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El heredero de Alberto de Mónaco desplaza a Carolina

El Mundo El Mundo 01/06/2014 JUAN MANUEL BELLVER

Carolina de Hannover no puede evitar sentirse algo decepcionada. La noticia del embarazo de su cuñada Charlène Wittstock, anunciada este viernes oficialmente por un comunicado del Palacio Grimaldi, echa por tierra sus planes para la corona de la pequeña ciudad-Estado.

Casi tres años después de su tumultuosa boda, Alberto II de Mónaco y su esposa esperan su primer hijo. Cuando nadie confiaba ya en el milagro, la ex nadadora sudafricana se halla por fin en cinta y el feliz natalicio está previsto para finales de año. ¡Qué alivio para los principescos progenitores y qué chasco para su sobrino primogénito! Y es que el futuro retoño pasará a convertirse, automáticamente, en heredero del Principado, siendo el primero en la línea sucesoria, por delante de su tía Carolina y del hijo mayor de ésta, Andrea Casiraghi.

Como es sabido, ante la falta de herederos legítimos del Príncipe Alberto, su hermana mayor parecía destinada a sucederle en el trono de la Roca y, tras de ella, Andrea, el primogénito de su segundo matrimonio; el cual, consciente de sus posibilidades de acceder al trono, decidió casarse por la Iglesia el pasado 1 de febrero, en Gstaad (Suiza) con la heredera colombiana Tatiana Santo Domingo.

Requisito real

¿Qué tiene que ver una cosa con la otra? Muy sencillo. Para acceder al trono, la Constitución del Principado exige que el monarca esté casado por el rito católico. Así que, en previsión de posibles carambolas dinásticas, Andrea y Tatiana regularizaron su relación después de haberse esposado civilmente el pasado verano, tras siete años de noviazgo, y el nacimiento de su primer retoño, Sacha, el 21 de marzo en Londres, donde la pareja reside lejos del boato monegasco.

A aquel enlace alpino digno de un cuento de hadas, celebrado de espaldas a la prensa en la capilla dedicada a San Nicolás de Myra en el antiguo convento de Rougemont, acudió Alberto Grimaldi acompañado de su sobrina Carlota, pero no así Charlène, que tan sólo acudió a la cena con fondue de la víspera ya que tenía en Mónaco un compromiso previo de su fundación. ¿Fue la forma en que la princesa mostraba su desagrado por este enlace religioso metódicamente calculado por su cuñada por si sus planes maternales no llegaban a buen puerto? Quién sabe. El caso es que todo eso es agua pasada. Igual que los rumores de separación que han acechado a la pareja principesca.

La alegría con que los monegascos han acogido la noticia del embarazo no puede sin embargo ocultar todas las especulaciones que han rodeado a Charlène desde su llegada a la Roca, en verano de 2011: los hijos ilegítimos del Príncipe -tiene dos reconocidos, pero se rumorea que hay más-, la presunta fuga de la prometida unos días antes de la ceremonia abortada por la policía en el aeropuerto de Niza, una boda concertada ante notario con el compromiso de tener descendencia antes de tres años, la luna de miel en tierras sudafricanas con habitaciones separadas, las amantes de él y los amigos de ella... Quizás, todo eso sea una mentira que el futuro bebé real hará olvidar con su llegada.

¡Cuántas veces la prensa rosa del Hexágono no había anticipado un estado de buena esperanza de la melancólica rubia que jamás se confirmaba! Innumerables. La última, el pasado 21 de mayo, cuando durante una visita oficial de la pareja al Cantal, Charlene despertó la preocupación de su familia y sus fans. Víctima de una «fatiga súbita», la princesa tuvo que aislarse unos momentos para recuperar el buen tono. Aunque el diario regional La Montaigne quiso ver en este malestar un síntoma evidente de feliz espera, dicha teoría fue inmediatamente desmentida por Palacio. Diez días más tarde, las verdaderas razones de esta «fatiga» quedan aclaradas.

Tan sólo unos pocos amigos íntimos estaban al corriente de la buena noticia. Ella les había confiado hace meses con una enorme sonrisa que había dejado de fumar. «Nunca he querido presionarme a mí misma con el tema del embarazo», declaró Charlene en julio de 2013 al Times Weekend Magazine. «Me acabo de casar. Estoy todavía adaptándome a la vida en este palacio enorme y a las nuevas responsabilidades. Además, viajamos mucho, así que todo tomará su tiempo. No voy a agobiarme. Los niños vendrán».

A los 36 años, parece que la ex nadadora ha logrado colmar los deseos de la dinastía Grimaldi. El heredero pactado por escrito llegará presuntamente al cumplirse el plazo fijado. Eso sin duda contribuirá a unir a esta rutilante pareja de conveniencia.

Todos contentos

Si el matrimonio empezó torcido, al descubrir ella algunas infidelidades del príncipe estando ya prometidos, el inminente bebé logrará apaciguar el mal rollo que se había ido creando entre el díscolo soberano monegasco, sus vitriólicas hermanitas y la independiente sirena rubia. ¿Habrán contribuido de alguna forma a esta reconciliación los buenos oficios diplomáticos de Corinna zu Sayn-Wittgenstein, la misteriosa amiga del rey Juan Carlos, que últimamente acompaña a Charlene en todos sus actos oficiales? Nadie, en este reducto jetsetterde la Costa Azul, sabe a ciencia cierta cuál es su cometido en todo este embrollo. Pero si la princesa ha recuperado su sonrisa y está encinta, todo la Roca se alegra. Toda menos tal vez Carolina...

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