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El difícil salto de lo público a lo privado en Sanidad

Logotipo de El Mundo El Mundo 26/09/2017 JULIO MIRAVALLS

Ocho innovadores del área de la salud han mostrado en la sede de la Fundación Pons, en Madrid, sus proyectos, más o menos cuajados, con soluciones para problemas desde acomodar a bebes prematuros en la incubadora de la maternidad, hasta detección de fibrilaciones auriculares no diagnosticadas, que podrían desembocar en un ictus en personas de edad.

El segundo caso, presentado por un equipo del Instituto de investigación sanitaria Galicia Sur, de Vigo, y su fundación biomédica, podría tomarse como referencia de innovación multidisciplinar: incluye un 'wearable', una especie de reloj inteligente que monitoriza y recoge los datos del sujeto, añade utilización de inteligencia artificial para analizar la información, previo paso por la nube, y el conocimiento médico sobre la fisiología y los parámetros normales y anormales que identifican una fibrilación auricular. Todo con gran agilidad.

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"Se estima que en España puede haber unas 300.000 personas no diagnosticadas", explica el portavoz. El método, asequible y utilizable masivamente, reemplazaría el actual dispositivo Holter, que requiere un montón de sensores pegados en diversos puntos del cuerpo y que se debe llevar durante tres semanas (guardando las lecturas) para producir un diagnóstico.

El propósito del II Encuentro Innovadores en Tecnologías Sanitarias, organizado por la Fundación Pons en colaboración con Fenin (federación de empresas de tecnología sanitaria) y la fundación Fipse, era mostrar una imagen del estado de la cuestión, con casos de éxito del ecosistema de innovación en el ámbito de la salud.

Es una de las prioridades estratégicas de casi todas las Administraciones, desde la Unión Europea hasta los Gobiernos regionales. Pero el ecosistema en el que se desarrolla la innovación en salud es un poco raro: por un lado, grandes farmacéuticas y empresas tecnológicas, en el mercado de medicamentos y máquinas, con enormes inversiones. Por el otro, donde en otros campos surgen emprendedores y creadores de startups para convertir en negocio una idea, en el área de salud aparecen los propios profesionales del sistema, que detectan una carencia, echan de menos una herramienta o una aplicación y se ponen a ello, a inventarla, desde su puesto de trabajo.

"Sí, pasa un poco eso, que no es lo mejor", admite Alfonso Beltrán, director general de Fipse. "Pero esto tiene otra cosa muy buena: la práctica que es muy importante para cualquier invención. Tenemos un caldo de cultivo muy bueno, con hospitales magníficos donde se desarrollan tratamientos y terapias de primera magnitud. Aunque existe una cierta dificultad para pasar del ámbito público al ámbito privado, para el perfil del emprendedor que es capaz de trabajar en el sector público generando nuevo conocimiento y luego desarrollar su propia empresa y llevar al sector privado su invención", añade.

Patricia Ramos, directora de patentes de PONS, lo explica denunciando de una manera un poco más descarnada que "es que no está bien visto lucrarse con la salud. Y no es fácil ganar dinero rápido con la salud".

EL VALLE DE LA MUERTE

El dinero, por supuesto, es siempre el fantasma omnipresente. La fundación Fipse juega un peculiar papel en este territorio, haciendo un poco de incubadora, de aceleradora y hasta de relaciones públicas de los innovadores. La fundación, participada por el Ministerio de Sanidad y el instituto Carlos III y "con financiación de empresas privadas", fue creada hace casi 20 años, en los peores tiempos de la lucha contra el sida para investigarlo.

Hace tres años, Fipse se reorientó para "atacar un problema que todos los innovadores detectan, que es la fase que va desde que se acaba la investigación aplicada, o clínica, de un proyecto, hasta la parte más financiera, cuando las empresas que pueden comprar esa idea, o los inversores, se interesan y ponen dinero. Es el 'valle de la muerte', que dicen los anglosajones, en el que nadie se ocupa de ellos. Los proyectos ya están bastante cerca del mercado, para el sector público, pero para el sector privado no están todavía maduros del todo", explica Beltrán.

La fundación aplica a los proyectos "un apoyo financiero en tres etapas. Una primera para filtrar los proyectos viables de los no viables. Luego hacemos una prueba de concepto, que es el segundo paso. Y luego hace falta acelerarlos. Lo que significa buscar financiación de fuera. Hay que ponerlos en contacto con inversores del mundo".

LOS INVENTOS

Fipse hace también otras cosas. Como llevar cada año al MIT de Boston a un patrocinado para competir con otros proyectos de todo el mundo. En 2016 el español Carles García Vitoria fue el vencedor, con un producto que estaba entre los exhibidos el encuentro de Madrid.

"Yo soy anestesista", cuenta García, que añade otro galardón como Innovador Europeo sub35 de MIT Review, premio que recogió la pasada semana en París. "Los anestesistas ponemos 50 millones de epidurales al año en el mundo y fallamos un millón de veces -yo también fallo alguna vez- porque hay que acertar en la membrana dural que tiene sólo 0,3 milímetros. A veces perforamos la duramadre, sale líquido cefalorraquídeo y el resultado es un fuerte dolor de cabeza que dura una semana... o hasta puede hacerse crónico".

El médico valenciano de la Fundación Fisabio ha inventado un dispositivo que llama Duralock. Junto con la aguja introduce un parche sellante biocompatible y degradable (el organismo lo absorbe) que tapona cualquier salida del líquido cefalorraquídeo, elimina los malos efectos secundarios para el paciente y ahorra estancias hospitalarias. 

Otro proyecto de agujas: el aplicador de catéter venoso periférico del doctor López Medrano, del hospital 12 de Octubre de Madrid. Con su artefacto, la aguja se aplica limpiamente en la vena sin ser tocada con las manos o los guantes (que pueden tener todo tipo de bacterias) y una vez en su sitio, con un solo giro se retira el aplicador. Se eliminan riesgos de infecciones hospitalarias. "Y sólo en Estados Unidos se ponen 200 millones de catéteres al año", comenta López Medrano, dando idea de un posible gran mercado.

Un planteamiento aparentemente más sencillo, pero no menos elaborado, es el arnés ergonómico para movilizar pacientes, inventado por tres fisios del Instituto Ramón y Cajal de Madrid. Se trata de un sistema de cinturón y bandas laterales que sujetan al paciente y tienen asideros que permiten moverlo "sin riesgo de que se lesione él o el profesional", explica Ana Romojaro, detallando cómo fueron probando el diseño de su prototipo cosiéndolo a mano con "lona de tapicería".

Tecnología más sofisticada: Alejandro Pazos, de la Universidad de La Coruña, ha desarrollado un dispositivo biométrico de control postural. Es un cinturón con tres sensores de control, para detectar malas posturas de la columna, que "producen dolores de espalda". Uno de los grandes males de nuestro tiempo. Cuando hay una mala postura avisa un vibrador y los sensores recolectan datos cada 10/15 segundos para someterlos al análisis por una inteligencia artificial.

Y no se puede evitar un escalofrío cuando Tomás Soto, del Hospital Universitario de Bellvilge explica su grapadora linear con triple línea de grapas en ambos lados de un cuchillo. Es para completar el cierre de intervenciones de cáncer en la derecha del colon, "que hasta ahora es muy difícil y sólo les es posible hacerlo a cirujanos muy expertos". Con su innovación se podrá hacer la intervención intracorpórea, en una cirugía menos agresiva. Pero "el prototipo es muy caro", lamenta.

Sonia Touriño del instituto de investigación Parc Taulí muestra el "multipot", un envase para administrar medicación múltiple extemporánea, con un prototipo impreso en 3D. En la parte superior tiene cuatro depósitos, para cargar los compuestos medicinales. La parte inferior es una cámara de disolución, en la que se combina el preparado final, que luego se extrae mediante una jeringa, por un agujero ad hoc, para "administrar la dosis adecuada, según el peso de cada niño". Los destinatarios naturales son niños, "a los que no se pueden dar un montón de pastillas", o pacientes con dificultades para tragar.

Y de la Fundación Sant Joan de Deu, Eva Díaz (ingeniera industrial) trae su nido 'inside out', que es un diseño modular "para reproducir el ambiente dentro del útero materno", con una serie de piezas (imagine una colchoneta con bordes y almohadillas adaptables) que acomodan al bebe prematuro en "posturas como si estuviera en contacto con la madre, con aparatos de estimulación sensorial". El dispositivo reproduce el movimiento de la respiración materna y facilita el acceso al bebé.

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