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El futuro da mucho miedo (también en televisión)

Logotipo de El Mundo El Mundo 25/09/2017 Fátima Elidrissi
© Proporcionado por elmundo.es

La

ciencia

ficción conquistó la

televisión

estadounidense en los 60, una época cargada de optimismo en la que la llegada del hombre a la Luna parecía augurar un futuro de paz. El título fundacional del género fue Star Trek, donde humanos y alienígenas convivían en armonía llevando a los confines de la galaxia un mensaje de tolerancia y cooperación.

Cinco décadas después, las aventuras interestelares han dejado paso a visiones más apocalípticas del futuro, reflejo de los temores de una sociedad atenazada por la restricción de derechos civiles, la subordinación del individuo a la seguridad nacional o el uso irreflexivo de la tecnología.

Westworld es un buen ejemplo de este cambio de paradigma. En la serie de HBO, basada en la película homónima de 1973 escrita por Michael Crichton, el no va más del entretenimiento es un parque de atracciones hiperrealista ambientado en el Salvaje Oeste y habitado por robots de aspecto similar al de los humanos. Diseñados para satisfacer cualquier deseo, los visitantes pueden disponer de estos androides a su antojo sin temer las consecuencias. Hasta que los guionistas Jonathan Nolan y Lisa Joy dotan de conciencia a estos maniquíes... y surgen los problemas.

«La ciencia ficción te permite unas alegorías que en una serie realista no podrías hacer», afirma Marina Such, periodista y autora del libro Guía del seriéfilo galáctico. «En Westworld pueden tocar temas como la violencia contra las mujeres o el trato a personas que son diferentes a ti: juegan con esa idea del otro y cómo deshumanizarlo, aunque se parezca a ti, te da la excusa para maltratarlo porque no es una persona».

Del lado de los robots se sitúa también Humans, adaptación de la serie sueca Real Humans donde los synths son igualmente esclavizados. Si la primera temporada de este drama de AMC abordó su inevitable despertar, la segunda entrega exploró las posibilidades y las limitaciones de sus relaciones con los humanos, si merecen los mismos derechos y qué es, en definitiva, la conciencia.

Entre las ucronías y las distopías, desarrollos históricos alternativos y sobrecogedoras sociedades futuras cuestionan las certezas del espectador del presente. Con The Man In the High Castle, adaptación de la novela de Philip K. Dick El hombre en el castillo, Amazon explora qué habría pasado si Alemania y Japón hubieran ganado la II Guerra Mundial. La historia está ambientada en los años 60 en EEUU, territorio ocupado ahora por las fuerzas del Eje. Y aunque la resistencia trata de acabar con el orden establecido, la mayoría de la población asume el sistema como propio. «Lo más interesante que plantea es la normalización de una cosa excepcional: que los nazis ganen la guerra y ocupen el país o que el hospital local queme todos los martes a los tullidos y enfermos terminales», apunta Such.

Algo parecido ocurre en The Handmaid's Tale, turbador drama de Hulu inspirado en la novela de Margaret Atwood El cuento de la criada. La historia se sitúa en la república de Gilead, un régimen totalitario y misógino de inspiración cristiana instaurado en lo que otro tiempo fueron los EEUU y donde las mujeres fértiles son esclavas sexuales al servicio del Estado. En palabras de Such: «Es un caso muy curioso, porque el libro se publica en 1985 pero la serie se estrena cuando Donald Trump es presidente estadounidense y cuando ya ha habido unos años de ascenso de la Alt-Right, que es como la extrema derecha local, y se empiezan a plantear temas como reformar el acceso a la Sanidad o modificar la ley del aborto». Lo más inquietante quizá sea ver cómo se fue gestando, de manera silenciosa, ese mundo, hasta entonces tan parecido al nuestro, con las excusas del terrorismo, la baja natalidad, la supervivencia o la seguridad nacional.

Después del 11-S una preocupación transversal a muchas de estas series es, precisamente, la hipervigilancia de los Estados, la posible limitación de los derechos civiles y el control social. Desde diferentes puntos de vista, estos temas se pueden observar en Person of Interest, The Leftovers, Fringe, Mr. Robot, Orphan Black o Black Mirror, serie de culto digna de mención aparte.

En cada uno de sus episodios, aborda la influencia de la tecnología en nuestras vidas, determinadas por los espejos negros del título: las pantallas. De este modo, la inteligencia artificial, la realidad virtual o los implantes de microchips ponen sobre la mesa cuestiones como la aprobación en las redes sociales, la extorsión cibernética, la obsesión por la felicidad y el disfrute inmediato o la espectacularización de la violencia. Porque la verdadera amenaza en esta ficción suele ser el propio hombre.

Aunque el proyecto más polémico es Confederate. Primero, porque será la próxima serie de los creadores de Juego de tronos, David Benioff y D.B. Weiss; segundo, porque narra un presente alternativo donde los Estados del sur o Confederados consiguen independizarse de los del norte tras la Guerra de Secesión (como consecuencia, surge un país donde la esclavitud es legal y ha evolucionado hasta convertirse en una institución moderna); tercero, porque nada más anunciarse el proyecto los críticos exigieron su cancelación alegando que no quieren ver una serie que explore la esclavitud de ningún modo; y cuarto, porque HBO respondió pidiendo paciencia: la serie sigue adelante. Veremos si la discusión racial está superada o no.

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