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El gran reto de este siglo es la contaminación atmosférica

Cinco Días Cinco Días 10/06/2014 Manuel González Pascual

El director del Instituto Superior del Medio Ambiente (ISM), Santiago Molina, es biólogo y su ámbito de especialización es la gestión ambiental. En la actualidad, su principal actividad se centra en la Dirección de Formación del ISM. Será uno de los ponentes que participen en el espacio de conferencias del Foro de Soluciones Medioambientales Sostenibles.

Pregunta. ¿Hasta qué punto se están organizando las ciudades con criterios medioambientales?

Respuesta. Se están dando muchos pasos. Por primera vez se empieza a pensar en el criterio de sostenibilidad a la hora de diseñar las ciudades que queremos para el futuro. Se está apostando mucho por el concepto de smart city, es decir, por el ahorro energético de la mano de las nuevas tecnologías. En mi opinión, no existe la ciudad sostenible: el simple hecho de que estemos concentrando toda la población en un determinado núcleo, con todas las necesidades logísticas que eso conlleva, impide que se llegue a la sostenibilidad.

P. ¿Cuáles son las grandes carencias de las ciudades en materia medioambiental?

R. Una ciudad genera residuos, así que hay que asegurarse de que se gestionen de forma óptima y de que sea la más adecuada. Más allá de eso, el gran reto del siglo XXI es la gestión del transporte y la contaminación atmosférica asociada.

P. ¿Cree que la gestión de residuos es la adecuada? ¿En qué aspectos se puede mejorar?

R. Para ser justos, hay que decir que la gestión de residuos urbanos se está conduciendo bien. Creo que detrás hay un motor político: los ciudadanos nos sentimos infinitamente más cómodos cuando nos recogen la basura sin problemas. Es muy indicativo que en cuanto aparece una problemática, como una huelga, en muy pocos días se genera mucha repercusión y se suele solucionar con celeridad. En cuanto a otros tipos de desechos, como el tratamiento de residuos peligrosos o industriales, todavía hay mucho que avanzar. Falta concienciación sobre el uso de los puntos limpios. Aceites usados, neumáticos, aparatos eléctricos, lámparas, etcétera. Todos estos sistemas integrados de gestión están encima de la mesa y en activo, pero su existencia no está llegando a los ciudadanos.

P. ¿Los ajustes presupuestarios a los que se ven sometidas muchas de las empresas que prestan servicios urbanos han perjudicado la calidad de la gestión de residuos?

R. En términos generales, no. En el sector de los residuos ha pasado lo mismo que en casi todas las industrias: ha habido que redoblar esfuerzos y ajustarse el cinturón. Sí es cierto que los presupuestos son más estrechos, y eso puede afectar a que el mantenimiento de la maquinaria no sea tan frecuente como antes o que el número de barredoras o camiones que transitan las calles sea menor que hace cinco años. Pero también podemos decir que hoy se están gestionando mejor los residuos y que estamos produciendo un poquito menos de toneladas que hace tres o cuatro años.

P. ¿En España se recicla, comparado con otros países de nuestro entorno?

R. Sí, se recicla y mucho. Pero más que presumir de lo que hacemos bien hay que centrarse en lo que nos queda por mejorar. Los datos que tenemos sobre reciclado de envases son muy dispares en función de quién facilite esa información. Se habla de entre un 40% y un 60% de recuperación, pero lo cierto es que estamos por encima de los mínimos que marcan las normativas europeas y que se están recuperando materiales en envases, en vidrio y en papel y cartón. La asignatura pendiente es trasladar este esfuerzo a otras parcelas. El número de residuos potencialmente reciclables es infinitamente mayor que considerar solo las latas, los tetrabriks y las botellas de cristal. Por ejemplo, los neumáticos, el aceite usado o las baterías de los vehículos.

P. Una de las asignaturas pendientes de España es la calidad del aire. ¿Estamos en este indicador por debajo de la media europea?

R. En las grandes ciudades sí. Madrid, que es la urbe que siempre ha estado en el punto de mira, ha superado en varias ocasiones los niveles máximos admisibles para varios componentes, y eso es consecuencia básicamente del tráfico rodado. Si hacemos un análisis global, la inmensa mayoría de ciudades está por debajo de las líneas rojas.

P. En cuanto al tratamiento de las aguas residuales, ¿nuestra gestión es la adecuada?

R. A diferencia de la contaminación atmosférica, donde mejor tratamiento se le da a las aguas residuales es en las grandes ciudades. Ello se debe sencillamente a que cuanto mayor es una urbe, más recursos tiene. El problema está en los pequeños municipios, de menos de 4.000 habitantes, para los que tener un sistema de depuración supone un gran coste. Ahí es donde hay potencial de mejora.

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