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El exchófer de Lina Morgan y el padre Ángel en pugna por la herencia

Logotipo de ABC ABC 20/09/2015 Beatriz Cortázar
Daniel Pontes y el padre Ángel © Diario ABC Daniel Pontes y el padre Ángel

El funeral por Lina Morgan que el padre Ángel concelebró junto a siete sacerdotes en su parroquia de San Antón apenas reunió a nombres del espectáculo. Dos o tres colegas de los escenarios como Ángela Carrasco o Rosa Valenty, ahora relaciones públicas de un bingo, y una iglesia atestada de personas, pero sin caras conocidas, para recordar la figura de la cómica.

Aislada de todos y únicamente atendida por su personal de confianza, Lina Morgan vivió su enfermedad como quiso y murió sin que nadie pudiera tener una imagen de estos últimos dos años. Ni tan siquiera se comunicó cuándo iba a ser la incineración. «Todo se ha hecho así porque era su deseo. Sus cenizas están ya en el cementerio con su placa donde figura su nombre y la fecha de su nacimiento y muerte. Todo estaba organizado y yo sólo cumplía órdenes», insiste Daniel Pontes, su empleado de hace más de treinta años, que era el único, junto al chófer de la actriz, que podía atenderla e informarla de todo desde que contrajo la enfermedad.

Tras la emotiva ceremonia, que finalizó con la proyección de un vídeo donde se veía a Lina durante alguna de las visitas que hizo junto al padre Ángel a las residencias de mayores de Mensajeros de la Paz, los congregados en esta iglesia –que permanece abierta 24 horas, como tantas veces recordaron los sacerdotes desde el púlpito– le dedicaron una sonora ovación al recuerdo de una mujer que supo hacer del humor su mejor arma de seducción; y eso que durante los últimos años, especialmente tras la muerte de su hermano José María, el drama se instaló en su mente.

Sin familiares queridos (a sus sobrinos ni les hablaba) ni amigas íntimas de su profesión, como pueden ser Esperanza Roy o Concha Velasco, en el funeral el único que recibía el pésame de los asistentes era su leal empleado, que estuvo acompañado por su hija y su mujer, y muy cerca de una de las personas que mejor conocía a Lina, Moncho Ferrer, quien también trabajó para la actriz como responsable de comunicación. «El día del velatorio estuve doce horas sin separarme de su féretro. Cuando su hermano murió me pidió que nunca la dejara sola y por eso quise estar ahí hasta que se la llevaron», recuerda Ferrer.

Administrador de todo

A un mes de su fallecimiento, la herencia de Lina sigue siendo un misterio. Aunque circulaba el rumor de que hace una semana se leyeron las últimas voluntades con la sorpresa de que el gran beneficiado de su legado era precisamente el padre Ángel, esa tarde tanto el sacerdote como Daniel Pontes negaron que esas informaciones fueras ciertas. La imagen de los dos fundidos en un abrazo en el momento de dar la paz o saliendo del templo frente a una nube de fotógrafos seguramente sean de las últimas en que aparezcan juntos.

«Yo lo que quiero es retirarme 15 o 30 días con mi familia y descansar. Llevo dos años sin separarme de Lina y no he podido ni tan siquiera disfrutar de mi familia en este tiempo. Estoy agotado. No pertenezco a este mundo ni quiero estar en ninguna historia. He cumplido con mi cometido y ahora mismo no tengo ninguna intención de pedir que se abra el testamento. Quien quiera hacerlo que se persone con el parte de defunción y lo solicite. Yo no. En caso de que dentro de un mes o más vea que no se abre pues entonces se lo comentaría al servicio jurídico que tiene la empresa», asegura Pontes.

«Ni sé lo que hay en el testamento ni tengo prisa por saberlo. Tengo para comer y mi pensión como jubilado, por lo que no me preocupa», aclara. «Se están diciendo muchas cosas que no son ciertas. Como que si tenía 40 millones de euros o que le había beneficiado al padre Ángel. Yo ni soy el protagonista ni quiero serlo. Acudiré a otra misa en Jesús El Pobre y se acabó. Lo que se me encargó ya está todo hecho. No me dijo que fuera a abrir el testamento, así que si no hay noticias en un mes o dos, que lo soliciten los asesores», insiste.

Pontes sigue siendo el administrador de las empresas de Lina Morgan, y ahí seguirá hasta que se solucione todo: el finiquito de los empleados, los gastos que hay que abonar e incluso los pleitos que hay pendientes, entre otros con Hacienda. «Del testamento no sé nada», repite Pontes. «Ojalá venga mañana alguien pidiendo ir al notario y se acabe todo».

Lo cierto es que parece que los grandes beneficiados de Lina serán el padre Ángel, Jesús el Pobre y puede que su empleado. A Pontes ahora le toca seguir al frente de la empresa hasta que se acaben los procesos. Hay un plazo de seis meses que marca la Ley para conocer el testamento y de ahí que no quieran dar más datos. Eso sí, el heredero/os de Lina podrá gozar de los bienes que le deje pero también tendrá que asumir los gastos que quedan pendientes, entre otros, con la Agencia Tributaria. Al igual que tantos otros artistas que tenían su propia sociedad, la de Lina con Hacienda era otra batalla larga y dolorosa.

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