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El huracán Mbappé barre al Bayern

Logotipo de EL PAÍS EL PAÍS 28/09/2017 Diego Torres
Kylian Mbappe durante el partido entre el PSG y Bayern © Alexander Hassenstein Kylian Mbappe durante el partido entre el PSG y Bayern

Un aire de subversión baja por el valle del Sena y se arremolina entre el bosque de Boulogne y la isla de Saint Germain, en el círculo de hormigón del Parque de los Príncipes. Digan lo que digan las cuentas de los auditores del fair play financiero de la UEFA, el fenómeno ha dado vida a la Champions, competición que últimamente parece penalizar en exceso a los clubes retadores para privilegiar a un círculo cada vez más cerrado de instituciones que se retroalimentan y se enriquecen en un esquema que invariablemente frena a las demás. Nadie representa mejor ese golpe de frescura que Kylian Mbappé, futbolista destinado a marcar época, autor de otro partido descomunal para desgracia del viejo Bayern. Un partido con más fuerza simbólica que deportiva, porque enfrentó dos modos de vivir en el mundo del fútbol, y porque fue una forma de presentación. Este 27 de septiembre se confirmó la aparición de una nueva superpotencia en el paisaje del fútbol mundial.

El Bayern visitó París en mala hora. El equipo bávaro se encuentra en plena crisis de fin de ciclo tras cinco años de éxitos repetidos. El agotamiento de los veteranos es cada vez más patente. Ancelotti dio un volantazo procurando poner más energía pero fue en vano. Comenzó por elegir a Süle en lugar de Hummels, empleó a Tolisso como escolta de Thiago en el eje, y acabó por situar a James a la izquierda, en la parcela que correspondió a Ribéry. Disponer del 4-3-3 con James de falso extremo fue una decisión arriesgada. Por ahí se quebró el Bayern.

James se enfrentó a Dani Alves en el lateral, pero fue un emparejamiento únicamente nominal. En la primera jugada de la noche James se tiró al medio para jugar entre líneas, Alaba subió a la posición de extremo, y cuando el PSG recuperó la posesión Alves se quedó solo. Solo en la banda derecha de su ataque mientras Neymar sorteaba una entrada de Thiago Alcántara en el otro costado, escondía la pelota a los centrales y le ponía el pase al espacio vacío.

Fue la mejor jugada de Neymar y expuso la inmensa brecha que se abrió entre las líneas del Bayern. Sucedió en el minuto dos del partido y tuvo un efecto determinante. Alves hizo aquello que le ha convertido en una leyenda. Corrió cortando la trayectoria, engañando, y apareciendo libre. Listo para recibir, entrar en el área, y meter el primer gol. El tanto que serviría al PSG de base para edificar su plan de repliegues y contragolpes.

El Bayern nunca encontró respuestas ante la posición de desventaja. Obligado a adelantar líneas y a refinar el pase, se encontró nadando en mar abierto en una corriente fría y peligrosa. Hábitat del nuevo fenómeno del fútbol mundial. Mbappé es un muchacho de 18 años con piernas de cigüeña y cara de pensionista, que cada vez que entra en acción provoca el estremecimiento de la multitud y el desconcierto en los rivales. Cuando no tiene la pelota aparece siempre a la espalda de sus marcadores, libre y dispuesto; cuando la tiene, se frena y despega en un chispazo. Nadie posee ese poder de aceleración.

Mbappé fue incontenible en el segundo gol. La acción se inició con un contragolpe dirigido por Alves, de nuevo sumándose al mediocampo ante la desbandada del Bayern. El pase frontal encontró a Mbappé rodeado de defensas. Javi Martínez y Süle le hostigaron sin intimidarle. Hizo un par de amagues, una conducción imposible, y se giró para conectar con Cavani. El uruguayo, que llegó desde atrás, recibió el regalo solo en el borde del área y metió el 2-0.

En el Bayern todo fueron averías. Sin pausa ni velocidad, ni imaginación, ni capacidad para profundizar más que con centros, el equipo se entregó al fracaso de sus individualidades. Müller, antaño un león, cojeaba; James se movía sin fe; Lewandowski se las jugaba todas solo y Thiago se esforzaba por meter el último pase pero invariablemente acababa interceptado por Motta o Rabiot.

La segunda mitad acentuó el drama. Retirado James, sustituido por Coman, el Bayern se metió en masa en campo contrario y se expuso a las mismas amenazas. Las concretó Mbappé con una maniobra vertiginosa. Dos golpes de cadera, cuatro pasos en cinco metros, y Alaba y Süle, dos expertos, dieron la impresión de comportarse como juveniles. Engañados, liberaron al delantero antes de que sorteara al portero Ulreich y le sirviera otro caramelo a Neymar para el 3-0.

La hinchada saludó a los nuevos héroes con un grito orgulloso: Ici c'est Paris. Esto es París. Nueva capital del mejor fútbol.

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