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El 'estilo Bergoglio' se pone a prueba en un delicado viaje a Tierra Santa

La Vanguardia La Vanguardia 24/05/2014 Eusebio Val
El 'estilo Bergoglio' se pone a prueba en un delicado viaje a Tierra Santa © LaVanguardia.com El 'estilo Bergoglio' se pone a prueba en un delicado viaje a Tierra Santa

El estilo Bergoglio, que ha galvanizado a la Iglesia católica y ha despertado grandes expectativas de renovación, se pone a prueba en un viaje a Tierra Santa muy delicado. El papa argentino deberá desplegar toda su habilidad diplomática para sortear las inevitables trampas religiosas y políticas de una de las regiones más conflictivas del planeta.

En la audiencia pública del pasado miércoles, en la plaza de San Pedro, Francisco dijo que el viaje a Jordania, Palestina e Israel es "estrictamente religioso" y que el objetivo principal es repetir el histórico gesto, hace 50 años, del encuentro entre Pablo VI y el patriarca ortodoxo de Constantinopla, Atenágoras. Esta vez el Romano Pontífice se abrazará con el patriarca Bartolomé I en el Santo Sepulcro.

Es evidente, sin embargo, que la presencia del Papa en Tierra Santa se produce en un contexto histórico y político muy particular que va más allá de las divisiones puramente religiosas, del deseo de ecumenismo y de diálogo interreligioso. Francisco visita Palestina y Israel cuando acaba de fracasar, por enésima vez, una ronda negociadora de paz.

Jorge Mario Bergoglio encontrará a refugiados de la guerra siria y del conflicto interno iraquí -fruto de la invasión estadounidense del 2003 y de la caída del régimen de Sadam Husein-. En ambos casos las minorías cristianas han sido víctimas de violencia y han protagonizado éxodos masivos. El diario italiano il Giornale apuntaba ayer que Israel es seguramente el país de Oriente Medio donde los cristianos -incluidos los árabes cristianos- se sienten ahora más seguros y donde su número aumenta.

No será fácil para Francisco escoger siempre el tono adecuado para defender la paz, ser equilibrado y no herir sensibilidades. Puede ayudarle, paradójicamente, el hecho de no hablar inglés -ni árabe ni hebreo, obviamente- y de pronunciar todos sus discursos en italiano (salvo cambios de última hora). El Papa no podrá improvisar, como tanto le gusta. Todo estará muy pautado, sin apenas margen para contenidos o acentos no planificados.

Una novedad significativa de la comitiva papal, que sin duda puede ayudar a poner aceite en los engranajes diplomáticos, será la presencia de dos viejos amigos venidos de Argentina, el rabino Abraham Skorka y el líder musulmán Omar Abboud.

Un momento sin precedentes en el camino hacia la unidad de los cristianos será el rezo conjunto, mañana domingo, en el Santo Sepulcro, de las tres comunidades religiosas que custodian el lugar: las iglesias grecoortodoxa, armenio-ortodoxa y católico-romana. Será la primera vez que esto ocurra en este simbólico emplazamiento, también llamado Gólgota, objeto de una disputa milenaria y de numerables peleas recientes, a veces grotescas, entre las tres confesiones que celosamente lo tutelan.

El periplo de Francisco, que tiene aversión a los vehículos blindados y busca siempre el contacto físico con la gente, supone un gran desafío de seguridad. Los momentos potencialmente más peligrosos los vivirá en el estadio internacional de Ammán, hoy, donde celebrará la misa, y durante un trayecto en Belén, mañana. En ambos casos usará un vehículo descapotable, sin blindar, en medio de la multitud. Unidades militares de élite jordanas han sido movilizadas para proteger al Pontífice. Tampoco Israel, un país habituado a drásticas medidas de seguridad, ha bajado la guardia sino todo lo contrario. Incluso los periodistas que viajan en el avión del Papa han tenido que firmar un documento aceptando la eventualidad de que sus crónicas y vídeos sean sometidos a la censura militar israelí.

Francisco realizará un gesto inédito que no hicieron los papas anteriores que visitaron Israel. Rendirá un homenaje, en el monte Herzl, en Jerusalén, a Theodor Herzl, el fundador del movimiento sionista moderno.

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