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El exorcismo en el que una española destripó a su hija «satánica»

ABC ABC 10/05/2016 Manuel P. Villatoro

Rosita falleció desangrada después de que su madre le extirpara las vísceras. © ABC Rosita falleció desangrada después de que su madre le extirpara las vísceras.

«La niña de once años Rosa María Gonzálvez murió en Almansa (Albacete), víctima de las prácticas satánicas a que la sometieron su propia madre, conocida curandera de la ciudad, una hermana de ésta y dos vecinas de la familia». Con estas letras teñidas de sangre comenzaba, hace más de 25 años, la información escrita por el diario ABC en la que se explicaban los sucesos acaecidos el 18 de septiembre de 1990. Una negra jornada en la que Rosa González Fito, de 36 primaveras, extrajo por el ano (la vagina, según se informó entonces) las vísceras de su pequeña al grito de que había tenía el demonio dentro y que buscaba liberarla de aquella maldición. El aciago crimen se desarrolló además durante una orgía lésbica en la que la progenitora y su amante defecaron, orinaron, se drogaron y mantuvieron repetidas veces relaciones sexuales sobre la cama de la vivienda.

Este crimen, al igual que en su momento el de Pilar Prades (la envenenadora de Valencia) o el «Misterio de la mano cortada», es uno de otros tantos que aparecieron en las primeras páginas del semanario «El Caso». Un periódico que ha vuelto a ser editado y que, cada viernes, puede comprarse en los kioscos gracias al empujón que le ha dado la serie homónima que, hace varios meses, estrenó TVE. Este suceso (que quedó finalmente sin castigo al declararse a dos de las tres asesinas enfermas mentales) no fue publicado en los años dorados del mítico semanario, sino que corresponde a su última época, la que se sucedió en los años 90. Con todo, fue uno de los asesinatos que más impactó a la sociedad por entonces y que, por desgracia, tiñó de rojo el nombre de Almansa, un pueblo desconocido hasta entonces.

Tierra de curanderos

Almansa. Un pequeño municipio de Albacete de apenas 22.000 personas allá por 1990 y con el curioso honor de haber acogido una batalla en 1707 entre los defensores de los Borbones y de los Austrias. Fue en este pueblo en el que nació Rosa Gonzálvez Fito el 5 de enero de 1954 y donde, 36 años después, trabajaba como «sanadora». Una palabra muy recatada para afirmar que se ganaba unas pesetas mediante la imposición de manos u ofreciendo brebajes elaborados con hierbas a sus pacientes para quitarles cualquier mal. Podría parecer que, hace poco más de dos décadas, la sociedad española rechazaría estas prácticas místicas y nuestra protagonista andaría mendigando por las calles un duro con el que comprar pan. Pero la realidad era bien distinta.

Y es que, este tipo de curalotodos sin diploma eran más famosos en los círculos ocultos que Gabinete Caligari y su recién estrenada «La culpa fue del cha cha cha». «Almansa tenía entonces más de 350 curanderos y curanderas que vivían de prácticas como la imposición de manos y la sanación. Y recibían no solo a personas de esa localidad, sino también de los pueblos cercanos», explica –en declaraciones a ABC- Juan Ignacio Blanco, director del mítico semanario «El Caso» durante años, coautor de «Criminalia» (la mayor enciclopedia on-line del crimen en castellano) junto a Christian B. Campos y Francisco Murcia y uno de los periodistas que se desplazó hasta Albacete hace 26 años para dar cobertura a este suceso.

Página del diario sobre el suceso. © ABC Página del diario sobre el suceso.

Todavía recuerda el crimen como si se hubiese sucedido hace apenas una semana. Y no parece que vaya a olvidar nunca el apodo de Rosa: «La curandera« o «La hermana de la luz». «Le iba tan bien el negocio que hizo que su marido, Jesús Fernández Pina, abandonase su trabajo y se dedicase a vigilar la sala de espera que tenían habilitada en la parte baja de la vivienda. Además le llevaba la agenda y cobraba a la gente que llegaba a la consulta. Pero Rosa no era una excepción, realmente a casi todos los curanderos de Almansa les iba bien», añade. A nivel personal a esta sanadora tampoco le iba mal, pues contaba con una hija de 11 años (la pequeña Rosita) que, como se puede ver en las fotografías de la época, derrochaba belleza y alegría.

Dejando a un lado la importancia de los billetes, son muchos los investigadores que consideran que Rosa creía realmente que había sido tocada por el dedo de Dios y que tenía poderes. Uno de ellos es el periodista especializado en sucesos Francisco Pérez Caballero quien, en su obra «Dossier Negro», es partidario de ello: «Rosa engatusaba a sus clientes con verborrea y dudosas promesas. […] Pero Rosa creía realmente que tenía poderes. Y cada vez se sentía capaz de logros mayores». Blanco, por su parte, afirma que la curandera conocía verdaderamente las propiedades de muchas plantas que ayudaban a paliar dolores del cuerpo humano, algo que pudo hacer que -efectivamente- se fuese creyendo cada vez más sus propias mentiras.

De pareja... a orgía

Dinero, familia y una clientela fiel. Todo parecía ser perfecto en la vida de Rosa. Pero, como se suele decir, la felicidad es efímera. Los nuevos tiempos trajeron consigo algunos cambios en el mundo del santerismo, y uno de ellos afectaba directamente a nuestra protagonista. «En España empezó a correr un rumor que afirmaba que los mejores curanderos eran los que trabajaban en parejas de hermanos», señala Blanco a ABC. Deseosa de llenar su calcetín hasta los topes (o que este no perdiera ni un céntimo), Fito decidió entonces engatusar a su hermana menor, Ana, para que formase con ella un curioso tándem de la mentira. «La acompañaba en sesiones de sanación. No hacía nada, pero le daba mucho prestigio», añade el experto.

A la par que Ana se juntaba con su hermana para hacer estas sesiones, Rosa decidió unir al equipo a una nueva integrante. «Cuando llegué a Almansa enviado por “El Caso” me enteré de que Rosa era lesbiana y mantenía una relación sentimental con Mari Ángeles Rodríguez Espinilla. Esta era una vecina suya a la cual, normalmente, también invitaba a las sesiones de curanderismo. Por un motivo que desconozco Rosa llegó a la conclusión de que la mejor forma de que prosperara el negocio era haciendo que en las sesiones de sanación estuviesen presentes dos parejas de hermanas. Por ello, ofreció a Mari Ángeles formar parte de su negocio. Esta llamó a su hermana, María Mercedes, para que se desplazase hasta Almansa y, entre las cuatro, mantener una consulta de curanderismo», destaca Blanco.

Imágenes de la fallecida, publicadas en ABC © ABC Imágenes de la fallecida, publicadas en ABC

Pero... ¿Quién era Mari Ángeles y cómo la había conocido? En palabras de Pérez Caballero, esta mujer era una seguidora de Rosa que sentía tanta fascinación por ella como para olvidarse de su marido y sus dos hijos pequeños. De hecho, este periodista especializado en sucesos afirma en su obra que la curandera logró influir tanto en ella como para convertirla en otra persona. «Su marido, Martín, se quejaba amargamente de que aquella especie de sacerdotisa la tenía absorbida. Y así era. Había terminado por convencerla de que su esposo estaba poseído por el mal. Así que apenas hablaban y, por supuesto, no mantenían relaciones sexuales», determina el autor en su obra.

Pero el plan no se detuvo en este punto. Como Rosa mantenía una relación homosexual secreta con Marí Ángeles, se propuso también lograr que Ana y Mercedes hiciesen lo mismo. «El objetivo de Rosa era presentar a ambas. Tras desplazarse María Mercedes a Almansa, el sábado día 15 de septiembre salieron las cuatro a cenar. Cuando regresaron, Rosa dijo que no se encontraba bien. Al final todos se fueron a casa de Mari Ángeles», añade el periodista a ABC. Una vez que cerraron la puerta de la vivienda comenzaron un viaje hacia una orgía satánica que no tendría marcha atrás y que acabaría con la pequeña Rosita bajo tierra.

Noches de drogas y sexo

Esa noche, según explica Blanco a este diario, las cuatro se dedicaron a tomar sustancias psicotrópicas recogidas por la misma curandera. «Uno de los conocimientos de Rosa era saber las propiedades de diferentes hierbas que se dedicaba a recolectar en el campo. Estas las usaba para hacer brebajes que daba a sus pacientes o dar masajes y, en su caso, para entrar en un trance psicótico», explica el experto. Con la caída del sol, este curioso cuarteto tomó drogas que trastornaron especialmente a Ana y Mercedes y Rosa y Mari Ángeles dieron rienda suelta a sus más bajos instintos. Todo ello, aderezado por las palabras de la curandera, que empezó a decir con voz grave que el mismísimo San Jerónimo utilizaba sus cuerdas vocales para hablar al grupo.

«Aquella noche Rosa se acostó con su amante. Además, invitó a sus dos acompañantes a que miraran», destaca el antiguo director de «El Caso». A la mañana siguiente, después de esta orgía de tintes religiosos y con las primeras luces del alba, la curandera y su amante abandonaron la casa. «Rosa y su amante desaparecieron. Tal y como me dijeron luego las personas que las conocían, se fueron a recolectar hojas de beleño. Su objetivo era seguir drogándose en los siguientes días. Buscaban impedir que sus dos hermanas pudieran dormir o descansar para generarles un trastorno disociativo que las hiciera acostarse juntas y unirse a la consulta en último término», completa el criminólogo. Tras el paseo, las cuatro se reunieron de nuevo en la vivienda, donde la santera y su amante llegaron a decir que eran Jesucrito y la Virgen María y que iban a casarse.

Aunque Ana se marchó, asustada por lo vivido, Blanco explica que las jornadas siguientes se desarrollaron en una orgía interminable entre Rosa, Marí Ángeles y Mercedes. Días y noches de sexo en los que orinaron y defecaron sobre la misma cama en la que mantuvieron relaciones. Además, y según señalaron las autoridades a «El Caso», destrozaron todos los muebles de la casa, rompieron los espejos, caminaron descalzas sobre los cristales rotos, se revolcaron por los suelos, orinaron en la cama, vomitaron y se echaron por encima todos los frascos de colonia y jabón que encontraron en el cuarto de baño.

Además, la droga y el afán religioso acabaron llevando a Rosa y a Mari Ángeles a tener alucinaciones y a creer que eran las enviadas del Señor en la Tierra. «En ese estado afirmaron que tenían el puñal de Dios dentro de su cuerpo y que tenían que liberar al resto del mundo del mal. Llevadas por ese estado cogieron a los dos hijos de Mari Ángeles y les metieron los dedos en la garganta hasta hacerles sangrar por el esófago. Decían que querían liberarles del maligno porque lo tenían en su interior. Por suerte, estos niños pudieron escapar de aquella locura gracias a que su padre, Martín Toledo (de 28 años) entró en la casa para liberarles y sacarles de allí. Para su desgracia, el hombre no logró hacer que su mujer abandonara aquella orgía», añade Blanco.

La muerte de Rosita

El 18 de septiembre, tres días después de haber iniciado aquella orgía y ya en un estado totalmente deplorable, sucedió algo que lo cambió todo: Mari Ángeles tuvo la menstruación y empezó a sangrar. «Rosa, que apenas había dormido consideró entonces que su amada había sido dominada por un demonio que trataba de poseerla y, para tratar de extraer al diablo, comenzó a darle patadas y puñetazos en el vientre», señala el antiguo director de «El Caso». ¿Cúal fue la respuesta de la víctima? Para detener aquella paliza, decidió culpar a Rosita. Así pues, comenzó a gritar: «¡La niña está embarazada del diablo!». En ese instante, la madre cambió de objetivo, ordenó a sus dos acompañantes que sujetaran a la pequeña y decidió extraerle a Satán del interior por las bravas.

Su método fue sumamente dantesco. Y es que, le introdujo dos dedos por el recto (algunas fuentes señalan que la vagina) y empezó a arrancarle las entrañas. «Le metió el puño entero por el ano. Según comentaron el el juicio, la niña solo decía “Mamá acaba pronto”. La madre comenzó a gritar “Gloria a Dios” y “Sal cabrón”: La niña se desmayó a los pocos minutos. Cuando Rosa se sintió agotada de sacar las vísceras, le pidió a su amante que continuara haciéndolo. Los testigos recuerdan que, cada vez que salía un trozo de víscera del interior de la niña, gritaban “Otro demonio, hemos sacado otro. Esto no se acaba”», determina el experto

Ana, la tía de la víctima. © ABC Ana, la tía de la víctima.

Por su parte, Pérez Caballero es partidario de que, al poco tiempo, el trío empezó a bailar alrededor del cadáver. Blanco sigue narrando la escena en base a los testimonios escuchados en el juicio: «Una vez muerta, Rosa continuó sacándole todas las vísceras, incluídos todos los intestinos, hasta completar casi todos los órganos. Las únicas vísceras que los forenses encotnraron fueron tres. A decir de los entrevistado, el ritual macabro duró 25 minutos». Aquella macabra orgía duró hasta las nueve de la mañanaa del día siguiente, cuando el marido de Rosa logró acceder a la habitación junto a Ana. En ese momento las tres se abalazaron sobre la mujer que se había marchado. Entendían, según dijeron, que si le sacaban los ojos y tocaban con ellos a la niña, resucitaría. Por suerte, la hermana de la curandera logró escapar, aunque tuvo que ser hospitalizada.

Posteriormente llegó la Policía Municipal, que no dio crédito a lo que vio. «En la casa había gran número de figuras religiosas, algunas de madera. Todas acabaron rotas y desparramadas. Manchadas con sangre, restos de vómitos, de orines... Tenían una gran cantidad de estampitas que partieron en trozos minúsculos. Algunos cuadros con las imágenes del sagrado corazón estaban partidos en el suelo... La escena era dantesca. Fue algo brutal que es a día de hoy difícil de entender. Uno de los policías que entró me dijo que se encontraron trozos de vísceras y órganos mezclados con trozos de figuras, orines, heces y vómito. Encontrarse todo eso revolvió el estómago de todos ellos», añade Blanco.

Tras ser detenidas, interrogadas y juzgadas, la Audiencia de Albacete dictó sentencia. En primer lugar, se estableció que no podía ser probado que María Mercedes hubiese participado directamente en la muerte de la pequeña Rosita. Quedó en libertad. Por su parte, Rosa y Mari Ángeles fueron declaradas no responsables legalmente de los hechos por sufrir un trastorno mental. Así pues, evitaron la cárcel. La opinión de Blanco es sumamente diferente: «Ninguna de las tres mujeres tenía enfermedad mental alguna diagnosticada antes de los hechos. Por ello, afirmar que tuvieron un brote psicótico que las afectó a las tres a la vez y les hizo perder la memoria es algo imposible.. Además, defiendo que la idea del exorcismo fue una excusa que les salió muy bien. Al final las tres fueron absueltas y están en la calle desde hace años. Han podido reemprender su vida».

Seis preguntas a Juan Ignacio Blanco

1 - ¿Por qué cree que se usó el exorcismo cómo excusa?

La teoría oficial es la del exorcismo. En España por entonces se habían producido varios crímenes satánicos. Era una época en la que también estaba de moda romper tumbas y poner cruces boac abajo... Se publicaron infinidad de artículos afirmando que satán se había adueñado de España... Se puso de moda el satanismo y lo que se conoció como el exorcismo de Almansa vino a ser la guinda de aquel macabro pastel.

2 - ¿Qué pasó con las mujeres tras el juicio?

Al final fueron consideradas inimputables. El 4 de febrero de 1992 el tribunal entendió que Rosa y Mari Ángeles estaban enajenadas mentalmente y no podían ser juzgadas. Se las recluyó durante algún tiempo en una clínica de salud mental de la que no podían salir si no tenían permiso del tribunal. Se les aplicó la eximente completa por enajenación mental. Es decir, que se afirmaba que eran enfermas mentales antes del suceso. Rosa estuvo cuatro años y medio internada en un hospital psiquiátrico peniteniario. Mari Ángeles estuvo poco más de un año. En el caso de María Mercedes, fue absuelta porque no quedó probadao que participara en el asesinato. Del delito de lesiones contra Ana se libró alegando trastorno mental transitorio. No llegó a pisar un psiquiátrico.

3 - ¿Interpretaron muy bien una historia inventada?

Les pasó es lo que pasa en las obras de teatro. En ellas, los actores se meten tanto en el papel de sus personajes que acaban interpretándoles como si fueran ellos. Aunque saben que es mentira. Ellas mantuvieron que no recordaban nada.

4 - ¿Cómo pudo matar a su hija?

A ella le sobraba su hija. Había tomado la decisión de divorciarse e irse a vivir con su amante. Era una mujer que se casó embarazada y nunca tuvo un instinto maternal fuerte. Parecía claro que la hija molestaba. Le impedía empezar una nueva vida con su amante.

5 - Entonces... ¿La finalidad no era hacer un exorcismo?

La finalidad no era hacer un exorcismo. Era convencer a sus hermanas para que mantuvieran relaciones íntimas entre ellas. Así formarían un cuarteto de hermanas que les permitiría ganar mucho más dinero. Pero las hermanas no querían mantener relaciones lésbicas. Eso produjo un estado de frustración tal que, sumado a las sustancias que tomaron y a la falta de sueño, hizo que cargaran contra la persona más débil que había allí. Además, así acaban con alguien que les molestaba.

6-Parece asombroso que hubiera 350 curanderos en Almansa que pudiesen vivir de su profesión

Ahora mismo hay más de 350 en Almansa. Estar en 2016 no hace cambiar esto. Desgraciadamente en las zonas rurales se sigue manteniendo el curanderismo y tiene una aceptación muy importante. Son personas cultas que tienen una tradición oral, que conocen las propiedades de determinadas plantas y sustancias, el cuerpo humano, saben de huesos, músculos... No son meramente charlatanes, saben por donde atacar. Tienen una clientela importante y, en contra de lo que podríamos pensar, hay cada vez más, y no cada vez menos.

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