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El 'espía' de Kim Jong-Un que vino a copiar Terra Mítica

Logotipo de El Mundo El Mundo 25/09/2017 MARTÍN MUCHA

La residencia del non grato embajador de Corea del Norte en España es una mansión aislada en Aravaca (Madrid), con terrenos baldíos alrededor. Tiene una enorme antena al lado y dos cámaras en la puerta. Una, de 360 grados, registra a todo aquel que pasa delante. Otra, en el telefonillo. Una placa dorada en el portal da aire diplomático a esta mansión con piscina, pista de tenis y baloncesto. El embajador, de 46 años, que fue enviado a copiar Benidorm y levantar un emporio turístico en su país,

tiene hasta el 30 de este mes para hacer las maletas, sacar a sus dos hijas adolescentes del colegio y partir.

Kim Hyok Chol acaba de ser repudiado por las autoridades españolas. Considerado por los servicios secretos españoles como un probable espía, su expulsión no ha sorprendido. Ya antes, sólo con 18 días de diferencia, España había expulsado a otro de los tres únicos norcoreanos con pasaporte diplomático. [Kim Hyok Chol recibió la orden de expulsión el 18 de septiembre; al cónsul de visados, Hwang Thae Hyok, le llegó el 31 de agosto].

Con el embajador haciendo las maletas, en la mansión de Aravaca ya queda el sobreviviente So, pues así se presenta el solitario secretario. «So es mi apellido». No quiere dar su nombre. Responde con voz apesadumbrada: «Estos días estamos ocupados. No hay nadie más que pueda contestar», dice en un castellano bastante entendible, que aprendió en Perú. So afirma que para opinar sobre lo sucedido «habrá una rueda de prensa el lunes». Curiosamente, la pantalla táctil del móvil se bloquea mientras charlo con So.

El repudiado embajador ocupaba el cargo desde enero de 2014. Locuaz, ya había retado al gobierno español en más de una ocasión. Ya en mayo, en una ponencia suya en Valencia, en la que sus anfitriones eran miembros del Partido Comunista de los Pueblos de España (PCPE), Kim Hyok soltó diatribas impropias de un diplomático. Y justo cuando acababan de lanzar un misil que cayó sobre el mar de Japón. «Esta es una fuerza disuasoria nuclear y autodefensiva de mi país frente a los disparates belicistas de Trump y sus lacayos», espetó ante quienes le escuchaban en el centro obrero Las Trece Rosas. «Ante un ladrón, ¿quién acometería con un cuchillo y sin realizar un contraataque militar?».

Kim Hyok Chol ha sostenido encuentros con dirigentes del PCPE con quienes Pyongyang mantiene aún sólidos vínculos. Muy especialmente con Víctor M. Lucas, responsable de la secretaría internacional del PCPE. En su encuentro hablaron de algo tan contemporáneo como «la lucha de clases».

«Todos lo tratábamos como si fuera un espía», comenta sobre el embajador un diplomático de un país sudamericano. Poco a poco fue quedando aislado en las reuniones e invitaciones. La declaración de Kim Hyok Chol como non grato añade leña al fuego de esta sospecha. Una de las razones para defenestrar a un embajador y hacerle perder su inmunidad es por estar envuelto en temas de espionaje. Trascendió en 2010 con dos miembros de la embajada de Rusia en Madrid. Oficialmente, la expulsión está motivada por «las sucesivas pruebas nucleares y lanzamientos de misiles balísticos por la República Popular Democrática de Corea».

© Proporcionado por elmundo.es

-¿Sabe que estaban investigando al embajador por espionaje? -preguntamos a So.

-¿Quién? ¡¿Quién?! Eso es censura.

Este último año, Kim Hyok Chol ha sido particularmente activo en España. Su presencia aquí él la justificaba porque la sede de la Organización Mundial del Turismo está en Madrid, en la calle Poeta Joan Maragall. «Tras estudiar la cultura española, nuestro pueblo posee una visión de los españoles parecida a la que muestra Cervantes en su obra. Casi todo nuestro pueblo sabe que España posee una gran riqueza cultural e histórica», declaró a EL MUNDO en un inglés de Oxford (no habla español). «Creo que la familiaridad de los españoles atrae». Ha acudido puntual a las reuniones anuales con los diplomáticos acreditados y el rey. Se ha reunido con políticos del PP y del PSOE. Vive cerca de la casa del expresidente Zapatero. Este año estaba pletórico. Ha sido el encargado de planificar el lanzamiento de Corea del Norte como destino turístico. En una conferencia el 15 de junio, presumió de que para obtener un visado a su país, uno de los más herméticos del mundo, sólo se necesitaba un mes. Eso era antes de la expulsión del cónsul de visados, claro. Reiteró «estar ansioso por aprender de la experiencia española en turismo». Quería pasar de los 120.000 turistas al año -menos que los 200.000 presos políticos de sus cárceles- a un millón en un lustro. Lo dijo sin dejar de acomodarse sus gafas cuadradas.

Era su consagración, la que se gestó desde que el viceministro de Asuntos Exteriores de Corea del Norte, Kung Sok-ung, pactó con el Estado Español la apertura de una embajada en una visita a la capital en 2013, gestiones que comenzaron una década atrás. Consiguió el apetitoso puesto español por su fidelidad probada en la muy importante embajada en China, donde fue tercer secretario, en una sede que es casi como un ministerio. Tanto confiaron en él que le permitieron una vida occidental plena. Sin las restricciones que poseen sus compatriotas. No es asunto baladí, ya que un año antes el número dos de la embajada en Reino Unido desertó con su familia, un caso que remeció su diplomacia. Este año los golpes han seguido por el lado de las expulsiones. Los embajadores en Malasia, Kuwait, Perú y

México han sido declarados non gratos

. Los tres últimos por la crisis de misiles y para congraciarse con al Administración Trump. En el caso malayo, por sus críticas a la investigación por el envenenamiento y muerte del hermano del líder Kim Jong-Un. Todo apuntaba a que su asesinato se pilotó desde Pyongyang.

Kim Hyok Chol tenía un sueño que también tienen altos mandos de su país. Convertir Wonsan, el balneario a 200 kilómetros de su capital, en un nuevo Benidorm. Consiguió hacer venir a una veintena de los mejores arquitectos del país a España para conocerla. Después de la presentación en Madrid, con ellos, fue a Barcelona, Oropesa, Salou y Benidorm, que les encandiló. «Aparecieron de repente», recuerda Toni Pérez, alcalde de la ciudad. Era justo el día de la inauguración de una exposición sobre la urbe. Una frase de la muestra les impresionó: «El aspecto compacto se ha creado con la intención de alterar lo menos posible el territorio... Bastarían 13 benidorms para hacer frente a toda la industria turística española». Reprodujeron planos, tomaron medidas, fotos hasta de los pomos de las puertas, analizaron el sistema de desagües, la velocidad de los ascensores... Visitaron el hotel Bali de 186 m. de altura. Se alojaron en un Sol Melía. Vieron en Terra Mítica, Marina D'Or y un camping los modelos a seguir.

Soo, el último de la legación diplomática, confirma que se queda solo. Largo silencio. La pantalla táctil funciona de nuevo. Una voz robótica dice que la conversación ha terminado.

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