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El gran ego xenófobo de los Clippers

EL PAÍS EL PAÍS 03/05/2014 Robert Álvarez
Donald Sterling, a pie de cancha en un partido que enfrentaba a los Clippers con los Lakers en febrero de 2011. © noah graham -afp- Donald Sterling, a pie de cancha en un partido que enfrentaba a los Clippers con los Lakers en febrero de 2011.

“Me gusta la gente triunfadora”, deslizó Donald Sterling en una de sus contadas comparecencias ante la prensa californiana. El triunfo es el motor vital del magnate inmobiliario y propietario de los Clippers de Los Ángeles. Carl Douglas, un abogado que trabajó en uno de sus numerosos pleitos laborales, dice: “Tiene un ego del tamaño del Gran Cañón”. Hasta la semana pasada, prácticamente hasta el sábado, que cumplía 80 años, Sterling podía pasearse por Beverly Hills y sentarse en el Staples Center de Los Ángeles con el gesto soberano y la sonrisa magnánima de un poderoso empresario que figura en la lista de las mil personas más ricas del globo, con una fortuna estimada en 1.900 millones de dólares.

Nadie le ha tocado un céntimo, sus propiedades inmobiliarias desparramadas por las exclusivas zonas de Beverly Hills y la costa del Pacífico son incontables, y legalmente sigue siendo el propietario de los Clippers. Pero de repente se ha visto sepultado en la ruina social. La razón de su caída en desgracia es la grabación de una conversación telefónica con su novia, la mexicana Vanessa Stiviano, un compendio de exabruptos racistas. “Me molesta mucho que difundas que te estás relacionando con gente negra. Puedes dormir con ellos. Puedes traerlos aquí. Puedes hacer lo que quieras. Lo poco que te pido es que no lo promociones, que no los lleves a mis partidos, que no los traigas al pabellón. No pongas a Magic [Johnson] ahí, en Instagram, para que el mundo lo tenga que ver y luego tengan que llamarme. Y no le traigas a mis partidos. ¿Por qué te haces fotos con minorías?”, le dijo Sterling a Stiviano.

Eran de sobra conocidos sus desatinos. Le habían costado varias demandas judiciales, unas por su xenofobia, otras por no cumplir sus compromisos contractuales y algunas por agresión sexual. Pero esta vez le ha caído encima el cielo entero. El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, calificó sus frases: “Son increíblemente ofensivas y racistas”. Magic Johnson, LeBron James, Kobe Bryant, todas las estrellas y legendarios jugadores de la NBA expresaron su indignación con Sterling.

Después de que el pasado miércoles la NBA lo sancionara de por vida y le impusiera la máxima multa permitida —2,5 millones de dólares (1,8 millones de euros)—, continuó el goteo de descalificaciones. “Habla con la mentalidad de un capataz de una plantación de esclavos en el siglo XXI. Simplemente, no encaja”, opinó la conocida presentadora de televisión Oprah Winfrey. “Soy seguidor de los Clippers. Estoy completamente de acuerdo con la decisión de Adam Silver [abogado y comisionado de la NBA]. No iba a dejar que mis hijos fueran a los partidos, pero ahora sí podrán ir. Conozco a Donald Sterling. Resulta embarazoso. Admiro a su esposa y merece lo mejor. Fue una gran decisión para la Liga y para la sociedad. Fue un día histórico. Go Clippers!”, sintetizó el periodista y escritor Larry King.

Donald Sterling no se llamaba Donald Sterling, sino Donald Tokowitz. Hijo de emigrantes europeos de origen judio, nació en Chicago en 1933. Su padre, Mickey, trabajaba como comerciante. Cuando él tenía dos años, la familia se trasladó a Boyle Heights, un barrio de clase obrera de Los Ángeles. Fue elegido presidente de la clase de su instituto y destacó por llegar a las finales de gimnasia en una competición nacional. Estudió en escuelas públicas y se pagó sus clases de Derecho con lo que ganaba como empleado en unos grandes almacenes de muebles. Se casó con Shelly, la hija del propietario. Tuvo tres hijos, aunque uno de ellos, Chris, fue encontrado muerto cuando tenía 32 años, aparentemente a causa de una sobredosis.

Hoy por hoy Shelly Sterling está al corriente de que Vanessa Stiviano es la amante de su esposo. Ella la califica de “cazafortunas” y en marzo de 2012 le presentó una demanda para que devolviera los regalos que le hizo, entre otros, un apartamento en el centro de Los Ángeles, una elevada cantidad económica y varios coches. Según algunos medios estadounidenses, Donald y su esposa mantienen una relación de amistad y conveniencia, y no se han separado debido a los costes que ello les supondría a ambos. Hay que tener en cuenta que su esposa es copropietaria de varias de las empresas creadas por su marido.

El magnate inició su carrera en 1961. Se estableció como abogado independiente especializado en delitos de lesiones y en divorcios. Asegura haber trabajado en 10.000 casos. Invirtió sus ganancias en bienes inmuebles, la mayoría entre Beverly Hills y la zona costera de Los Ángeles.

En 1970 conoció a Jerry Buss, también inversor inmobiliario, el hombre que en mayo de 1979 adquirió los Lakers. Sterling financió parte de la suma que tuvo que desembolsar Buss. Los Clippers, radicados entonces en San Diego, también se pusieron a la venta. Buss sugirió a Sterling que comprara los Clippers. Le hizo caso y en 1981 pagó 12,7 millones de dólares (9,1 millones de euros).

Tras la primera victoria del equipo, saltó a la cancha a abrazarse con los jugadores y con el entrenador, Paul Silas. Ya entonces empezó a hacer gala de sus excentricidades. En la siguiente temporada nombró mánager general a una exmodelo llamada Patricia Simmons y la instaló en el despacho de Silas mientras el entrenador estaba de viaje en China. En San Diego empezó a utilizar su táctica de ahorro y el equipo estuvo a punto de no comparecer en algún partido debido a que solo contaba con siete jugadores.

En 1984, de modo repentino y sin seguir el protocolo de la Liga, trasladó el equipo a Los Ángeles. La NBA le sancionó con 25 millones dólares. Él respondió con otra demanda por 100 millones y la Liga recortó la sanción a seis.

Dos equipos de Los Ángeles. Los Lakers acaparaban el glamour, el dinero, la fama, el carisma, la atención de las celebridades, y los mejores jugadores querían jugar con su camiseta. Los Clippers eran sinónimo de equipo perdedor, problemático, caótico, sin atractivo para los jugadores.

Pese a sus malos resultados, los Clippers ingresaban el mismo dinero del reparto televisivo, por lo que el negocio era redondo para Sterling: arriesgaba poco y ganaba mucho. The New York Times y Forbes lo calificaron como el peor propietario de una franquicia de la NBA.

En 2011, tras años de fichajes previos, los Clippers se metían en los playoffs, algo que solo habían conseguido en una ocasión desde 1997, y en los que ahora llevan tres años. Este año han sido tasados en 575 millones de dólares (414 millones de euros) según Forbes, en el puesto número 13 de la NBA. Su popularidad aumenta y ocupan el quinto puesto en las audiencias televisivas.

La mansión de Sterling en Beverly Hills perteneció a Cary Grant. Demostró su megalomanía al rebautizar como Sterling Plaza el edificio art déco en el que estableció sus oficinas. Eso ha sido miembro del Partido Republicano desde 1998, pero también ha contribuido a las campañas de al menos tres candidatos demócratas, entre ellos el exjugador de los Knicks Bill Bradley. Afrontó numerosos cargos por discriminación racial en sus empresas y fue demandado por acoso sexual. En 2006, el Departamento de Justicia de Estados Unidos lo demandó por discriminación racial en el alquiler de sus propiedades. “Los inquilinos negros huelen y atraen a los bichos”, dijo Sterling, según la acusación. En 2009 tuvo que pagar 2,7 millones de dólares para librarse de las acusaciones de discriminación sistemática de latinos y afroamericanos. Ese mismo año fue demandado por el director deportivo de los Clippers, el exjugador negro Elgin Baylor, que lo acusó por segregarle por su edad y su raza.

“Puede convencerte de cualquier cosa. Posee un entusiasmo, una sonrisa contagiosa y una propensión a abrazar y masajear los hombros de la gente”, explicó el periodista de ESPN Magazine Peter Keating. Un abogado que le conoce sentencia: “Quiere desesperadamente que la gente crea que es una buena persona”. Realiza contribuciones caritativas, pero uno de sus agentes asegura que no extiende ningún cheque sin obtener retorno.

Ahora, tras el episodio de sus grabaciones, la NAACP, una de las principales asociaciones de defensa de los derechos civiles en Estados Unidos, ha anunciado que desposee a Sterling del premio que le había concedido por el conjunto de sus logros y aportaciones. La organización también planea devolver las donaciones efectuadas, que según explicó uno de sus directivos “es una insignificante cantidad económica”.

“Es el precio personal, económico y social que el señor Sterling debe pagar por su intento de retrasar el reloj en las relaciones raciales”, sentencia Leon Jenkins, presidente de la NAACP de Los Ángeles, que ha dimitido a raíz del escándalo. Un directivo de los Clippers resume a la perfección lo ocurrido con Sterling: “No estoy sorprendido porque Donald se haya estrellado, estoy sorprendido porque no se estrellara antes”.

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