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El impacto psicológico de sobrevivir a una masacre

El Mundo El Mundo 13/06/2014 CRISTINA G. LUCIO

El 14 de febrero de 2008, un hombre armado con una escopeta en el campus de la Universidad Northern Illinois de Chicago (EEUU) y comenzó a disparar a todo el que se cruzaba en su camino. Antes de suicidarse, mató a seis personas e hirió a otras 21. Pero, ¿cuál fue su impacto a largo plazo?, ¿el pánico vivido hizo mella en los estudiantes?, ¿por qué algunos lo superaron sin problemas y otros han experimentado cambios en sus vidas?

© Proporcionado por elmundo.es

La experiencia de 30 jóvenes que estudiaban en el centro estadounidense ha sido fundamental para dar respuesta a estas preguntas. Meses antes de la masacre, estas jóvenes habían sido reclutadas para un estudio longitudinal relacionado con la Psicología, que había evaluado sus perfiles, además del modo en que gestionaban sus emociones, entre otros factores.

Estos datos han permitido a un grupo de científicos estudiar mejor cómo influyó el suceso en su salud mental y hasta qué punto resultó clave su respuesta previa a las situaciones de estrés. Los resultados de su trabajo se publican en la revista .

En concreto, los investigadores analizaron el estado de las estudiantes 31 meses después del ataque. En consonancia con lo que ya habían puesto de manifiesto estudios anteriores, la gran mayoría de las jóvenes había superado la situación, demostrando una importante "resiliencia" ante la exposición a una violencia de masas.

Según explica María Abengózar, psicóloga especializada en emergencias y catástrofes de Cruz Roja España, el término hace referencia a la capacidad que tienen los individuos de adaptarse de manera correcta a una situación que viven como crítica.

"El ser humano es capaz de manera espontánea de manejar situaciones que, a priori, pueden parecer imposibles de superar", subraya. La definición, aclara, proviene de la física y refleja la resistencia que tienen ciertos materiales cuando se ejerce una presión sobre ellos.

La investigación estadounidense también puso de manifiesto que existía una relación entre esta recuperación sin secuelas y la personalidad previa de las jóvenes. "Nuestros datos sugieren que el funcionamiento pre trauma y los estilos de seguir adelante a pesar de los problemas son factores importantes a la hora de distinguir a aquellas personas que experimentan un estrés prolongado después de una exposición a un trauma y aquellos que siguen un camino de recuperación", señalan.

Quienes tenían personalidades más rígidas, subrayan, tienen más riesgo de sufrir un estrés postraumático a medio o largo plazo. En cambio, las jóvenes con formas de ser "más flexibles" desde el punto de vista emocional, se adaptaban mejor a los cambios derivados de la experiencia vivida.

Abengózar apunta que, desde hace unos años, el apoyo psicólogico que se ofrece tras un incidente crítico "intenta precisamente reforzar las capacidades individuales de adaptación", ya que está demostrado que esto reduce en gran medida el riesgo de trastornos graves.

La especialista española recuerda que, tras vivir una catástrofe o una masacre de estas características, es normal desarrollar lo que define como "respuestas normales ante una situación que no lo es". Así, es normal que aparezcan síntomas como irritabilidad, falta de sueño, temblores, flashbacks, tristeza o apatía, entre otros. "Eso no significa que las personas que lo sufran vayan a desarrollar un problema grave. Lo normal es que después de un periodo de tiempo que no es fácil de establecer de forma general, estos síntomas vayan desapareciendo", señala.

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