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El Deportivo vuelve a Primera

El Mundo El Mundo 31/05/2014 JOSÉ FRANCISCO FERNÁNDEZ

El Deportivo ha vuelto a ganarse el apelativo que le acompañó en la década de los 60 y el primer lustro de los 70. Con dos descensos y los mismos ascensos en las últimas cuatro temporadas es, de nuevo, un equipo ascensor que necesita quedarse en Primera para no correr el riesgo de bajar varios pisos de golpe por incumplir el calendario de pagos que ha pactado con la Agencia Tributaria y sus acreedores.

Su situación económica obligaba al ascenso y lo consiguió con sufrimiento, tras un mes horrible, en el que encadenó cinco partidos sin ganar y aplazó su regreso a Primera. La victoria ante el Jaén, con un gol de Marchena en un partido en el que Riazor completó aforo y vibró un año después de derramar lágrimas, le ha vuelto a llevar a la élite. El ascenso es oxígeno para su tesorería y comodidad para afrontar los pagos que tendrá que hacer desde el próximo mes de enero y durante varias décadas.

Todos esos condicionantes económicos los superó el equipo en el campo. Fueron muchos los obstáculos que tuvieron que sortear desde la dirección deportiva hasta el banquillo. No se paseó como en su anterior ascenso, que logró con 91 puntos, el récord de la categoría, pero probablemente esta temporada tenga más mérito que aquella. La propia plantilla así lo reconoce.

Plantilla a coste cero

El Deportivo estuvo apercibido de un descenso administrativo por impago a sus jugadores en julio, todavía con Augusto César Lendoiro al frente. Confeccionó la plantilla a coste cero y contra el cronómetro, en agosto. Al contrario del anterior descenso, tuvo que liberarse de sus jugadores de referencia como el portero Dani Aranzubia (Atlético), el central Zé Castro (Rayo), o su compatriota Bruno Gama, que disputó la primera jornada como blanquiazul y después fue traspasado al Dnipro.

Fernando Vázquez supo gestionar lo que tenía. Sabía que faltaba fútbol y apostó por el músculo. Construyó el equipo desde la defensa. La afición tuvo paciencia en los titubeos iniciales. Nadie entonces, a excepción de uno de los fichajes, el argentino Culio, veía al equipo campeón o en ascenso directo, quizás sí en la promoción. Al técnico se le había encomendado el ascenso en un periodo de dos años. Había margen de error.

Pero la igualdad de la categoría y la fiabilidad del equipo le hicieron crecer. El Deportivo llegó en la jornada 13 a los puestos de ascenso directo y ya no se bajó de esa zona privilegiada. En el campo, el panorama pintaba bien. Mientras, en los despachos, en pleno concurso de acreedores, el club celebró las primeras elecciones del mandato de Lendoiro. El veterano presidente sufrió su primer revés en la asamblea de diciembre, en la que ni sus cuentas, ni el presupuesto ni ningún otro punto resultaron aprobados por los accionistas. Comprobó que había perdido apoyos. Y retiró su candidatura para dejar el camino prácticamente libre al empresario Tino Fernández, su sucesor desde el 21 de enero.

La salida de Lendoiro

El cambio dio tranquilidad al equipo, el abono de las mensualidades se normalizó, y, a pesar de aceptar el traspaso de Culio, su referente en la primera vuelta, al Al Wasl, alternó el primer puesto con el segundo y no soltó el liderato desde principios de abril.

Semanas después, el equipo se veía ya en Primera. Tenía nueve puntos sobre el tercero. Pero verlo tan cerca, tan fácil, le relajó. Su batalla por el ascenso se alargó con una goleada en contra, ante la Ponferradina en Riazor, y otros cuatro encuentros seguidos sin ganar.

Era cuestión de seguir pedaleando por la mediocridad de Segunda. Quedaban dos jornadas y le bastaba un punto gracias a la sorprendente remontada del Recreativo de Huelva en Las Palmas (2-3). El Deportivo respiró tranquilo con aquel resultado que le quitaba el mal sabor de su derrota en Soria (2-1), donde se podía haber complicado su vida. Y puso el broche ante el Jaén donde quería, en Riazor, en una noche para celebrar lo que en junio del año pasado parecía casi un milagro.

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