda fila. De hecho, algunos llegaron a creer que éste era exactamente el lugar donde quería estar, el sitio ideal para un hombre sin un ápice de ambición. Había dicho no a ser consejero con y secretario de Estado con .

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Pero, desde el congreso de Sevilla, en 2012, Eduardo Madina lleva remoloneando con la idea de ser candidato -ahora aspirante a la Secretaría General del PSOE-. De repente, se vio. Comprendió que podía representar una solución para el PSOE, que tenía un proyecto de futuro y gente para encabezarlo. Ha llegado a esta conclusión solo, ajeno a consejos lisonjeros. En las últimas Navidades, a caballo entre Bilbao y Madrid, con su mujer y su hijo, acabó de convencerse. Y, cuando en enero, se proyectó hacer unas primarias en noviembre, había asumido que quería ver el futuro del PSOE desde el mejor palco.

Esta convicción es la que le ha permitido ganar a Susana Díaz un envite que parecía tener perdido de antemano. La retirada de la dirigente andaluza es el primer signo de la fortaleza de Madina. Político con un discurso amable y comprensible para los humanos, sino se le escucha hablar puede parecer alguien arisco y reservado. Se transforma con la conversación, como si expresar lo que piensa le permitiera mostrar quién es. No muy conocido fuera del PSOE, está muy bien valorado dentro.

En estos años Madina ha aprendido a disfrutar la vida con más intensidad. El atentado no sólo le mutiló gravemente parte de una pierna, también le impidió hacer una de las cosas con las que más disfrutaba: salir de pinchos por el casco viejo de Bilbao. Por motivos de seguridad se lo prohibieron. Tampoco pudo comprar allí un piso y tuvo que conformarse con buscar en las zonas que le delimitó la Ertzaintza.

Con la tregua de ETA ha vuelto de pinchos. Si no puede en Bilbao, en Malasaña (Madrid). Tiene 38 años y ha dejado de decir no. Quiere ser secretario general y ha demostrado agallas para conseguirlo. Los militantes decidirán si merece el trono.

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