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El científico sevillano que pasará cinco años estudiando los secretos de los rayos

El Confidencial El Confidencial 29/03/2016 Rocío P. Benavente

Un rayo cruzaba la cara de David Bowie en la portada de su disco Aladdin Sane, y se convirtió en la vía de homenaje tras la muerte del músico británico el pasado mes de enero. Un rayo nos avisa de cuándo tocar algo puede dejarnos fritos en el acto. Un rayo simboliza el misterio en una película de miedo, la furia de los dioses en muchas mitologías clásicas y con su acompañante el trueno son las manifestaciones más violentas de la naturaleza a las que muchos nos expondremos en nuestras vidas.

Los rayos son viejos conocidos de la humanidad. Desde que Benjamin Franklin los estudió con su cometa, la ciencia ha analizado estas potentes descargas eléctricas que caen del cielo. Pero eso no quiere decir que lo sepamos todo sobre ellos, ya que su naturaleza los hace esquivos a la observación sistemática: son rápidos y muy energéticos, por lo que no es fácil crear instrumentos de estudio que no se queden fritos al instante.

Alejandro Luque, investigador del IAA-CSIC © Proporcionado por El Confidencial Alejandro Luque, investigador del IAA-CSIC

Alejandro Luque quiere crear uno. Este físico del Instituto de Astrofísica de Andalucía - CSIC ha conseguido una beca Consolidator Grant del Consejo Europeo de Investigación, dotada con casi dos millones de euros a lo largo de cinco años, para desarrollar un modelo computacional que permita recrear todos los fenómenos que tienen lugar cuando cae un rayo y así analizarlos y entenderlos sin necesidad de acercarse demasiado a uno.

"Existen ya modelos parciales que explican algunos de esos fenómenos, pero requieren que introduzcas a mano algunos datos. Necesitamos lo que no tenemos: la comprensión global del fenómeno", explica el científico sevillano.

Rayos que avanzan a saltos

¿Qué nos queda por saber de los rayos? Entre otras cosas, Luque quiere analizar por qué no todos los rayos recorren de igual forma la distancia entre la nube y el suelo. La mayoría de los rayos, cuenta, son lo que llamamos rayos negativos, ya que se generan en la parte baja de las nubes, donde se acumulan las partículas con carga negativa. Suponen en torno al 90% de los rayos, y tienen la peculiaridad de que avanzan a saltos. "Si los observas con mucha resolución temporal, ves cómo el rayo está parado y en unas decenas de microsegundos da un salto, en vez de avanzar de forma continuada". 

"No sabemos por qué hacen esto, no tenemos una explicación física", asegura Luque. Los rayos positivos, los que se originan en la zona alta de las nubes, de carga negativa, no se comportan de este modo. Luque espera que con su modelo puedan entender qué factores contribuyen al fenómeno. Eso quizá ayude a entender otro fenómeno relacionado. 

"Hay otro fenómeno que queremos estudiar, y es el de las emisiones de altas energías que se producen a veces coincidiendo con esos saltos". En observaciones realizadas desde satélites en los años 90 se detectaron emisiones de partículas con energía asociada a rayos X o rayos gamma que los físicos no habrían esperado ver ahí. Después se percibieron también en tierra. "Ambas cuestiones están asociadas, porque vemos destellos de rayos X en esos saltos negativos". 

Así que esperan aprender de una para así entender mejor la otra. Si todo sale bien, en cinco años su equipo (tiene previsto contratar a seis jóvenes investigadores) será puntero en el mundo en el campo de los rayos. Se trata de una misión en pos del conocimiento. Las aplicaciones, si es que las hay, vendrán después: protección de ciertas zonas o lugares de la acción de un rayo (aunque los pararrayos ya funcionan perfectamente en la mayoría de los casos) y aprovechamiento de esas energías. Pero Luque lo deja claro: "Esta es una investigación de ciencia básica, el objetivo es entender mejor el fenómeno natural del rayo".

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