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El dilema trágico del PSC

EL PAÍS EL PAÍS 14/06/2014 Pau Luque Sánchez

Un dilema trágico es una situación en la que alguien debe tomar una decisión y debe elegir entre dos —o más— posibilidades consideradas, todas ellas, valiosas. Sin embargo, las posibilidades no solo difieren entre sí, sino que además son incompatibles. Cuando no hay forma de armonizar una situación de este tipo, esto es, cuando no puedo hacer algo bueno sin dejar de perder algo bueno, diremos que estamos ante un dilema trágico, porque se tome la decisión que se tome perderemos algo valioso.

Isaiah Berlin afirmaba que el bien es algo heterogéneo y que, en algunas ocasiones, es imposible reconciliar todo aquello que consideramos valioso: yo no puedo gozar de las ventajas de vivir en el campo y a la vez disfrutar de los beneficios de vivir en una gran ciudad porque no puedo vivir contemporáneamente en el campo y en la ciudad; no es posible implementar un sistema político en que la igualdad social sea un bien absoluto sin que ello signifique vulnerar, en alguna medida, las libertades individuales, y viceversa.

Creo que, en el actual contexto, el PSC afronta un dilema trágico, una situación de la cual no puede salir indemne. ¿En qué sentido? No digo nada nuevo si afirmo que el PSC es la conjunción de dos tradiciones políticas, pero también sociales, distintas: por un lado, las oleadas migratorias provenientes de otros lugares de España, de clase trabajadora y que consideran, mayoritariamente y de buena fe, que su lugar de origen no es un país distinto al que han ido a parar; y, por otro lado, una clase social media catalana, catalanista, culta y progresista. El PSC no solo consiguió, durante décadas, armonizar estas dos tradiciones, sino que, de alguna manera, se fundó sobre la posibilidad de armonizar estas dos tradiciones.

Lo que domina la escena política catalana no es el “derecho a decidir”, sino la “obligación de decidir”

Sin embargo, ahora el PSC ha pasado a ser una fuerza menor. ¿Por qué ha ocurrido esto? El PSC consiguió ser un partido mayoritario durante décadas porque las circunstancias no le obligaban a elegir entre sus dos tradiciones. Pero esto ha cambiado desde hace dos años. Ya no es posible armonizar esas dos tradiciones en el seno del PSC porque ahora lo que domina la escena política catalana no es, como a veces se dice, el “derecho a decidir”, sino la “obligación de decidir”.

El independentismo ha conseguido marcar la agenda política de tal manera que ya no es posible no decidir, ya no es posible no tomar partido entre España y Cataluña, no hay tertium datur. Esta situación, traducida a la idiosincracia propia del PSC, significa que están obligados a decidir entre una de las dos tradiciones que lo componen. La percepción general es que el PSC ha elegido la tradición españolista, ha elegido la lealtad al alma más jacobina del PSOE en detrimento de la más catalanista. Yo creo que no es una percepción del todo equivocada, pero sí exagerada.

De todas formas, lo que, en mi opinión, no consiguen ver con toda claridad los partidarios de la tradición catalanista es que, en el actual contexto, el PSC afronta un dilema trágico: si opta por el ala catalanista, pierde apoyos en el lado españolista; si opta por esta, pierde apoyos en el ala catalanista. Buena parte de los votos que acumula Ciutadans se deben, creo, a lo molestos que están algunos exvotantes del PSC por el coqueteo socialista con el nacionalismo tradicional. Sería inteligente que el ala catalanista —los llamados críticos— también se diera cuenta de este punto, quizás esto le permitiría tener una representación ecuánime de la situación actual.

El PSC afronta un dilema trágico: si opta por el ala catalanista, pierde apoyos en el lado españolista

Se dirá que todos los partidos afrontan dilemas en que apostar por un cierto programa les hace perder votantes potenciales. Y es cierto. La diferencia con el PSC estriba en que para este último el dilema anida en su mismo corazón, y mientras que a los otros partidos “decidir” no los parte en dos, al PSC sí. Una vez escuché a Miquel Iceta — el más brillante, desde el punto de vista intelectual, entre los dirigentes del PSC— decir algo así como: “el PSC es un invento hecho para no decidir y que funciona mientras no haya que decidir”. Creo que tiene razón y que lo trágico del PSC es que decidir —sea lo que sea— implica necesariamente perder.

¿Puede salir de esta encrucijada el PSC? En mi opinión, mientras sea “obligatorio decidir”, no. Si llega el día —y esperemos que llegue, para nuestra salud mental y para nuestros castigados oídos— en que no sea obligatorio decidir, entonces el PSC quizá consiga reconciliar de nuevo las dos tradiciones que lo constituyen.

Por último, y a modo de corolario trágico de la situación trágica del socialismo, me cuesta entender la alegría poco disimulada del nacionalismo catalán al ver pasar el cuerpo moribundo del PSC por delante de casa. Sin el PSC, o con un PSC disminuido, los interlocutores españolistas pasan a ser el PP y Ciutadans. Si alguien cree que esto es bueno para la convivencia política de Cataluña o bien es miope o bien, como se dice en italiano, è uno scemo (es un tonto).

Pau Luque es investigador en Filosofía del derecho en la Universidad Federico II de Nápoles.

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