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El contable

Notodo Notodo 20/10/2016 José Martínez Ros
Imagen principal del artículo "El contable" © La Fábrica 2014 @ Imagen principal del artículo "El contable"

La premisa básica que sostiene El contable es tan absurda que puede llegar a resultar intrigante. Tenemos a un protagonista autista, o semiautista obsesivo-compulsivo, que trabaja como contable. Posee una capacidad para las matemáticas casi sobrenatural (hola, Dustin Hoffman en Rain Man), por lo que es un profesional buscado por grandes empresas y también por individuos que han obtenido su fortuna al margen de la ley y quieren lavar sus ganancias.

Vale, una de las clásicas historias de Hollywood en las que una discapacidad se convierte, por la magia del cine, en una especie de superpoder; pero esto no es suficiente para el guionista Bill Dubuque: además, ese contable, Christian Wolff, tiene una doble personalidad de lo más peligrosa, ha sido entrenado desde su infancia por su progenitor, un militar que jamás ganaría el premio al padre del año, hasta convertirlo en una auténtica máquina de matar -hola, Jason Bourne-. Por si fuera poco, vive en una especie de caravana con un montón de armas ocultas y objetos increíblemente valiosos -el número 1 de Action Comic, un Renoir, un Jackson Pollock, etc-. Y lo interpreta Ben Affleck (hola, ¿Batman?).


El contable intenta ser, al mismo tiempo, una thriller de suspense, una película de accion, un drama familiar y hasta, a ratos, una comedia romántica. Como película de suspense, nos lleva a una empresa de robótica -con un oscuro trasfondo-, dirigida por un millonario con el rostro de John Lithgow, que contrata al contable/máquina de matar, lo que llama de atención de un veterano agente del tesoro (J. K. Simmons preparándose para hacer de Comisario Gordon en las próximas películas de DC).

Por supuesto, el suspense desemboca en un tercio de acción al viejo estillo, sin una pizca de CGI ni aparatosas secuencias de destrucción, en la que ocupa un lugar importante un despiadado asesino (Jon Bernthal, The Punisher en las series de Marvel en Netflix). Entretanto, con un buen número de flashbacks, nos van contando la particular infancia del contable, su aprendizaje en las artes del combate -guiño a los fans de The Raid incluido-, la conflictiva relación con su padre y su hermano, etc. Y además, como no es bueno que la máquina de matar esté sola, nos presenta a otra contable, Dana (Anna Kendrick, tan maja como de costumbre), que siente atraída por su misterioso compañero de oficio.

Aunque ganó hace unos cuantos años una Copa Volpi, el premio a la mejor interpretación masculina del Festival de Venecia por Hollywoodland, seamos sinceros: Affleck nunca tenido fama de ser un gran actor. Sin embargo, en El contable está francamente bien, quizás porque su personaje requiere un permanente halo de impasibilidad, una desconexión emocional con el entorno que le rodea. El resto del reparto cumple con profesionalidad, pero ninguno destaca demasiado, a excepcion, tal vez, de Kendrick, una excelente actriz a la que rara vez vemos en un rol dramático y que contribuye a humanizar al impávido Bat-fleck.

Por su parte, el director Gavin O'Connor es un curtido profesional de la televisión y el cine independiente, que parece especializado en tratar de dar una pátina de dignidad a películas que, a primera vista, no la merecen. Ya sea una historia atestada de clichés de hermano policía/hermano delicuente (Cuestión de honor), un relato de rivalidad filial ambientada en el mundillo de las artes marciales mixtas (Warrior) o la enésima producción de Disney en torno a alguna supuesta hazaña deportiva (El milagro). Estas cintas podrían ser mejores o peores, pero estaban muy bien rodadas y demuestran que O'Connor, como mínimo, es un artesano eficiente. Hace poco llegó a nuestras pantallas con un fallido western a la mayor gloria de Natalie Portman (La venganza de Jane) y, a las pocas semanas, regresa con un thriller cuyo argumento hace que dudemos de la salud mental de, en primer lugar, el guionista y, en segundo, de los ejecutivos de Warner que autorizaron el proyecto.


O'Connor hace lo que puede para dar a El Contable una apariencia de realismo, tensión y seriedad, hasta el punto de volverla una película un tanto lúgubre, como si estuviéramos en una de superhéroles Nolan style. Pero, en nuestra opinión, se equivoca de tono: es una película tan esquizofrénica y disparatada, con tantas tramas secundarias y rechinantes giros de guión y un protagonista tan excesivo, que solo hubiera podido sostenerse abrazando su naturaleza de entretenimiento pulp.

El contable letal de Affleck debería formar parte del escuadrón de joviales asesinos de élite de Kill Bill y estaría también a sus anchas en una cinta de acción de serie B que emulara los productos ochenteros de la Cannon. A pesar de sus contraproducentes esfuerzos por tomarse en serio a sí misma, la película se las arregla para resultar moderadamente entretenida a lo largo de su metraje. Pero no mucho más. Así que solo podemos recomendarla a los espectadores que, tras Batman v Superman, les apetezca ver a Affleck seguir repartiendo estopa. El resto de espectadores se encontraran con una película de acción que trata de ser algo más profundo  que los productos típicos de Jason Statham o Vin Diesel, pero que no lo consigue.

No olviden, si se lo quieren pasar bien, desconectar el cerebro antes de entrar en la sala de cine.

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