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El día (feliz) del hamster

Logotipo de El Mundo El Mundo 30/05/2014 LUIS MARTÍNEZ

Fue Michel Gondry el primero en formular la hipótesis de un cine completamente ajeno a la pantalla. 'Rebobine, por favor', recuérdese, imaginaba la posibilidad de reproducir la experiencia de ver una película desde la escenificación de su recuerdo. Volver a ver cada uno de los clásicos de los 80 se convertía así en la experiencia comunitaria de rodar de nuevo y en formato 'low cost' la película entera. La nueva versión casera de 'Los cazafantamas', por ejemplo, capturaba intacta y, esto es lo importante, mejor que el original la experiencia de la primera vez. El espectador quedaba así detenido para siempre en la copia como la mejor aproximación (la única posible) a la genuina y simple sensación del cine.

'Al filo del mañana', de Doug Liman, no es una película casera rodada en VHS (¿se acuerdan?), pero merecería serlo. Todo en ella es una especie de homenaje, entre la copia, la celebración y la euforia, de todo lo ya visto. La referencia más obvia, obviamente, es 'Atrapado en el tiempo' (Harold Ramis, 1993).

Un individuo (Tom Cruise -y no se me asusten-) recibe en plena invasión marciana una especie de maldición 'nietzschiana'. El hombre es condenado a un particular eterno retono de lo mismo. Como un hamster (que no una marmota), deberá repetir cada uno de sus movimientos una y otra vez hasta adquirir algo así como la triste, circular y absurda sensación de estar aquí, en un mundo acosado por el Apocalipsis. Ahí es nada. Cada repetición, cada bucle temporal, un paso adelante. ¿Hacía dónde? Eso es otra pregunta.

Sensación festiva del 'dejà vu'

Pero la película protagonizada por Bill Murray no es la única referencia. Hay más. Y todas lo suficientemente evidentes para no despistar. Todas a la vista. De eso se trata: de recuperar la sensación festiva del 'dejà vu', de la copia desprejuiciada, del placer del reconocimiento. 'Starship troopers', 'Matrix', el placer de los exoesqueletos de 'Aliens', 'Código fuente' y hasta la escena del desembarco de 'Salvar al soldado Ryan', todos los recuerdos son convocados en un festivo aquelarre de la insistencia en lo idéntico.

El director de 'El caso Bourne' se las arregla así para doblar la muñeca al 'blockbuster' al uso. La olvidable 'Oblivion', para entendernos, copiaba también, pero lo hacía de espaldas al espectador; intentando hacer colar por original lo que no lo era. Esta vez, al contrario, la idea es celebrar la repetición; compartir con el patio de butacas la fiebre de la encerrona.

En realidad, la propia idea del viaje en el tiempo es compartida por el argumento y el propósito de la propia película. El espectador recupera la sensación vieja de las películas de antes a la vez que el protagonista se ve encerrado en la monótona (o no tanto) repetición de sí mismo. Protagonista y espectador en el mismo sitio; condenados una y otra vez a volver a su memoria.

De esta guisa, Doug Liman recupera el sabor intacto de los viejos 'High concept' (películas multimillonarias que caben en una frase) de los 80 a la vez que se molesta en escribir un guión. Algo completamente ajeno al libro de estilo de las últimas superproducciones. Y aquí cabe desde el último y mortecino 'Spiderman' al reciente y torpe 'Godzila'. El hecho, por lo demás, de que Tom Cruise, en una imitación igual de palmaria de Bruce Willis, abandone el papel de héroe acartonado al que tanto se empeña suma puntos.

Y dicho lo cual, es sólo un 'blockbuster', pero... Y volvemos a empezar.

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