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El corruptor de un escenario corrompido

El Mundo El Mundo 01/06/2014 CARLOS FRESNEDA

Primero pagó 1,1 millones de euros a un ex vicepresidente de la Federación Internacional del Fútbol (FIFA). Después untó con 150.000 euros a los presidentes de 30 asociaciones de fútbol en otros tantos países africanos. En total, 3,6 millones invertidos. A lo asiáticos los tenía ya comprados desde hacía tiempo. Y así fue como Mohamed bin Hammam, el más alto ejecutivo del fútbol en Qatar hasta 2011, logró que el diminuto emirato se impusiera con 14 de los 22 votos en la recta final del Mundial del 2022 (frente a Estados Unidos, Australia, Japón y Corea del Sur).

El presidente de la FIFA, Joseph Blatter, que votó por EEUU, dijo desde el principio que la elección de Qatar era de «alto riesgo», como se viene demostrando con la polémica de los casi mil nepalíes muertos en los últimos años por las pésimas condiciones de trabajo de los emigrantes, rayando casi en la esclavitud en pleno siglo XXI. Y eso por no hablar de la sartén en que se convierte Qatar en verano y de las dificultades técnicas para trasladar el Mundial a otra época del año. El presidente de la UEFA, Michel Platini, votó por Qatar y persistió en el error, defendiendo los méritos del riquísimo emirato, el país con la renta per capita más alta del planeta. Y ahí le duele...

Las revelaciones de 'The Sunday Times', que ayer hizo públicos decenas de correos electrónicos que demuestran que Mohamed bin Hammam compró el Mundial para Qatar en el 2022, están haciendo temblar los cimientos de la FIFA en vísperas del Mundial de Brasil. Y por si un escándalo no fuera suficiente, la FIFA se enfrenta también a las graves repercusiones de otra investigación interna, esta vez revelada por el 'New York Times': al menos cinco partidos del Mundial de Sudáfrica pudieron ser apañados.

Según el diario neoyorquino, una supuesta red ilegal podría haber infiltrado a varios árbitros en la fase final con la intención de alterar el resultado de hasta 15 encuentros. El detonante fue la detención de un árbitro, Ibrahim Chaibou, que se personó en un pequeño banco sudafricano con una bolsa que contenía 100.000 dólares en billetes de cien.

En el caso de la supuesta compra de la adjudicación a Qatar del Mundial de 2022, la estrategia fue más sofisticada. Mohammed bin Hamman llegó a usar hasta diez firmas interpuestas, controladas por su propia compañía, para efectuar diversos pagos a los directores de las federaciones africanas, a los que agasajó en interminables fiestas. Aunque la conexión más probada es la que mantenía con el ex vicepresidente de la FIFA Jack Warner, al que habría entregado más de un millón de euros, antes y después de la votación en el 2010 en la que salió victoriosa Qatar.

La FIFA ha abierto una investigación, dirigida por Michael García, que podría comprometer incluso la celebración del campeonato mundial de fútbol en el emirato árabe. El vicepresidente Jim Boyce ha insinuado incluso que sería partidario de una nueva votación si se demuestran las acusaciones de corrupción. «Yo no tendría ningún problema si se recomendara una nueva votación».

'He visto la cara fea del fútbol'

El Comité Qatar 2022 replicó la información alegando que las acusaciones son «falsas». Pero los antecedentes de Mohamed bin Hammam -defenestrado en el 2011 entre acusaciones de soborno y expulsado por la FIFA -en 2012 por «conflicto de intereses» mientras fue presidente de la Federación Asiática de Fútbol- hacen temer lo peor.

Bin Hammam, de 65 años, que empezó a medrar en el mundo del fútbol en 1972 y llegó incluso a coquetear con su propia candidatura para desafiar a Blatter, aseguró sin embargo en su día que todo fue una argucia para deshacerse de él de una zancadilla. «He visto la cara fea del fútbol», manifestó en su despedida.

El escándalo ha provocado numerosas reacciones en el Reino Unido, encabezado por el ministro de Deportes, el laborista Clive Efford: «Nadie puede tener confianza en una investigación dirigida por Blatter. El asunto debe investigarse desde fuera, y si se comprueba que las acusaciones son ciertas, todos los implicados deberían dimitir».

Las peticiones a Blatter para celebrar una nueva votación para el Mundial del 2022 crecieron intensamente ayer, al tiempo que la FIFA desempolvó sus palabras para que quedaran claras sus objeciones previas a la candidatura de Qatar: «El presidente dijo que había sido una error la decisión de organizar allí el Mundial, en base al informe técnico que advertía de las temperaturas extremadamente altas. En ningún momento llegó a cuestionar en sí la condición de Qatar como país anfitrión».

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