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El 'Club Bilderberg' del emoji: los poderosos que deciden qué iconos llegan a tu móvil

Logotipo de El Confidencial El Confidencial 04/10/2017 Michael Mcloughlin

Llega el viernes. Un tsunami de flamencas y palmas inundan tu WhatsApp. ¿Un cumpleaños del que sólo una persona de cincuenta recuerda? El grupo se llena al instante de velas, tartas y serpentinas a ver si el despiste pasa desapercibido. Banderitas. Monos. Caras sonrientes. Llorando de la risa. Enojadas. Con el ceño fruncido. O babeando, porque el contacto de turno está retransmitiendo cómo se zampa un chuletón.

Es imposible llevar la cuenta de los emojis que se mandan y se reciben cada día. Son una parte indispensable del lenguaje de millones y millones de personas. Hay alguno que se maneja mejor con estos símbolos que con la ortografía en las conversaciones desde el móvil. Da igual el sistema operativo o el terminal. Y da igual el lugar. Sirven exactamente igual en Zimbabwe, en las islas Fiji, en Tokio o en Cuenca.

El 'lobby' del código fuente

Pero, ¿cómo funcionan? ¿se ponen de acuerdo los fabricantes? ¿quién decide qué y cuándo se publica? ¿por qué se pintan de una manera en un teléfono y radicalmente diferente en otro? Todas estas respuestas pasan por el consorcio Unicode. Se trata de una especie de 'Club Bilderberg' de la tecnología, donde algunas de las mayores empresas del gremio trabajan desde hace más de un cuarto de siglo para crear una especie de 'esperanto' digital: llevar todas las lenguas y grafismos del Planeta para que puedan ejecutarse en cualquier plataforma.

¿Qué es exactamente un emoji? Lo primero que hay que aclarar es que no son emoticonos. Los emoticonos son expresiones realizadas con los caracteres del teclado. Un emoji es código. Letras, números y caracteres encápsulados que indican al sistema de turno que imagen debe pintar en cada momento.

Este 'lobby' se reúne tres o cuatro veces al año. Por supuesto, no tienen dedicación absoluta a estos símbolos, que son sólo una pequeña fracción de su trabajo. Cada cumbre dura cinco días. Allí se aprueban diferentes estándares, se controla cómo se lleva la digitalización de idiomas de todo el mundo y se eligen, por supuesto, los nuevos emojis.

De Facebook a Omán: ¿quién decide?

© Proporcionado por El Confidencial

El gobierno de esta organización no es sencillo. El organigrama cuenta con diferentes categorías y estatus. Dependiendo tus cargos, apoquinas más o menos. Si quieres ser uno de los pesados pesados -un 'full member', como dicen ellos- tienes que cargar una cuota de 18.000 dólares anuales.

Actualmente hay doce miembros de este tipo. IBM, Microsoft o Apple son algunos de los más antiguos. Más recientemente han llegado Google, Facebook, Netflix, Oracle, Synmatec, Huawei o SAP. En esta nómina, sorprendentemente, también está el Ministerio de Asuntos Religiosos de Omán.

Además de este grupo, aquellos que tienen derecho a voto son los miembros institucionales (el Gobierno de Bangladesh, el de la región hindú de Tamil Nadu y la Univesidad de Berkeley en California) y dos entidades colaboradoras como son Monotype Xpress y la Emojipedia. Por debajo, un total de 21 'observadores' asociados que no tienen poder de decisión aunque participen en los debates.

Aquí se encuentran Twitter o SAS, entre muchos otras. Por debajo, un buen grupo de miembros a título personal que integran un listado al estilo de los créditos finales de las películas en las que nadie se fija.

Comisión de expertos y voto secreto

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Este 'sanedrín' cuenta con un comité de sabios que analiza todas las peticiones de nuevos emojis y filtra las que pasen los requisitos, para que no se les acumule el trabajo a los jefazos. El voto final de los delegados es secreto. No vaya a ser que lo que entusiasma al representante de Mark Zuckerberg le parezca una soberana chorrada al enviado de Google y surjan roces.

Una vez aprobada la propuesta pasa a los programadores, que trabajan en las claves correspondientes y hacen las pruebas en las diferentes plataformas.

El último paso corresponde a los fabricantes. Ellos cogen el codigo y lo pintan. Por eso, un perro no se ve exactamente igual en un teléfono Samsung que en un iPhone. Por eso WhatsApp ha podido decidir hacer los suyos propios. Si algún fabricante se saca algún emoji propio de la manga, algo cada vez menos habitual, al mandarlo a otra plataforma se verá un cuadro negro en su lugar.

¿A quién se le ocurre crear los emojis?

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Esto es mucho más antiguo de lo que parece. El Consorcio Unicode se empezó a encargar de ello en 2010. Pero los emojis habían nacido en Japón a finales de 1999. No podía haber sido en otro lugar. El padre de las criaturas fue Shigetaka Kurita, un ingeniero del operador NTT DoComo, el mayor del país. Kurita encontraba el texto como algo limitado para transmitir información suficiente. Se inspiró en los partes del tiempo que cierran los informativos. Ahí no pone 'Hace bueno'. Pone un sol.

Intentó convencer a empresas como Sharp, Panasonic o Fujitsu. Nadie le escuchó en un primer momento. Hizo una primera remesa con su equipo de NTT DoCoMo de 176 personajes con unas medidas de doce por doce píxeles, lo que suponía sacrificar muchos detalles.

En un primer momento, DoCoMo y otras empresas adoptaron este código. Sin embargo, la competencia entre unas y otras derivó en que cada una crease los suyos propios como reclamo comercial. El resultado es que la mayor parte solo servían para servicios de la misma compañía. No fue hasta 2005 cuando se alcanzó en el país nipón un acuerdo para tener una base común nuevamente.

Sin embargo la popularización de los emojis a nivel global se produjo mucho más tarde. En 2011 Apple los abrazó oficialmente con la liberación de iOS 5. Sin embargo, desde el lanzamiento del primer iPhone, en 2007, la compañía ya había hecho pinitos con esta función de cara a la venta del terminal en el mercado del sol naciente. Poco después le seguiría, Android. Y tres años más tarde caería en manos del Consorcio Unicode.

El reto de que te acepten un 'emoji'

Así es el ‘emoji’ de la paella creado por Emojipedia. (Imagen: Cedida por Jeremy Burge) © Proporcionado por El Confidencial Así es el ‘emoji’ de la paella creado por Emojipedia. (Imagen: Cedida por Jeremy Burge)

Que te acepten una petición no es sencillo. Que se lo digan a los promotores del icono de la paella. Hay que justificar que no esté cubierto ya por otro, no pueden ser marcas ni letras ni símbolos ya codificados. Además hay que remitir una carta de motivación, con cifras que refuercen la petición.

Desde uno para representar justamente a los pelirrojos hasta otro para hacer lo propio con la menstruación. Este último fue promovido por Plan Internacional. ONG, institutos y asociaciones culturales son muchas veces los que mueven estas iniciativas. Otras veces son usuarios que empiezan individualmente una campaña en internet. Otras son las propias compañías. Apple, por ejemplo, fue la primera en crear emojis para representar parejas LGTBI que posteriormente fueron incorporadas de manera genérica. Sin embargo, países como Indonesia exigieron recientemente a los proveedores de las apps de mensajería instantánea que baneasen el uso de estos iconos.

El trabajo ahora también parece centrarse en reflejar la diversidad. En la octava entrega del lenguaje Unicode se aplicó la escala Fitzpatrick para ofrecer distintos colores de piel. Más recientemente, los emojis de profesión fueron diversificados y tenían versión femenina y masculina.

¿Quién decide los emojis que llegan a tu móvil? (EC) © Externa ¿Quién decide los emojis que llegan a tu móvil? (EC)
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