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El Gobierno acelera las gestiones para que el Rey Juan Carlos esté aforado antes de un mes

El Mundo El Mundo 06/06/2014 MARISA CRUZ

El Gobierno confirmó este viernes a través de la vicepresidenta Sáenz de Santamaría que «está trabajando» en la regulación del aforamiento de para evitar que pase de la inviolabilidad de la que ha gozado durante todo su reinado, a quedar a la intemperie ante cualquier tipo de querella, una vez que el día 18 se haga efectiva la abdicación y su hijo, Felipe VI, ocupe el trono.

En cualquier caso, pese a la celeridad que ahora se imprime al proceso, Don Juan Carlos carecerá de todo tipo de blindaje como mínimo durante el mes que puede durar la tramitación de la nueva regulación. La fórmula que se utilizará para recoger su aforamiento será la de ley orgánica, que puede presentarse por dos vías: en forma de proyecto de ley, en cuyo caso la iniciativa parte del propio Ejecutivo, o en forma de proposición de ley, partiendo del grupo parlamentario que sostiene al Gobierno.

Este viernes, la vicepresidenta, pese a afirmar que el Ejecutivo tiene «perfectamente elaborado lo importante» sobre este asunto, evitó señalar una fecha concreta de presentación del proyecto que, según fuentes jurídicas, no supone grandes complicaciones.

El único problema que surge en torno a esta cuestión se refiere a los plazos. Puesto que el aforamiento no puede ser aprobado por decreto, habrá que cumplir con los trámites que el Reglamento del Congreso establece para las leyes orgánicas. Fuentes parlamentarias destacan la dificultad de calcular con precisión el tiempo que podría demorarse la iniciativa a la que, a buen seguro, se le imprimirá la máxima urgencia. El cálculo estimativo se sitúa en torno a un mes.

Las mismas fuentes explican que para conseguir la máxima celeridad lo más apropiado sería la fórmula de la proposición de ley por parte del Grupo Popular. Por esta vía sería incluso posible sortear el trámite de consulta preceptiva a los órganos constitucionales y de esta forma acortar el tiempo de tramitación.

La Mesa del Congreso, una vez oída la Junta de Portavoces, propondría al Pleno de la Cámara que acuerde su tramitación directamente y en lectura única. La aprobación de un proyecto o proposición de ley orgánica requiere el respaldo de la mayoría absoluta en una votación final sobre el conjunto del texto.

Abdicación y proclamación, por separado

En las actuales circunstancias, sin embargo, los tiempos podrían alargarse a la vista de que la semana entrante el pleno se centrará precisamente en la aprobación del proyecto de Ley Orgánica de Abdicación y, en la siguiente, se producirá la sesión extraordinaria y conjunta del Congreso y del Senado para el acto de proclamación del nuevo Rey.

El aforamiento de Don Juan Carlos no suscitaría ningún problema porque contaría no sólo con el respaldo del Grupo Popular, sino también con el del Grupo Socialista, pero hay que tener en cuenta que el mes de julio es inhábil parlamentariamente, aunque en los últimos años se ha impuesto la costumbre de celebrar en el mismo un par de plenos extraordinarios.

La vicepresidenta del Gobierno minimizó la importancia de que Don Juan Carlos quede judicialmente desprotegido durante varias semanas con el argumento de que «deja de ser inviolable a futuro, pero eso no implica recuperar la responsabilidad por los hechos cometidos en el ejercicio de su cargo».

Santamaría apuntó también que la «reflexión» sobre el «vacío legal» en la condición jurídica de algunos de los miembros de la Familia Real ya la hizo el Gobierno el pasado mes de abril, cuando decidió incluir en el anteproyecto de reforma de la ley del Poder Judicial el aforamiento de la Reina y del Príncipe de Asturias. Pese a ello, en dicho texto no se recogió el del Rey en caso de abdicación.

El aforamiento no es ni mucho menos un blindaje similar al de la inimputabilidad; implica únicamente que la instancia apropiada para juzgar a quien cuenta con fuero es el Tribunal Supremo.

'Reflexión y discreción'

La vicepresidenta, preguntada tras la reunión del Consejo de Ministros insistentemente por los asuntos relacionados con la abdicación del Rey, se limitó a señalar que la decisión adoptada por Don Juan Carlos ha sido «muy meditada» y que el Gobierno ha apoyado el proceso «manteniendo a partes iguales reflexión y discreción».

Tampoco proporcionó detalles acerca del protocolo que se seguirá en la sesión de proclamación de Felipe VI el próximo día 19: «Estamos para ayudar, para reflexionar con discreción y no voy a hacer anuncios que no me corresponden».

Fuentes de Zarzuela sí precisaron que las tres instituciones afectadas -Casa del Rey, Congreso de los Diputados y Presidencia del Gobierno- analizan desde hace varios días todos los detalles de las ceremonias de la proclamación del Rey Juan Carlos en 1975 y del juramento de la Constitución del Príncipe de Asturias en 1986.

Además de los actos de proclamación y de la articulación legal del aforamiento, el Gobierno prepara el real decreto en el que deberá recogerse el tratamiento que se dispensará al Rey Juan Carlos y a la Reina Sofía una vez que dejen de ser monarcas. Este asunto tiene menor trascendencia y, según fuentes de La Moncloa, será regulado en las próximas semanas.

Más reformas

Pese a todos estos asuntos que centran ahora la atención pública, la número dos del Ejecutivo recalcó que el proceso de abdicación no alterará la agenda de reformas. Así, el Consejo de Ministros aprobó el Plan de Medidas para el Crecimiento, la Competitividad y la Eficiencia y está previsto que el próximo viernes, día 13, o a más tardar el día 20, se presente el plan de la próxima reforma fiscal.

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Mientras, el todavía Príncipe de Asturias cumplió, rodeado de expectación, con uno de sus últimos actos como tal. El futuro Rey de España, que en los últimos días está desplegando una intensa actividad, defendió en un encuentro europeo sobre pymes organizado por la Comisión Europea y el Gobierno español que se conceda una «nueva oportunidad» a los empresarios que en una primera tentativa han fracasado en su negocio, siempre que hayan tenido una «conducta recta y honesta».

«Los datos nos demuestran que los empresarios que reinician su actividad tras una primera experiencia no exitosa corrigen y crecen sobre sus errores, abordando con mejores expectativas la siguiente o siguientes intentos», insistió Don Felipe, que instó a interpretar los primeros fracasos empresariales como una «oportunidad para aprender».

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