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El doctor robot le espera en su consulta

ABC ABC 24/10/2016 Nuria Ramírez de Castro

Los quirófanos modernos cada vez se parecen más a una fábrica de coches en la que los grandes brazos robotizados de equipos de radiología y cirugía se mueven entre los cirujanos y sus pacientes. El médico es quien los dirige a distancia con suaves movimientos del pulgar, casi como si fuera la consola de un videojuego. Así opera Da Vinci, un robot creado por la NASA y el Pentágono, que corrige el temblor de la mano humana, realiza incisiones más precisas y llega a zonas de difícil acceso. Claro, que detrás del brazo robotizado de Da Vinci siempre está el cirujano. Este sofisticado artilugio que es la joya de muchos hospitales españoles, no hace nada sin que se lo ordene antes un médico. El fallo o el acierto es del facultativo, como en una operación convencional. La máquina es solo una prolongación de las manos del médico. Pero llegará algún día en el que el único ser humano vivo de un quirófano sea el propio paciente.

Aún no sabemos lo que tardará, pero puede que nos acostumbremos a ver máquinas en las salas de urgencias haciendo un primer diagnóstico, llevando el medicamento hasta la cama del enfermo o abriendo a un paciente en la mesa de operaciones sin que estén detrás las manos del cirujano.

Reducir el 80% del trabajo

Hace unos meses el Instituto Sheikh Zayed de Innovación en Cirugía Pediátrica de Estados Unidos presentó aSTAR, el primer robot quirúrgico completamente autónomo. Es capaz de suturar tejidos blandos de forma autónoma y lo hace mejor que cirujanos con más de una década de experiencia. No solo opera sin intervención humana, también es inteligente y es capaz de tomar decisiones sobre la marcha. Aunque, de momento, sus creadores solo se han atrevido a probarlo con animales.

Gurús como Vinod Khosla, cofundador de Sun Microsystems, opinan que el 80 por ciento del trabajo sanitario puede ser sustituido por dispositivos inteligentes, ya sean robots u ordenadores. Aunque quizá puede que haya que esperar un poco más para ese momento.

La Universidad de Harvard acaba de demostrar en un estudio reciente que los médicos aún superan a los ordenadores más potentes a la hora de hacer un diagnóstico con los síntomas de un enfermo. Los facultativos de carne y hueso se compararon con 23 de las aplicaciones y programas informáticos que averiguan la enfermedad a partir de los síntomas que se introduzcan. Los resultados demostraron que, por ahora, los especialistas duplicaron su capacidad de acierto. Pero también erraron en un 15 por ciento de los casos, según publica la revista JAMA, de la Sociedad Médica Americana. «Los programas informáticos fueron claramente inferiores que los médicos. No sabemos si las próximas generaciones de programas serán más precisas», advierte Ateev Mehrotra, uno de los investigadores.

El asistente perfecto del médico

El objetivo es contar con cerebros informáticos más precisos que algún día se conviertan en el asistente perfecto del médico. Un apoyo insustituible que podría poner fin a ese tercio de errores de tratamiento que se sabe se deben a un diagnóstico erróneo.

El primer paso que se ha dado en este sentido se llama Watson. Es un robot diseñado por la compañía IBM, capaz de procesar 60.000 millones de páginas por segundo, tomar decisiones y aprender de su experiencia. A Watson lo han entrenado algunas de las instituciones más prestigiosas con casos clínicos de pacientes y toda la literatura médica disponible para que pueda estar al día del último avance científico.

El reto para una sanidad universal

Más de un millón de médicos utilizan ya la aplicación UpToDate, una herramienta que les ayuda a tomar decisiones sin miedo a un fallo de memoria. Y sin perder el ojo clínico del médico porque por mucho que los algoritmos se perfeccionen hay labores del personal sanitario que jamás podrá hacer una máquina. «Un robot nunca sustituirá la comunicación y la relación de médico y paciente. La medicina no es solo hacer un diagnóstico certero. El especialista debe aconsejar, explicar el futuro que le espera a su enfermo, tomar con él decisiones...», opina Ignacio Riesgo, autor del libro «¿Médicos o robots. La medicina que viene». Sin embargo, sí cree que los sanitarios cada vez se apoyarán más en las máquinas. «La medicina aún es una actividad muy artesanal a la que aguarda su propia revolución industrial, un cambio que, sin duda, está en marcha.

Los robots permitirán hacer frente al reto de una población envejecida

A la hora de elaborar un diagnóstico no basta solo con procesar información. Los gestos de los enfermos, el tono con la que lo cuentan, la percepción del médico... todo importa.

Riesgo, experto en gestión sanitaria, está convencido de que esta tecnificación de la medicina es lo único que permitirá hacer frente a los retos venideros a los que se enfrentan los sistemas sanitarios: una población cada vez más envejecida que requerirá cuidados y la necesidad moral de dar asistencia sanitaria a los más de 7.000 millones de habitantes del planeta.

«Hoy no podemos atender esa demanda con los recursos económicos y humanos disponibles. La telemedicina y los robots sí lo permitirán y lo harán a un menor coste porque no será necesario que muchos de los pacientes acudan al hospital».

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