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El correo del joven secuestrado: «Socorro, mi padre me mata»

ABC ABC 07/07/2016 M. J. Álvarez

Domicilio sito en la calle Mirador, 15 de Rivas Vaciamadrid donde el joven estuvo retenido en contra de su voluntad

Domicilio sito en la calle Mirador, 15 de Rivas Vaciamadrid donde el joven estuvo retenido en contra de su voluntad
© Diario ABC

Espeluznante. Un esqueleto con piel, con tan solo 43 kilos de peso y 1,80 metros de estatura, maniatado en una cama en el cuarto que había sido su celda durante más de dos años, bajo la estrecha vigilancia del carcelero: su propio padre. Así encontraron los agentes de la Guardia Civil, de la Policía Nacional y de la Local a un joven de 19 años en el domicilio familiar de Rivas Vaciamadrid. Le racionaba hasta el agua y apenas le daba de comer; por ello, presentaba síntomas de desnutrición, deshidratación y desorientación alarmantes y, según explicó la víctima, sufría malos tratos físicos y psicológicos a diario. Así lo indicaron fuentes de la investigación.

El «reo» fue liberado el 30 de junio, no sin antes ser atendido por los sanitarios del Summa en el chalé, un adosado, situado en la calle del Mirador. «Parecía un guiñapo. Apenas se sostenía en pie», aseguraban las personas que vieron al chico. El hombre que le dio la vida, de 58 años, respondió de forma violenta a la coordinada acción policial, que le pilló por sorpresa cuando los GRS, los «antidisturbios» del Instituto Armado, entraron a la vivienda por la fuerza: a golpe de arietes. Fue detenido. Sin embargo, dos días después, tras pasar a disposicion judicial, regresó a su hogar, en el que se encuentra, al quedar en libertad con cargos.

Se de la circunstancia de que es el único hijo varón de esta familia de nacionalidad británica, compuesta por cinco miembros (el padre, nacido en Kenia y de origen indio; la madre y sus dos hermanas, de 20 y 16 años), decidió por voluntad propia hace tres años quedarse a vivir con su padre sin sospechar las consecuencias que iba a acarrear su decisión. Todo obedeció a que su madre, harta del encierro y de las presuntas palizas, insultos y vejaciones a las que eran sometidas todas las mujeres de la casa, logró zafarse del férreo control de su marido, al que sus vecinos llaman Juan, acudió al cuartel de la Guardia Civil y alertó de lo que sucedía. Poco después, fueron liberadas y se marcharon a una casa de acogida, en la que aún permanecen, salvo la mayor que vive en un piso tutelado. Ahora, su hermano se ha reunido por el momento con las primeras, a pesar de ser mayor de edad.

Con rejas y candados

La víctima comenzó a tener problemas con su padre cuando se quedaron solos. Fanático de la religión, machista y con posibles problemas psicológicos no diagnosticados, empezó a tomarla con su hijo, según manifestó este. Los golpes que dio a las niñas casi desde que nacieron, según precisó una portavoz policial, los recibía él, así como las ofensas. El acoso llegó al punto de no dejarle salir ni siquiera al rellano de su casa, repleta de basura y maleza.

Con rejas y candados en puertas y ventanas, cubiertas, además, con paneles de madera y metálicos para impedir que se asomara, y sin teléfono su única vía de comunicación era internet. Su padre, que le vigilaba sin cesar, había instalado filtros para impedir cualquier contacto con el exterior. Apenas salía, solo un par de veces al mes para hacer la compra, a horas intempestivas. Casi nadie recordaba haberles visto en muchísimo tiempo a ninguno de los dos.

Su hijo hacía páginas web, actividad de la que vivían ambos. No se sabe por qué aguantó tanto tiempo o qué le hizo reaccionar. Lo cierto es que el pasado 30 de junio escribió un correo desesperado a la dirección que le dio su hermana mayor (atenciónfamiliaymujer@policia.es), con la que consiguió contactar. «Socorro. Auxilio. Ayúdenme. Estoy desesperado. Mi padre me maltrata, estoy retenido. Por favor, no se pongan en contacto conmigo, porque me mataría. Llamen a este teléfono...», indicaba. Era el de su hermana mayor, que ahora vive en un piso tutelado y trabaja. Ella corroboró lo relatado por él y explicó lo que les había sucedido con anterioridad. Aún siguen en tratamiento psicológico, indicó una portavoz de la Unidad de Atención a la Familia y Mujer (UAFM) de la Policía Nacional. Ese mismo día, sobre las 16.30, se ponía en marcha la operación para rescatarle, con orden judicial.

No se sabe si el resto de su familia sabía lo que sucedía en el «adosado de los horrores» o lo ignoraba. Ahora, la Guardia Civil, responsable de esta peliaguda investación, verificará ese extremo y la situación descrita por la víctima, así como analizará el estado mental del presunto autor. La pesadilla para este joven de 19 años ha acabado y ahora le toca a la justicia pronunciarse.

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